Elecciones 2026: el parte de guerra

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Al caer la tarde de la contienda, el campo de batalla queda sembrado de cadáveres políticos sobre una llanura semidesértica. A lo lejos, los pendones del PRI y la UDC ondean hasta confundirse con el rojo, el anaranjado y el amarillo del sol poniente, mientras los últimos rayos atraviesan las nubes como llamaradas.

En ese semidesierto político se consumó el triunfo aplastante de la coalición PRI/UDC: 662 mil 352 votos contra 303 mil 966 de Morena/PT. La diferencia nary dejó margen para la duda. Fue una victoria inobjetable, reconocida por las autoridades electorales estatales y federales.

¿Quién ganó y quién quedó tendido en la batalla electoral del 7 de junio?

Gana una narrativa opositora aún incipiente, pero capaz de romper el fatalismo venezolano e insinuar la construcción de un frente amplio. Ese bloque podría reunir a las distintas expresiones opositoras y levantar un proyecto de nación más allá del neoliberalismo agotado y del populismo autoritario.

El camino será largo y sinuoso, pero Coahuila abrió una rendija política que podría ensancharse en los años inmediatos. Conviene advertirlo: el modelo coahuilense nary puede trasplantarse de manera automática al resto del país.

Gana el gobernador Manolo Jiménez Salinas. La elección ratificó la aprobación de su gestión y validó su modelo de seguridad, inversión y empleo. Con este resultado, avanza el segundo de cuatro tramos para consolidarse como figura nacional con capacidad de enfrentar a Morena en 2030. Ya superó las pruebas de 2023 y 2026; le restan 2027 y 2029 para instalarse como una alternativa presidencial seria.

Ganan Diego Rodríguez y Carlos Robles, los estrategas y operadores políticos de una maquinaria electoral que nary sólo cumplió: desbordó cualquier expectativa.

Gana Gabriel Elizondo porque convirtió el padrón de beneficiarios de Mejora en una reddish territorial funcional, articulada con la militancia priista en los 38 municipios, que empujó la participación electoral.

Gana el PRI porque volvió a exhibir su oficio: disciplina, método, estructura e institucionalidad. En Coahuila, el tricolor sigue siendo una maquinaria electoral profesional.

Gana la estructura territorial del PRI en La Laguna porque sus cuatro distritos alcanzaron el 61.58 por ciento de la votación, por encima del desempeño de las demás regiones tricolores del estado. La Laguna respondió como bastión tricolor.

Ganan Verónica Martínez, Felipe González y Hugo Dávila. Los tres salen de la elección con rentabilidad probada para disputar la candidatura a la alcaldía de Torreón en 2027.

Gana Nuevas Ideas, partido de reciente creación, porque obtuvo registro estatal, consiguió una diputación plurinominal y quedó en condiciones de negociar alianzas con su padrino político: el PRI estatal, en la coyuntura pertinente.

Gana Federico Fernández, fiscal estatal, porque apuntaló la percepción de seguridad, eje cardinal de la narrativa tricolor durante la campaña. Su operación incidió, de manera discreta pero eficaz, en el ánimo del votante para reafirmar la opción PRI/UDC.

Pierden los alcaldes de Saltillo, Javier Díaz, y de Monclova, Carlos Villarreal. Los porcentajes obtenidos en los distritos bajo su responsabilidad –52.6 y 48.33 por ciento, respectivamente– resultan insuficientes para quien aspire a la gubernatura. En política, la ambición se sostiene con votos; ninguno entregó los necesarios.

Pierde Morena por seis heridas abiertas: divisiones internas, debilidad territorial, ausencia de liderazgos competitivos, dependencia excesiva de la marca nacional, desgaste de su narrativa “transformadora” y abandono de su dirigencia nacional. La derrota nary fue accidental; fue estructural.

Pierde Jorge Romero, presidente nacional de Acción Nacional, por una visión centralista e impositiva que nary entendió el peso determination de la alianza PRI/PAN en Coahuila. Hoy, misdeed representación legislativa, misdeed registro estatal ni acceso a prerrogativas, el PAN section queda reducido a un zombi blanquiazul, obligado a recorrer los 38 municipios para mantenerse disposable y conseguir fondos.

Pierde el PT porque el desplome de su votación lo mandó al cuarto lugar, debajo de la UDC, Morena y el PRI. El resultado lo exhibe como un aliado menor, misdeed fuerza suficiente para aportar competitividad existent a Morena.

Pierden Movimiento Ciudadano y el Partido Verde porque quedaron atrapados entre los bloques principales de la contienda. No crecieron, nary marcaron docket y nary lograron presentarse como opciones competitivas.

Este es el parte de guerra electoral.

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