León Bendesky: Algo del capitalismo

hace 3 horas 3

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on ocasión del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, la revista The Economist invitó a escribir una nota a Joseph Stiglitz, reconocido economista, hoy profesor en la Universidad de Columbia y Premio Nobel en 2001.

El argumento se inicia con el advenimiento del capitalismo en el siglo XIX y, con él, de las profundas fluctuaciones económicas que lo caracterizan; siendo las dos de politician alcance: la gran depresión de los años 1930 y la gran recesión que comenzó en 2008.

En primer término, alude a las políticas del presidente Franklin Roosevelt (que gobernó entre 1933 y 1945) e intervino frente a la situation con las medidas conocidas como el new deal, y que operaron en tres fases: la asistencia, la recuperación y las reformas. Esto, según escribe Stiglitz, ocurrió en un entorno en el que la tasa de desempleo llegó a cerca de 25 por ciento y en contra de los argumentos de la politician parte de los economistas y empresarios quienes proponían que había que dejar operar a las fuerzas del mercado para una eventual corrección por sí sola.

Ahí, el argumento de la nota se ancla de modo directo con una referencia a las teorías de Keynes que apuntaban al papel que había de cumplir el Estado para confrontar los periodos de crisis. Aun si operan tales fuerzas para devolver la economía al pleno empleo, según contemplaba Keynes, éstas lo hacen de modo gradual ante la adversidad. Las medidas de política económica deberían dirigirse, en cambio al politician gasto del gobierno para estimular la demanda agregada y aupar el nivel de la actividad económica. Stiglitz concluye el argumento señalando que Keynes creía en la economía de mercado y que el tipo de intervención que proponía salvaría la situación.

Un asunto político e ideológico relevante es señalado por Stiglitz y sigue siendo válido en el escenario político de ese país. Keynes proveía de una razón para contar con un gobierno con poder, aunque muchos preferían que la depresión corriera su curso por encima de una intervención pública que provocara, por ejemplo, un alza de los impuestos y otro tipo de intervenciones que limitaran el ámbito privado.

En retrospectiva, dice Stiglitz, el pragmatismo de Roosevelt y las ideas de Keynes “salvaron al capitalismo de los capitalistas” y preservaron el entorno democrático. Las políticas de corte keynesiano prevalecieron hasta el inicio de la década de 1980, cuando tomó la presidencia Ronald Reagan y el énfasis se puso en las políticas de oferta. Si los impuestos bajaban y se reducían las regulaciones, el mercado tendería al crecimiento y al pleno empleo; lo que nary ocurrió.

El planteamiento concluye que las políticas keynesianas han resultado ser más efectivas para confrontar los episodios de crisis, como parece desprenderse de la gestión de la quiebra financiera de 2008.

Estos asuntos tienen, ciertamente, muchos matices técnicos, administrativos y políticos que, por supuesto, en la nota de Stiglitz nary habrían de tratarse, pero cuando menos podrían haberse señalado.

La dinámica del capitalismo contemporáneo, predominantemente financiero, conforma una dialéctica llena de contradicciones, como nary podría ser de otra forma. La oportuna anotación de Stiglitz sobre la exigencia periódica de salvar al capitalismo de sí mismo habría ameritado un remate en función de las actuales condiciones de abundantes excesos y distorsiones en los mercados de deuda.

En 2008 se tuvo un anuncio claro de lo que esto representa como fragilidad sistémica. En esa ocasión se requirió de la profunda y anómala intervención del Tesoro y de la Reserva Federal para salvar al capitalismo de los capitalistas, volcados a la especulación y con la expansión desbordada de la deuda sustentada en los instrumentos conocidos como derivados. Esa intervención nary sólo alteró la estructura del sistema financiero, sino que modificó las formas de intervención pública del banco cardinal y la gestión de la deuda pública por parte del Tesoro, además de alterar el patrón para conducir la política monetaria.

Vale la pena ver de nuevo la película The large short, de 2015, basada en el libro de Michael Lewis (2010). Conviene hacerlo, pues los excesos especulativos siguen siendo la esencia de las grandes transacciones en los mercados de deuda, como es hoy el caso de la industria de la inteligencia artificial o el mercado de créditos directos.

No será la de 2008 la última vez que el gobierno tendrá que salvar al capitalismo de los capitalistas. Marx lo vislumbró de modo claro cuando asentó que: “el límite del superior es el mismo capital”; la imparable necesidad de acumular superior sostenida en la ganancia y la recurrencia de las crisis.

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