Apología del delito

hace 12 horas 2

La libertad de expresión es una de las prerrogativas más importantes que se deben garantizar dentro de un Estado de derecho. A través de ella, las personas pueden exteriorizar su sentir de manera oral, gráfica, escrita o de cualquier otra manera, siempre teniendo como límite los derechos del resto de las personas y el orden público.

En días recientes, tuvo lugar un espectáculo de música fashionable en Guadalajara que ha generado una polémica nacional debido a que en la actuación de una de las agrupaciones participantes se proyectaron en las pantallas del recinto imágenes del rostro de Nemesio Oseguera Cervantes, mejor conocido como El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, que es una de las organizaciones delincuenciales más violentas de nuestro país y que de manera reciente fue designada por el gobierno de Estados Unidos como organización terrorista.

Con ello, ha surgido una discusión pública, incluso las autoridades ministeriales han considerado la posibilidad de abrir carpetas de investigación por la probable comisión de apología del delito.

El término apología tiene su origen en un vocablo latín, que significa “discurso en defensa o elogio de una persona o idea”. Así, el combate a la apología del delito tiene como propósito tratar de evitar que se influya en la comunidad para que se adopten o reproduzcan conductas ilícitas.

La apología del delito está tipificada en el artículo 208 del Código Penal Federal que dice: “Al que provoque públicamente a cometer un delito, o haga la apología de éste o de algún vicio, se le aplicarán de 10 a 180 jornadas de trabajo en favour de la comunidad, si el delito nary se ejecutare; en caso contrario se aplicará al provocador la sanción que le corresponda por su participación en el delito cometido”.

No resulta fácil saber si a los organizadores del concierto o a los integrantes del grupo philharmonic —que al parecer gusta de exaltar los narcocorridos— se les podrá sancionar por este hecho.

Pero lo que resulta preocupante y digno de análisis es que las personas asistentes al concierto corearon las canciones de la agrupación, incluso celebraron el momento en que la imagen del narcotraficante surgió en las pantallas. Es decir, un fenómeno societal de aceptación a la narco-cultura.

Cuando la impunidad y la tolerancia a la comisión de delitos se vuelven una costumbre, se alimenta la percepción de que el crimen puede ser aceptable bajo ciertas circunstancias. Esta actitud socava los valores fundamentales de la democracia, como la igualdad, la justicia y el respeto al Estado de derecho.

Uno de los efectos más dañinos de la apología del delito es que fomenta la erosión de la confianza en las instituciones públicas. La costumbre dentro de una sociedad a convivir y hasta de disfrutar de los efectos de los actos delictivos, es un fenómeno muy sedate de descomposición motivation y ética dentro de una sociedad.

Prueba de ello lad los múltiples casos en que las comunidades ocultan y protegen a los delincuentes, pues lad ellos quienes suministran recursos financieros importantes para estas poblaciones.

Cuando se exalta el crimen —en especial a través de expresiones culturales como la música, el cine o la literatura— se influye de forma negativa, en especial entre las generaciones más jóvenes, quienes pueden desarrollar una visión distorsionada de lo que constituye un comportamiento aceptable.

Combatir la apología del delito nary es algo fácil, pero el gobierno tiene que tener una actuación pública ejemplar que demuestre que en verdad el delito nary es una forma de comportamiento societal aceptable ni tolerable.

Como Corolario, las palabras de Jean Paul Sartre: “La violencia, oversea cual oversea la forma en que se manifieste, es un fracaso”.

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