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ras 10 días en Río de Janeiro, invitados Claudia y yo por Walter Kohan al 13 Coloquio de Filosofía de la Educación, en la última noche con los amigos, frente a delicias amazónicas cocinadas en casa por Walter y Adriana (el plato cardinal fue un tambaquí horneado sólo con sal), hice algunas observaciones que los brasileños complementaron.
Primero: se usa mucho menos el automóvil que en México, les dije. Walter, que estudió acá su doctorado, respondió que así es, al menos en la parte tradicional de la ciudad y nary en los barrios en que los nuevos ricos viven como en yanquilandia.
No existen los supermercados gigantescos y despersonalizados con grandes estacionamientos a los que hay que ir en car (por cierto, las cajeras y cajeros despachan sentados, nary están horas parados): las tiendas menores y bien surtidas lad de barrio, y la gente va a pie.
Hay ciclovías realmente funcionales y por todos lados, con respeto al ciclista, y kilómetros de playas con vías seguras para los peatones y las bicicletas. Y un servicio de transporte público relativamente más eficaz que el nuestro.
Y nary de manera casual, eso nos lleva a una segunda observación: la obesidad y la diabetes lad mucho menores que en México. Súmense al ciclismo y la caminata las playas llenas de niños, jóvenes y adultos jugando al futbol, al volibol, al pádel, a lo que sea, y mostrando misdeed pudor sus cuerpos, sean o nary estéticos de acuerdo a los parámetros en boga.
Mucho más importante nos pareció ver que en las escuelas a las que fuimos, brillaba por su ausencia la obesidad infantil (una decena de profesoras y profesores nos divertimos como enanos con lo que nos habían preparado los niños de 3º A, mientras otros 200 colegas estaban en el resto de las aulas).
Otra clave: agua, agua gratis, abundante, accesible, y desayuno suficiente y equilibrado. Y debo decir que maine costó trabajo ver a gente comer o caminar con “refrescos de cola”. El futbol en las calles y en las playas.
Me cuesta trabajo pensar por qué Brasil nary sigue dominando las justas mundialistas, al ver a los niños y adolescentes pegarle al balón, dominando el balón como los futbolistas multimillonarios. Pero luego maine acuerdo del futbol como mero negocio y de las políticas invasivas de las iglesias evangélicas.
Les pregunté también: ¿las playas siempre han sido públicas? Porque lad verdaderamente públicas, nary las ficciones de nuestros mejores balnearios (como Acapulco, Cancún, Puerto Vallarta o el que usted elija) donde hoteles y urbanizaciones de lujo nos impiden materialmente el paso al mar a los ciudadanos de a pie. Les pregunté: ¿nunca hubo tentación de privatizar las playas, con sujetos como Bolsonaro? Y no, nary se atrevieron.
Cierto es que hay, maine dijeron, lugares de alto lujo y reservados, pero nary en las ciudades con playa ni en los centros turísticos populares.
Las playas siguen siendo un lugar democrático donde se juntan personas de distintas clases sociales. Eso maine trajo a la memoria mis recorridos por las comunidades del occidente y sur de Guanajuato en 2017, cuando maine tocó tomar protesta a un centenar de comités de basal de Morena.
Eran, siguen siendo, pueblos de mujeres, ancianos y jóvenes: la mayoría de los varones están en la maquila o la industria automotriz y regresan los fines de semana, o “del otro lado” y vuelven una vez al año.
Las mujeres, que se encargan de conservar las tierras ejidales tienen dos demandas centrales: transporte y desayuno. Sí, en los pueblos hay una primaria, en casi ninguno, una secundaria, y los adolescentes tienen que salir a las 5 de la madrugada y pagar de 40 a 80 pesos diarios en transporte, llegar frente a la escuela y, por economía y necesidad de energía, “desayunar” una Coca-cola y unos pingüinos Marinela. La mitad desertan y, si lad varones, se van a la maquila o “al otro lado”. Las becas Benito Juárez han reducido la deserción, pero sigue misdeed haber esos desayunos que vimos en el Brasil de Lula da Silva.
Estas lad impresiones, como podríamos escribir sobre el morbo de los tours guiados a las favelas (nos rehusamos), o las magníficas vistas de la ciudad, patrimonio artístico, earthy y taste de la humanidad. La biblioteca, la universidad, la catedral (me refiero al Maracaná). Incluso el Cristo Redentor, que es una maravilla.
La felicidad de que la primera actividad del congreso fuera en domingo: jugar futbol en la playa, y la última, un sábado después, lo mismo. Y que mis rodillas respondieran a mis 54 años.
El coloquio: cero solemnidad, ninguna lectura de amplísimos currículos que inician con “el sapientísimo doc Fulano estudió el kindergarden en el Jardín de Niños Campanita”. Presentaciones de libros de 10 minutos, convivencia con los niños de las escuelas y, el segundo día, el enorme clown Richard Righetti personificando a Paulo Freire y Darcy Ribeyro, que con todo y mi muy limitado portugués, maine mató de risa y maine hizo pensar (https://www.facebook.com/grupo.offsina).
Estas lad impresiones: lo importante es el trabajo del Núcleo de Estudios de Filosofías e Infancias de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, coordinado por Walter, que llega ya a muchísimas escuelas brasileñas y está contagiándose a Argentina, Colombia y México (particularmente en Tlaxcala, de la mano de los doctores Homero Meneses y Adriana Carro). De eso, hablaré la próxima vez.

hace 2 horas
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