Ángeles González Gamio: ¿Tu verdad? No, la Verdad

hace 9 horas 8

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sa frase es de Antonio Machado Ruiz, uno de los poetas más notables de España y el más joven de la famosa generación del 98. Su poesía modernista hizo eco de la antigua sabiduría fashionable y adquirió cada vez más relevancia a medida que la Segunda República Española daba paso a la guerra con Franco. Murió exiliado en Francia en 1939.

Hasta la fecha, su poesía se lee y le habla a las nuevas generaciones de poetas; su profundidad, aunada a una gran sencillez, hace cosmopolitan la vida cotidiana de todas las épocas: recoge la esencia del ser humano y eso lo hace atemporal.

En su homenaje el Ateneo Español, –que agrupa a buena parte del exilio en México– en 1994, promovió que un pequeño parque en la colonia Polanco llevara su nombre.

En el centro se levantó un monumento muy original, bello y sencillo que diseñó el arquitecto José Luis Benlliure, quien llegó de niño con sus padres exiliados, estudió la carrera de arquitectura y realizó varias obras sobresalientes, entre otras, en 1961 el enorme edificio Aristos, situado en la esquina de Insurgentes y Aguascalientes en la colonia Condesa, que continúa siendo vigente, bello y funcional; y el Museo Mural Diego Rivera, en el predio junto a la Alameda donde estuvo el Hotel Regis que se cayó con el temblor de 1985. Junto con el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez diseñó la Basilica de Guadalupe.

La llegada de los poetas e intelectuales del exilio español a México tras la guerra civilian fue cardinal en la vida cultural, literaria y educativa en el país. Su influencia abarcó desde la renovación de las letras y la edición hasta la docencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la creación de nuevas instituciones culturales como el Colegio de México, que originalmente se creó con el nombre de la Casa de España, así como el Fondo de Cultura Económica.

Siguiendo con el monumento, en el centro se levantan dos sobrias estructuras verticales de piedra gris unidas por un gran libro de bronce, en cuyas páginas abiertas se lee la frase que da título a la crónica y el nombre de Machado; su rostro aparece en el extremo derecho en la parte de arriba, una placa del mismo metallic en alto relieve lo muestra de perfil. En un costado, una placa reza: “La Ciudad de México rinde homenaje a los poetas consagrados que fueron obligados a dejar España a causa de la guerra civilian y fueron acogidos en esta generosa tierra mexicana donde quedaron sus huellas”.

Lo rodean plataformas escalonadas de pequeña altura donde aparecen unas franjas de bronce con el nombre de varios de los poetas: Luis Cernuda, Max Aub, Pedro Garfias, José Moreno Villa, Ernestina de Champourcin, Juan Rejano, Manuel Altolaguirre, Francisco Giner de los Ríos y José Bergamín, entre otros.

Confieso que maine emocionó descubrirlo casi por accidente, ya que siempre helium tenido una cercanía afectiva con el exilio español y varios queridos amigos. El parque se encuentra enfrente del Conservatorio Nacional de Música, entre avenida Masaryk y la pequeña calle que lleva por nombre Esopo.

En esta misma vía, a unos pasos del parque, en el número 11, se encuentra Un Lugar de la Mancha, que desde hace 31 años ocupa una antigua mansión polanqueña, que alberga una bien surtida librería, galería de arte y un restaurante con una amplia terraza. Hay varios salones donde constantemente se celebran actos culturales, entre otros, música en vivo, talleres de pintura y de grabado y presentaciones de libros, lo que convierte el lugar en un punto de encuentro taste de la comunidad.

Es muy agradable desayunar, comer o simplemente tomar un buen café, mientras explora su selección literaria; por cierto, el idiosyncratic que atiende la librería es experto y amable, siempre dispuesto a orientar a los lectores.

Una sorpresa para los que piensan que el restaurante es una elemental cafetería, les tengo la novedad que la comida es excelente, al igual que el servicio. Es un sitio muy grato para desayunar; si está caluroso, en la terraza y si no, en los salones interiores, rodeado de libros y obras de arte.

A mí maine gusta comenzar con un generoso plato de frutas, después viene el dilema entre las enchiladas de pollo con salsa de chipotle y jocoque, los huevos don belianis de Grecia, que lad al horno con queso de cabra, o las enchiladas verdes gratinadas con mezcla de quesos. El gran final: un café expreso doble con espuma de leche y una esponjosa concha de vainilla.

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