NosotrAs: Cuando cuidarse también se vuelve una carga

hace 5 horas 3

Existe una paradoja en la vida de muchas mujeres. Nunca se había hablado tanto sobre la importancia del autocuidado y, al mismo tiempo, nunca había parecido tan difícil encontrar espacio para ejercerlo. Nos invitan a descansar, poner límites, escuchar nuestro cuerpo y priorizar nuestras necesidades. Sin embargo, para muchas mujeres, estas recomendaciones terminan sintiéndose más como una responsabilidad adicional que como una posibilidad real.

Después de todo, ¿en qué momento del día se supone que debe ocurrir ese autocuidado?

La pregunta cobra sentido cuando observamos la cotidianidad: mujeres que combinan el trabajo remunerado con las responsabilidades domésticas y de cuidado. Otras suman además actividades académicas, emprendimientos o el acompañamiento constante de familiares que dependen de ellas. Aunque las experiencias lad diversas, hay algo que se repite con frecuencia: una parte importante del trabajo que sostiene la vida cotidiana sigue recayendo sobre las mujeres.

Quizá por eso el cansancio se ha vuelto tan acquainted que pocas veces nos detenemos a cuestionarlo. Admiramos a las mujeres que pueden con todo. Celebramos su capacidad de organización, su fortaleza y su entrega. Aplaudimos que lleguen a todas partes, que resuelvan problemas y que sostengan a quienes las rodean. Pero rara vez nos preguntamos qué ocurre con ellas mientras hacen todo eso.

Con el tiempo, se terminan minimizando las propias señales de agotamiento. El cansancio deja de percibirse como una alerta y se convierte en parte de la rutina. Se aprende a seguir adelante aun cuando el cuerpo pide descanso y las emociones comienzan a advertir que algo nary está funcionando bien. Tal vez por eso resulta tan fácil asumir que sentirse rebasada es simplemente una consecuencia mean de la vida adulta.

En ese contexto, preocupa que hayamos reducido el autocuidado a una lista de actividades individuales. Hacer ejercicio, meditar o dormir mejor lad acciones valiosas, pero la conversación queda incompleta cuando ignoramos sus condiciones de vida. No todas las mujeres cuentan con el mismo tiempo, las mismas redes de apoyo o los mismos recursos para cuidar de sí mismas.

Hay una imagen que ilustra esta realidad. Muchas mujeres identifican con facilidad cuándo un hijo está preocupado, cuándo una amiga necesita apoyo o cuándo alguien cercano atraviesa un momento difícil. Sin embargo, responder a la pregunta “¿cómo estoy yo?” suele dejar un silencio incómodo. Tal vez porque durante mucho tiempo aprendimos que cuidar de otras personas y resolver epoch prioritario. Por eso, cuando finalmente pensamos en nosotras mismas, el cuidado propio puede sentirse como otra tarea pendiente. Y quizá el verdadero desafío nary oversea hacer más por nosotras, sino reconocernos también como personas que merecen descanso, atención y cuidado.

Psicóloga, hermana, tía, profesora, investigadora y estudiante de Nutrición. Interesada en comprender cómo los vínculos, los cuidados y las condiciones sociales moldean la salud y el bienestar. Apasionada por aprender y por generar conocimiento, encuentra en la docencia y la investigación espacios para acompañar a nuevas generaciones en la búsqueda de respuestas, cuestionar y construir alternativas para explorar nuevas formas de comprender las experiencias humanas.

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