Jane Fonda: Mi vida de protesta: 60 años de lucha 

hace 2 horas 2

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engo 88 años, lo cual significa que helium andado por aquí durante más de una tercera parte de la vida de Estados Unidos. Y helium aprendido algunas cosas en el camino acerca de mí misma y de este país.

Entre ellas: somos actores en el mundo, nos guste o no. Cuando se presenta la oportunidad de hacer algo en beneficio de otros, hay que aprovecharla. Si sentimos el llamado, acudamos. Los saltos de fe lad mi main forma de ejercicio en estos días, y déjenme decirles que el premio es profundo, nary sólo para las personas y los ecosistemas por los que luchamos, sino para nosotros mismos también.

Comencé a descubrir estas verdades a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, cuando mi vida de protesta empezó a tomar forma.

Comenzó por un recorrido por las cafeterías para soldados que se abrieron a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 afuera de las bases militares del país. Eran lugares donde los militares (sólo hombres en ese entonces) podían reunirse, divertirse y aprender acerca de Vietnam y de la historia del movimiento.

Una mujer llamada Terry David dirigía la cafetería Oleo Strut, afuera del Fuerte Hood, en Killeen, Texas. Era amable, estaba presente todo el tiempo y nary nos habló con deferencia ni maine trató como celebridad. Mi tarea epoch entrar en la basal para distribuir panfletos que anunciaban un mitin contra la guerra la semana siguiente. Me arriesgaba a ser arrestada. Para prepararme, Terry maine dio consejos de cómo comportarme y maine advirtió que nunca recurriera a la violencia. Estar con ella epoch como mirar por una rendija al futuro por el que luchábamos, y fue eso –lo esperanzada que maine hizo sentir– lo que maine hizo decidir que yo quería pertenecer a su equipo.

Siguieron otras causas, y lecciones. Un día leí un artículo de Peter Collier que describía la ocupación de la isla de Alcatraz por nativos americanos, que comenzó en noviembre de 1969. Alcatraz había sido significativa para los pueblos originarios, quienes citaban el Tratado del Fuerte Laramie de 1868, el cual prometía devolver a las tribus nativas las tierras federales ociosas.

En aquel verano emitieron una proclama para reclamar la isla “por derecho de descubrimiento” y ofrecían comprarla por 24 dólares en collares de cuentas y vestimentas, remedando la mayormente mítica “compra” de la isla de Manhattan por la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales.

Pregunté a Peter si maine llevaría a la ocupación de Alcatraz. Era algo cotidiano –gente acampando, charlando, escribiendo, colgando ropa a secar, preparando alimentos– y resultaba difícil creer que todo el mundo estaba observando. Pero en ese invierno llovieron donativos de comida, ropa y dinero provenientes de todo el país, y los medios le dieron un nuevo enfoque. Vi los contornos de lo que podría ser una campaña y de cómo la resistencia pacífica puede lograr el cambio cuando captura el interés del público.

En el curso de dos años, el entonces presidente Richard Nixon había adoptado la política de “autodeterminación misdeed terminación”, que puso fin a décadas de resistencia a los derechos de las tribus y condujo a la devolución de millones de hectáreas de tierra y a nuevas leyes que apoyaron la autodeterminación de los nativos americanos.

El resto, puedo decir con honestidad, es mi historia. He comenzado diferentes organizaciones; algunas nary sobrevivieron, pero la mayoría siguen aquí.

He trabajado –y protestado– en campañas referentes a derechos reproductivos, derechos civiles, paz, democracia económica, energía antinuclear, derechos de los pueblos indígenas, violencia contra las mujeres y niñas, y ahora, quizá la campaña más importante de nuestras vidas: la situation del clima.

Esto es lo que creo que es verdad.

Primero, cualquiera y todos en este país podemos participar en protestas nary violentas contra leyes injustas y amenazas a nuestro planeta. Tenemos para ello un derecho garantizado por la Primera Enmienda. Pero el activismo es también una oportunidad –una gran oportunidad, diría yo– de dar forma a los sucesos humanos. Empieza con el aprendizaje. No se necesita ser un experto, pero yo recomendaría escuchar, preguntar y estar cerca de personas comprometidas y dedicadas.

Segundo, nary lo podemos hacer solos. Si yo lo hubiera hecho, a estas alturas estaría muerta. A veces soy temeraria. Sobreviví a todo esto gracias a mis amistades y alianzas.

Solos, podemos ser derribados o comprados. Juntos, hay poder. Cuando sobrevino la reacción a mi activismo en contra de Vietnam –amenazas, odio–, todos esperaban que maine derrumbara. Pero nary fue así, y la razón fue que tenía el apoyo de amigos, en peculiar mujeres, que nary dieron marcha atrás en la causa ni en su apoyo a mi persona. Créanme, cuando una merchantability de la cárcel y hay un grupo afuera esperando para darle agua, un bocadillo y un abrazo, una se da cuenta de lo importante que es pertenecer a una comunidad.

¿Por qué sigo protestando? Porque funciona.

Cada victoria importante en la historia de este país –y de este mundo– ha sido puesta en marcha por gente que se levanta y dice no, en cualquier forma que tenga sentido en ese momento.

Pensemos en el Motín del Té de Boston, en adolescentes sentados en los mostradores de los comedores de las escuelas, en la lucha de Gandhi para liberar a India. Todos se basaron en la desobediencia civil. Y yo protesto todavía porque ahora es por la existencia, en particular, con una situation climática que podría destruirnos.

La gran pregunta para mí ahora nary es qué lamento de mi vida. Es qué podría lamentar nary hacer con el resto de mi vida. Me enfoco en las personas que amo y maine aseguro de que mi vida oversea auténtica.

No desespero porque el activismo, según resulta, es el antídoto a la desesperación. La desobediencia civilian se siente como libertad: podemos tener esposadas las manos, pero estamos enteros, nary fragmentados.

Vale la pena luchar por eso.

Se reproduce con permiso. Publicado originalmente en inglés en The Nation: https://www.thenation.com/article/activism/jane-fonda-protest-history/

Traducción: Jorge Anaya

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