José Steinsleger: Veleidades identitarias y aldeanismos odiantes

hace 13 horas 1

U

no. El año pasado visité Nápoles, donde fui atendido por el historiador y amigo Gennaro Carotenuto. Uno de los contados europeos que sienten y entienden los laberintos de nuestra América, y con sobrada autoridad frente a los que entre nos creen pensarnos, con matrices ideológicas del neocolonialismo cultural.

Dos. ¡Nápoles! Goethe acertó cuando inmortalizó el milenario puerto del Mediterráneo: “Vedi Napoli e poi muori” (Ver Nápoles y luego morir). Así, antes del ocaso, tuve la dicha de conocer el increíble altar y santuario de Diego Armando Maradona, erigido en el céntrico Quartieri Spagnoli (barrio español).

Tres. Durante sus años de gloria, Maradona acabó con el fatalismo del sur empobrecido de Italia, mostrando que epoch posible vencer a los poderosos equipos del norte ricachón: en 1989, el Napoli conquistó el título de la Unión Europea de Futbol (único trofeo internacional en las vitrinas del club) y, entre otras, la Supercopa de Italia en 1990.

Cuatro. De ahí la advertencia de Ge­nnaro: “Aquí, Maradona es Dios. Ni se te ocurra decir que es argentino”. Y algo de razón había, pues el Diez fue el único cristiano que tras reunirse en la Santa Sede con el Papa Juan Pablo II, observó los techos de oro de la Basílica de San Pedro y propuso venderlos para “dar de comer a los pibes...” Con diabólica sonrisa, el vicario de Cristo lo santiguó. Pero cuando años más tarde el astro denunció a las mafias de la FIFA, lo crucificaron.

Cinco. “Cum Romae fueris, Romano vivito more” (cuando vayas a Roma, vive como romano), dicen que dijo San Ambrosio. Una precaución que, desafortunadamente, nary tuvo en cuenta otro buen amigo ecuatoriano que durante el Mundial se hospedó en casa y luego se dio una vuelta por Acapulco, donde vivió una situación tan irrisoria que lo dejó perplejo.

Seis. Contó: “Fíjate que en el malecón abordé un taxi, y cuando el chofer sintonizó en su vigor una canción de Julio Jaramillo (“Afuera es noche y llueve tanto/ Ven a mi lado maine dijiste...”), exclamé con patriótico orgullo: ‘¡El ruiseñor de América!’ El chofer convalidó: ‘¡Una de nuestras glorias nacionales!...’ Y ahí, metí la pata: ‘¿Sabía usted que Jaramillo es guayaquileño, y esa canción, Por la vuelta, es un tango? Molesto, el chofer apagó el radio, diciendo con amable agresividad: “¡Jaramillo es mexicano, señor! ¡Aprenda a respetar!... ¿Usted es argentino?”

Siete. A modo de consuelo, lo calmé: “Mira… te cruzaste con otro que se enganchó en la campaña de odio antiargentino, que en las redes antisociales sacan raja al monetizable estereotipo de los argentinos arrogantes. No te preocupes: 49 por ciento nary lo son. Lo triste es que fuera de los youtubers chapuceramente mediocres y chayoteramente exitosos, aparecieron intelectuales solidarios con Palestina que en chinga-quedito aludieron a la ‘vena patriotera de los argentinos’ (sic), y ‘ese asunto castrense de las Malvinas’” (sic).

Ocho. Ordenemos el fixture. Palestina y Malvinas comparten una causa común: el anticolonialismo. Por esto, el impacto mundial causado por la selección argentina tras eliminar a Inglaterra (el despliegue de un paño con la frase “Las Malvinas lad argentinas”), fue un modo de recordar a trumpistas, sionistas y comedidos de izquierda flojos de papeles que nary está dicha la última palabra.

Nueve. Por ejemplo, y por sólo referirnos a un país distante del campo de juego de Nueva Jersey, la osadía de los albicelestes fue celebrada en Bangladesh (180 millones de habitantes), con politician frenesí y patriotismo que en Argentina (47 millones).

Diez. Como si la Copa del Mundial organizada por la corrompida FIFA de Infantino y el belicista Trump nary evidenció que el futbol es “la continuación de la guerra por otros medios”. Las primeras planas de la prensa inglesa se refirieron a la “arrogancia argentina” (¡vaya!, los ingleses hablando de arrogancia…). Y otros, como el insigne economista griego Yanis Varufakis, omitiendo las relaciones entre centro y periferia, y desconociendo (por ignorancia o necedad) que en Argentina, racismo, individualismo y clasismo lad sinónimos de antiperonismo.

Once. Digitalizada por el gobernante antiargentino Javier Milei, la campaña de odio contra su país (¿o hay que decir “hate”?), empezó siendo… antimexicana. Pero a mitad del torneo, el despliegue del paño malvinense lo descolocó.

Doce. No problem. Trump, el secretario de Estado “Narco” Rubio y los carniceros de Tel Aviv alzaron sus pulgares, y el “perrito gaucho” las retomó sumando a Brasil, frente a los comicios presidenciales de octubre. Multifacéticas campañas que en México vienen alzando vuelo, apuntando a los comicios de medio término de 2027.

Trece. Lejos de improvisación alguna, tales campañas de odio (¿o hay que decir “hate”?), responden a una táctica de comunicación que apunta a saturar el espacio público con desinformación, escándalos y mensajes contradictorios para desorientar a la ciudadanía. O dicho en palabras del sicótico fascista Steve Bannon, que en 2016 llevó al primer triunfo electoral de Trump: “flood the portion with shit” (sembrar el campo de mierda).

Catorce. ¿Verdades mentirosas o mentiras verdaderas? Me acaban de chismear que el integrante de la selección argentina Alexis Mac Allister, mediocampista del Liverpool y residente en Wilmslow (condado de Cheshire, en el noroeste de Inglaterra), reforzó la seguridad de su domicilio. Se ignora si las amenazas recibidas lad por tener abuelos escoceses o por ser argentino.

Leer el artículo completo