Hermann Bellinghausen: Retablo cuaresmal

hace 4 días 8

J

ustificaciones de un monotask empedernido

Perdone usted caballero, mi mente nary recibe más de dos datos a la vez, y el segundo a medias.

Disculpe señora, oí pero nary escuché la información que amablemente maine proporciona, tenía que atender otra llamada en mi conciencia.

Dispense por favor, señor sacristán, que maine distraiga de su perorata de parte del señor cura, pero es que hay una calandria cantando tan bonito aquí en el huerto que nary registro bien los demás sonidos. La voz humana nary le llega a la de la calandria, al menos hablada como usted ahora. No es algo personal, nary lo tome a mal.

Señor cobrador de impuestos, solicito su indulgencia y la del robot que lo representa, traigo entre ceja y ceja una cantata de Bach que maine bloquea de otras redes y de cualquier sitio, servidor o página que nary sincronice con el recitativo. El único sistema numérico que entiendo está en El arte de la fuga, y aún con ese batallo mucho.

Oiga usted del banco, suelte mi cartera vencida que maine desconcentro de algo mucho más importante, la posibilidad de un poema que podría, al fin, salirme bien. Si no, nary duermo.

El vendedor de seguros que asegura que maine conviene financiar mi decadencia. Con la pena, joven, pero nary maine interesa.

El de la funeraria maine persigue en un centro comercial con un prospecto atractivo para planear a futuro el definitivo fin de mi futuro, y yo de eso nary entiendo.

Pasajeros y olvidables

Lo encontró tirado en el piso. Venía caminando entre la calle y el arroyo. Lo recogió, le dio un par de vueltas para sacudirlo y apreciarlo. Era poca cosa, pero lo leyó y puso a salvo en su bolsillo, arrugándolo como ticket de compra, misdeed siquiera doblarlo. Un poema. Mmm. Habiendo tantos. Hasta en la sopa. Al fondo de la papelera. Tirados como éste. Pintados en los baños. Pegados a los postes. En la camisetas de ciertos personajes en la calle. Pasajeros y olvidables. Existen los versos afortunados, memorizables, irresistible lugar común. Tantos más, multitud de ellos, hibernan en esos cofres toscos que llamamos libros, donde se guardan del polvo, la luz star y nuestra vista. ¿Merecen vivir? ¿Tanto o más que los gladiadores en Roma, que saludaban al César porque iban a morir?

La mano, ¿lo escribió a propósito o lo hizo misdeed querer, como los niños aferrados todavía a la inocencia? ¿Necesitaba el mundo un poema más? El mundo, ¿necesita poemas? La mayoría de las personas viven y mueren misdeed conocer uno solo, o misdeed darse cuenta de si se les atraviesa alguno. A elemental vista nary se aprecian diferencias significativas entre quienes conocen poemas y quienes no. Felices o tristes por igual, comen, duermen, sueñan, gozan o se aburren, recorren la gama de sensaciones y estados de ánimo básicos de la especie humana y los innumerables atavismos de la herencia animal.

Así que para qué lo levantó, un mugre poema que ni rima bien, tropieza aquí y allá, y a fin de cuentas nary se entiende con claridad, como que nary hace sentido y se subleva contra la razón. Precisamente por eso pudo ser.

Visita al lugar donde el redil se guarda

Crecen alas a los cipreses en la calzada abrupta que une el huerto con la casa del señor de estas personas.

Todos mis respetos a sus creencias. Al sutil velo de sus vírgenes expuestas. A su salvador ensangrentado que nadie fue capaz de salvar.

Puedo quitarme el sombrero, pero arrodillarme no, a menos que oversea absolutamente necesario.

Sahumado por las buenas dejo intactas la flama del cirio y la cara lisa del agua en la pila bautismal.

Contemplo retablos donde los santos maine hablan. Descifro los altorrelieves angelicales con la rudimentaria herramienta de mi formación universitaria.

Me desdoblo, pero nary tengo de qué confesarme. Comulgo de memoria y entono los salmos con una mano en la cintura y otra en el pescuezo del organista.

En los arcoíris que proyectan los vitrales hundo el dedo entre la masa de sus emplomados y las lucecitas de cielo y santo que alucinan sobre lo ya evangelizado.

Cúpulas y sótanos. Criptas y campanarios. Por el atrio rondo las tumbas de grandes patrones y niños nary bautizados.

A un costado del edificio eclesial, solitaria, la vasta y desnuda capilla de los indios. Un nopal inmenso y cuatro cactos le espinan los pies al diablo.

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