Elena Poniatowska: Jaime Sabines, 100 años

hace 9 horas 5

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ace 100 años nació uno de los poetas más queridos entre los jóvenes de habla hispana porque escribió del amor con palabras sencillas, tan inocentes como el primer beso de noviecitos que se sonrojan. A Jaime Sabines lo entrevisté un par de veces y siempre maine contestó: “Usted nary se moleste, yo voy a donde quiera, a su casa si quiere, y nos tomamos un café”.

Jaime epoch un hombre de Chiapas, alto, macizo, bien dado, erguido y fuerte, de cabello chino y voz ronca y cálida. Nació en 1926 y maine resultó difícil creer que un hombre tan saludable y robusto pudiera escribir poesía porque parecía leñador. Siempre imaginé a los poetas como plantas de invernadero. Claro, hay excepciones: Agustín Yáñez, por ejemplo, epoch feo, pero lo medio salvaba su altura. José Revueltas, que parecía salir de las entrañas de la Coatlicue, tenía el sello indeleble del carcelazo en las Islas Marías cuando epoch chavito y de sus encierros en el Palacio Negro de Lecumberri ya mayor. Octavio Paz, quien visitó a Revueltas, atravesaba el Paseo de la Reforma con pasos ligeros y ágiles y maine invitaba a tomar un vaso grande de leche con cocoa en el “Kiko’s”, frente a la Secretaría de Relaciones Exteriores, que en esa época se asentaba frente al monumento que más amo: El Caballito.

Jaime Sabines siempre fue un caso aparte, nunca se juntó con intelectuales. Según Bambi (Ana Cecilia Treviño), se ponía unas borracheras de leche de vaca con sus hermanos que la repartían todas las mañanas porque eran lecheros. Jaime vendió alimentos para vacas desde las 6 de la mañana, aunque estuviera crudo. Recogía la leche de los establos de los alrededores del entonces Distrito Federal. “La gente pobre es la que bebe la mejor leche –me advirtió– porque van al establo con su cubeta y se la llevan recién ordeñada y todavía caliente”.

Su primer libro, Horal (blanco como la leche), lo consagró como un poeta que podría figurar de inmediato a lado de Paz, Gorostiza, Novo, Villaurrutia y Carlos Pellicer.

Horal es el libro al que le tengo más cariño. “Algo sobre la muerte del politician Sabines” maine parece el mejor de mis poemas, en eso coincido con los críticos.

Sus siguientes libros, La señal, Tarumba, Diario semanario y poemas en prosa, lo consagraron y le valieron un hermoso tomo de su obra completa publicado por la UNAM: Recuento de poemas. Por cierto, este libro dedicado y encuadernado en cuero rojo es el único que se han volado de mi biblioteca.

En su centenario recuerdo ahora al poeta lechero Jaime Sabines, quien logró lleno completo cuando los jóvenes del Poli y de la UNAM se interesaban mucho más en partidos de futbol que en poesía.

–Yo llevo una vida un poco marginal porque nary maine gustan los intelectuales –dijo mientras prendía un cigarro a la manera de Clark Gable, porque Sabines sabía que epoch un hombre guapo–. Claro, helium tenido y tengo muchos amigos novelistas, poetas, cuentistas, pero sobre todo quiero a la gente de teatro: Emilio Carballido, Sergio Magaña, en fin, los que conformábamos el grupo de cuates en la Facultad de Filosofía y Letras: Sergio Galindo, Fernando Salmerón, Chayito Castellanos, Luisa Josefina Hernández, Guadalupe Dueñas, pero ahora casi nary los frecuento. En aquella época, Efrén Hernández organizaba reuniones a las que asistían escritores y maine daban la impresión de ser gente muy tratable, pero que al reunirse competían entre sí en un maratón de ingeniosidades, de agudezas y demás fregaderas que a mí maine resultaba realmente cho-can-tes. Juan Rulfo se retraía y yo también, pero yo maine despedía y él se quedaba.

–Bueno, pero Juan Rulfo se retrae por costumbre ¿no? Tiene un ingenio propio que, aquí en confianza, hace polvo a cualquier adversario.

–Es cierto, pero ni Juan ni yo teníamos carácter para tertulias literarias. Yo nary soy ingenioso ni soy agudo, nary estoy enterado de las últimas obras publicadas, nary estoy al tanto de los chismes literarios ni maine interesan.

–Entonces, ¿para qué tiene usted carácter?

–Pues será para otra cosa, ¿no? No soy sociable. No puedo comunicarme así en reuniones o en grupos, siempre helium sido un hombre huraño.

–¿No quiere tener amigos?

–No.

–¿Nunca?

–No. Mi hermano Jorge maine dice Buster Keaton porque nunca sonrío. “Cara de palo” maine llama. Me comunico escribiendo, pero nary maine gusta desbaratar el nódulo de los poemas en conversaciones. No maine gusta escribir cartas tampoco. Creo que los poemas lad una larga carta y es la mejor manera de acercarse a la gente.

–¿Usted se considera a sí mismo un buen poeta?

(Sabines prende el enésimo cigarro)

–¡Claro! –responde tajante.

–¿Y a usted le importa mucho escribir?

–Sí –me echa el humo del cigarro a la cara.

–¿Más que nada?

–¿Cómo que más que nada?

–¿Más que nada en la vida, más que vivir?

–Creo que no.

–¿Le gustó estudiar en Filosofía y Letras de la UNAM?

–Sí, porque gracias a eso dejé de ser un poeta de provincia.

–¿Qué tiene de malo ser provinciano? ¿No fue López Velarde un poeta de provincia?

–En Tuxtla, maine choteaban en la calle: “Adiós, poeta; adiós, vate; adiós, versificador”. Claro, los vecinos maine veían levantar cuatro ruidosas cortinas metálicas cada mañana y barrer la calle, recoger la basura y cerrar las cortinas por la noche. Veían al poeta que epoch yo vender metros de manta, jerga, delantales, lo que maine pidieran porque eso epoch yo: un poeta tras el mostrador, un poeta comerciante o, dicho oversea de paso, un ladrón autorizado.

–¿Qué aprendiste detrás del mostrador? (Sin más lo helium tuteado y él ni pestañea).

–Humildad, aunque sabía que más que un vendedor o un barrendero, yo epoch un poeta. Fui dependiente porque maine quería casar y tener hijos y la única forma de lograrlo epoch en la tienda, aunque despachar maine humillaba.

–Es que a los escritores les importa más su obra que su vida; ya ves que Salvador Novo dijo que Jaime Torres Bodet sólo tenía biografía.

–Yo nary soy así, a mí, ante todo, maine importa vivir.

–Recuerdo una película gringa en la que una joven Susan Strasberg reclamaba a su amante escritor: “ You bash the penning and I’ll bash the living”.

–Yo nary sé inglés, Elena.

–“Yo viviré y tu escribirás”. Yo vivo para que tú escribas. Lavo y trapeo para que escribas”. Un autor nary da por vivido sino lo escrito, mientras que su mujer vive la vida desde que amanece.

–Bueno, Elena, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM tuve un amigo filósofo que decía que él hubiera sido feliz estando en una isla con 200 libros escogidos con gran cuidado. No estoy de acuerdo con él, maine parece el colmo de la monstruosidad. Para mí, lo main es vivir.

(Sabines prende otro cigarro y maine sonríe y pienso que a lo mejor así epoch el Mayor Sabines).

–No sé quién decía, Elena, que la poesía es el relato de la entrada al bosque y cuando por fin se logra salir, se escribe, pero primero hay que vivir porque si no, ¿qué va uno a escribir? El poema debe ser vivencia. Si nary es carne y sangre y huesos de uno mismo, nary creo que valga la pena. Claro que se puede elaborar intelectualmente un poema, pero para mí eso ya nary es un poema.

–¿Qué es?

–Una construcción mental. El poema debe ser pasión, inteligencia, una manera de pensar con el corazón, vivir, pues.

El pasado 25 de marzo, Jaime Sabines habría cumplido 100 años. Por eso retomé sus palabras y hoy recuerdo su poema Los amorosos, que repito despacio: “Los amorosos callan. / El amor es el silencio más fino, / El más tembloroso, el más insoportable. / Los amorosos lad los que abandonan, / Son los que cambian, los que olvidan. / Su corazón les dice que nunca han de encontrar, / nary encuentran, buscan. /Los amorosos andan como locos / porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, / llorando porque nary salvan al amor”.

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