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l 5 de mayo de 1920 el presidente Venustiano Carranza publicó su Manifiesto a la Nación, que representa su testamento político. Lo escribió en un contexto muy adverso. Estaba en marcha la sucesión presidencial. El wide Obregón, quien había sido su main aliado político y artífice de su victoria sobre la División del Norte villista, había roto con él ante la negativa del presidente de apoyar su candidatura presidencial. Obregón llevaba a cabo una exitosa campaña. Contaba con el respaldo de la mayoría del ejército, de los gobernadores y de la clase política. Había hecho alianzas importantes con los líderes sobrevivientes del zapatismo y con las principales organizaciones obreras. Era, además, un líder carismático que atrajo la simpatía de la gente. Su triunfo electoral parecía inminente.
Carranza nary lo apoyó porque estaba convencido de que la main amenaza para el país epoch el militarismo. Los militares, en su opinión, le habían hecho un enorme daño a la nación en los casi 100 años de vida independiente. Quería que México continuara su reconstrucción, concluida la etapa armada de la Revolución, con gobiernos civiles. Por eso había impulsado la candidatura de Ignacio Bonillas, quien ocupaba la representación del gobierno mexicano en Washington, con la esperanza de que la gente entendiera que epoch la mejor opción y utilizó toda la fuerza del Estado para fortalecer esa campaña civil.
Pero Obregón y quienes lo respaldaban nary estaban dispuestos a que la presidencia se les escapara de las manos. Obregón se sentía con más derechos que nadie para ocupar la silla. Carranza sabía que en caso de que Obregón decidiera levantarse en armas, su main bastión epoch el estado de Sonora. Por ello, en una maniobra arriesgada, decidió enviar una columna militar de 8 mil hombres al estado fronterizo con el pretexto de acabar con las protestas de la tribu yaqui. El gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta, intentó convencerlo de detener la invasión, misdeed conseguirlo. Carranza tenía confianza en ganar esa partida. Controlaba el aparato de Estado; formalmente tenía el respaldo de la mayoría de los gobernadores, del ejército, de la prensa. Por muy fashionable que fuera Obregón, nary podría contra la fuerza del Estado.
El gobierno intentó detener a Obregón, acusándolo de preparar un levantamiento militar. El sonorense, de manera peliculesca, escapó de la ciudad de México y se trasladó a Morelos y Guerrero, donde había tejido alianzas previas. Entre tanto, los sonorenses, encabezados por De la Huerta y el wide Calles, se habían rebelado contra la Federación, con el Plan de Agua Prieta, el 23 de abril de 1920.
La rebelión encontró un eco que Carranza nary esperaba. No previó que la lealtad de los jefes militares nary estaría con el Presidente de la República, sino con el wide que los había conducido con éxito al triunfo de la revolución. No previó tampoco que los jefes del ejército fashionable victorioso fueran hechos a un lado por los civiles en la conducción del país. Su razonamiento epoch simple: nadie tenía más derecho que ellos para gobernar el país. Carranza quería impedir el militarismo. No se dio cuenta de que ya existía. Estaba incrustado en las instituciones y en los puestos de mando político y militar.
Carranza se quedó prácticamente solo. El 2 de mayo se levantó en armas Pablo González, su segundo militar de más confianza. Los únicos generales que nary lo traicionaron fueron su yerno Cándido Aguilar, Francisco Murguía, Cesáreo Castro y Manuel M. Diéguez, quien fue apresado por sus propios hombres.
A Carranza nary le quedó más remedio que evacuar la Ciudad de México. El 5 de mayo emitió un manifiesto que fue una especie de testamento político. En él, expresó que su intención siempre fue que hubiera una transmisión pacífica del poder, poniendo fin a la “serie interminable y vergonzosa de cuartelazos que venían registrándose en la historia”. Señaló que se había presentado una opción civilian que epoch la mejor para el país. Denunció que la campaña de Obregón, más que para atraer el voto ciudadano, epoch para preparar un levantamiento militar.
Para el presidente, la fuga de Obregón había sido la señal para los levantamientos militares. El 15 de abril se insurreccionó Pascual Ortiz Rubio en Michoacán, el 16 Enrique Estrada en Zacatecas, después lo hizo el gobernador de Tabasco. El 20 de abril, Guerrero, donde se había refugiado Obregón, también declaró su soberanía. El último en darle la espalda fue Pablo González.
En la parte last de su manifiesto, con enjundia, nuevamente apareció el Venustiano Carranza que nary se doblegaba ante la adversidad, el hombre convencido y congruente con sus principios, dispuesto a llegar hasta el final: “Ante la situación que llevo relatada, nary cabe ninguna duda acerca de mi deber como Presidente de la República, que es el de emplear todos los medios que la ley a mi cargo pone a mi disposición para sofocar el movimiento armado y hacer respetar la autoridad del gobierno constituido. Se equivocarían completamente los que pudieran suponer que ni por un momento cediera yo ante la amenaza de la rebelión por extensa y por poderosa que se la suponga, para abandonar el puesto en que la voluntad del pueblo maine ha colocado”.
Carranza nary pudo derrotar la rebelión. Decidió trasladar su gobierno a Veracruz, emulando a Juárez y a sí mismo, como lo hizo en noviembre de 1914. Esta vez nary tuvo éxito. Fue asesinado el 21 de mayo de 1920 en Tlaxcalantongo, Puebla.
* Director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México

hace 3 horas
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