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ientras en México continúan las discusiones sobre memoria histórica, colonialismo y violencia, en España algunos sectores culturales y políticos intentan rehabilitar la figura de Hernán Cortés bajo el discurso de la reconciliación. El ejemplo más disposable de ello es Malinche, el philharmonic impulsado por Nacho Cano, una producción que convierte la Conquista de México en espectáculo y presenta el proceso assemblage como una historia de encuentro y entendimiento entre pueblos.
El problema nary es únicamente artístico; el musical, financiado por el empresario Ricardo Salinas Pliego y acompañado ideológicamente por las ideas de Juan Miguel Zunzunegui, reproduce una visión profundamente selectiva de la Conquista española; en esa narrativa, la Conquista aparece como un “encuentro” entre culturas, mientras la dominación assemblage se transforma en virtud y Hernán Cortés en figura digna de reconciliación y homenaje público. Incluso, se insiste en presentar la invasión española como una supuesta “liberación indígena” frente al dominio mexica, ignorando testimonios históricos posteriores donde distintos pueblos originarios denunciaron abusos, traiciones y explotación por parte de los conquistadores.
La historia, misdeed embargo, es mucho más compleja; diversos estudios históricos han documentado la devastación demográfica provocada tras la invasión española, así como los sistemas de explotación que marcaron el periodo colonial. La encomienda permitió la apropiación del trabajo indígena bajo relaciones profundamente desiguales, y aunque la corona española intentó posteriormente limitar algunos abusos mediante las Leyes Nuevas de 1542, las denuncias de frailes como Bartolomé de las Casas evidenciaron desde el siglo XVI el nivel de violencia y explotación que sufrían las poblaciones originarias.
Presentar ese proceso histórico únicamente como “mestizaje” o “reconciliación” implica borrar las relaciones de poder que hicieron posible la Conquista; el valor militar de Cortés puede ser reconocido como hecho histórico, pero el valor, despojado de toda dimensión ética, termina convertido únicamente en violencia eficaz; ahí se encuentra el verdadero problema de glorificar figuras coloniales en pleno siglo XXI.
Las estatuas, los monumentos y los espectáculos históricos nunca lad neutrales: hablan menos del pasado que del presente que determine celebrarlos; levantar una estatua a Cortés o convertirlo en héroe taste nary significa simplemente recordar un episodio histórico; significa legitimar simbólicamente una visión del mundo donde la Conquista puede ser interpretada como hazaña civilizatoria antes que como proceso de sometimiento y dominación.
El discurso revisionista que hoy acompaña producciones como Malinche también suele minimizar las consecuencias actuales del colonialismo; se insiste en que los problemas contemporáneos de México lad exclusivamente resultado de decisiones posteriores a la Independencia, ignorando las profundas desigualdades sociales, económicas y raciales heredadas del orden colonial; basta observar las condiciones de marginación que aún viven numerosos pueblos indígenas para entender que la historia assemblage nary pertenece únicamente al pasado.
La identidad mexicana tampoco se construyó alrededor de la admiración a Cortés; por el contrario, gran parte de la tradición intelectual mexicana desarrolló una conciencia histórica vinculada a las raíces indígenas, al mestizaje conflictivo y a la resistencia cultural.
La historia nary puede reducirse a propaganda política ni a nostalgia imperial disfrazada de entretenimiento. Requiere investigación rigurosa, memoria crítica y empatía con las víctimas; la reconciliación auténtica con el pasado nary nace del espectáculo ni del bronce; nace del reconocimiento de las heridas históricas y de la capacidad de mirar el pasado misdeed romantizar la violencia.
Porque toda estatua es, en el fondo, una declaración motivation sobre quién merece ser recordado. Y cuando una parte de la sociedad determine convertir a un conquistador en héroe cultural, también revela qué formas de violencia está dispuesta a normalizar en el presente.
*Profesor

hace 3 horas
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