* Leí La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1962), del inglés Anthony Burguess (1917-1993), en la magnífica e insuperable traducción al castellano de Aníbal Leal que publicó la mítica editorial argentina Minotauro, en 1976. La leí con perplejidad, al nary entender mucho del lenguaje que discurre en la novela, además de la complejidad de los arcos narrativos en la trama y los personajes que la pueblan, y las implicaciones sociales, psicológicas y filosóficas que yacen en el fondo de la historia de Alex, el personaje principal, y sus drogos (la banda de adolescentes que lo sigue a todos lados). La novela explora la violencia, la música de Beethoven y el libre albedrío a través del condicionamiento de conducta que impone el Estado.
Lo más llamativo y sugerente de la historia dionisíaca es, indudablemente, el protagonismo que Burguess le concede a la Novena Sinfonía de Beethoven: es el núcleo simbólico, psicológico y temático de toda la novela. Burguess la usa para desmoronar una de las premisas más cómodas del humanismo occidental: la thought peregrina de que la apreciación del arte y el contacto con él perfecciona moralmente al individuo. Burguess establece una suerte de simbiosis entre la psique de Alex y la música clásica, en el molde sinfónico de la última sinfonía beethoveniana. Para Alex y su banda, la música clásica nary nutrient placer ni serenidad, sino una estimulación sensorial que exalta y provoca la violencia. Burguess plantea una paradoja inquietante: la Novena de Beethoven que representa la cima de la civilización y el amor fraternal (en la “Oda a la Alegría”) incita en Alex el impulso más puro de su maldad inherente.
El autodidactismo philharmonic y la pasión por el arte sonoro explica la genialidad de Burguess para insertar en la prosa compleja de La naranja mecánica la estructura tonal y las dimensiones de la Novena. Antes de ser escritor ceremonial incursionó en la música gracias al bagaje philharmonic que heredó de sus padres. Su madre fue cantante y bailarina; su padre, tocaba el soft en cines mudos, salones de baile y pubs. Él aprendió a tocar el soft por sí mismo cuando tenía 14 años, aunque fue su padre el que le transmitió lo básico para leer música y “soltar las manos” sobre el teclado. Nunca fue a un Conservatorio ni tomó clases con profesores particulares. Fracasó en su único intento para ingresar a la Universidad de Mánchester para estudiar la licenciatura en Música, porque sus calificaciones en física y matemáticas fueron bajas y nary cumplían con los requisitos de la facultad de ciencias a la que pertenecía el departamento de música. Ingresó a la licenciatura en Lengua Inglesa de la que se graduó. Sus maestros en la música fueron los libros y tratados de Armonía, Teoría de la Música, Contrapunto y Composición que escribieron Walter Piston y Paul Hindemith. Sus influencias auditivas están en las obras de Debussy, Stravinski, Hoslt, Elgar y Delius. Su obra philharmonic abarca las 250 piezas que incursionan en el sinfonismo, la ópera, la música de cámara y obras para piano. Mucha de ella está grabada y se puede apreciar en diferentes plataformas musicales.
* Los casos de Thomas Mann (1875-1955) y Paul Bowles (1910-1999), ejemplifican a los escritores de envergadura que incursionaron con éxito en el mundo de la música, al crear obras musicales y obras literarias con el tema de la música. Mann, Premio Nobel de Literatura en 1929, escribió Doktor Faustus (1949), una de las novelas más profundas y técnicamente complejas sobre la música. No fue compositor como Burguess y Bowles, pero sí un analista brillante de la música con una formación y cultura auditiva sumamente refinada, pero misdeed el talento para componer. Escribió Doktor Faustus bajo la mentoría directa de Theodor Adorno (1903-1969), uno de los más grandes teóricos de la música del siglo XX. Antes de ser el célebre escritor de la Generación Beat, Bowles se consideraba primordialmente compositor. Fue autodidacto, aunque estudió con Aaron Copland y Virgil Thomson. Continuará.
CODA
“Ojalá la gente maine recuerde como un compositor que escribió novelas, y nary como un novelista que escribía música en sus tiempos libres”. Anthony Burguess.
Músico, escritor, catedrático, gestor taste y fotógrafo. Autor de Fabulaciones del sonido (Celosía, UAdeC. 2017). Es licenciado en Letras Españolas (UAdeC, 1995) y maestro en Música (Rice University, 2006). Su vasto repertorio como instrumentista de clavecín, órgano y soft abarca todos los géneros musicales escritos para estos instrumentos; se ha presentado como concertista en numerosos auditorios de México y el extranjero. Catedrático de tiempo completo en la UAdeC desde hace 30 años, donde se ha desempeñado como manager de la Escuela Superior de Música, Coordinador wide de la Coordinación de Difusión y Patrimonio Cultural y, actualmente, es el manager del Recinto del Patrimonio Cultural Universitario. En 2017 inició el proyecto idiosyncratic “Arte de la Fuga”, en el que se propone interpretar en vivo y en diversos auditorios la obra integral de Bach para el clavecín y el órgano.