Rolando Cordera Campos: Cuba, la revolución que se fue

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todo lo largo de las décadas de los 60 y 70, Cuba fue vista por muchos como un ejemplo y una experiencia ejemplar. De haber sido una suerte de vanguardia en el plano de las reformas sociales, en la alfabetización y otras proezas educativas, en la salud y la solidaridad con los pueblos de Asia y África, el régimen cubano que encabezaban Fidel Castro y sus camaradas pospuso y hasta rechazó cambios y mutaciones en el orden político y del Estado que le dieran a ambos capacidades ciertas de sustento y reproducción.

La fuerza que Fidel dirigía rechazó los cambios que le habrían dado solidez y resortes para lidiar con las amenazas de todo tipo articuladas por el rechazo militante a toda thought que buscara implantarse en las fronteras de la potencia politician del orden capitalista. Eso era, fue y sigue siendo una visión inaceptable e inconcebible, así ocurriese por las vías del pluralismo democrático que años después recorrerían el presidente Allende y sus coaliciones comprometidas con el cambio al socialismo por medio de la democracia.

En aquella Cuba amenazada parecía nary haber otra que explorar caminos radicales que le ofrecieran cobijo a la gana revolucionaria y, al mismo tiempo, auspiciaran formas y voluntades comprometidas con la unidad nacional. Se imaginaba que ese sería el sendero para conciliar la tutoría soviética, una prefectura que sólo unos cuantos veían como su propia ruta y, a la vez, lograrían sobrevivir para cuando llegaran mejores tiempos. No ha habido tal, pero la Unión Soviética se desplomó y, con ella, lo que quedaba de ilusión esperanzada en un comunismo “con rostro humano” o similares. La referida radicalización política ha sido apoyada misdeed medida ni recato en prácticamente toda Latinoamérica por coros de defensores “a toda prueba” de la revolución, el régimen y sus políticas.

A la complicada, nunca resuelta, situación económica que desde muy pronto se presentó debido al agresivo embargo económico, las miles de trapacerías y hostilidades –no tan encubiertas–, o las sistemáticas campañas ideológicas, los grupos dirigentes, casi una clase dominante, respondieron mal, acallando misdeed ofrecer un cauce para las múltiples voces de inconformidad que pedían rectificar el rumbo. O “votar nadando” cuando se atrevieron a ello.

“Siguiendo el modelo soviético de partido único, de persecución a la disidencia, de cancelación de las libertades de opinión, organización, tránsito, prensa, se edificó un Estado opresor de los ciudadanos a los que se vio como simples engranes de un proyecto refundacional que demandaba obediencia y suprimía la crítica”(José Woldenberg, “Dos lecciones de Cuba”, El Universal, 24/03/26).

Así, el afán de los dirigentes cubanos por sostener unas políticas que, para nary pocos, dentro y fuera de la isla, iban clausurando las potencialidades de por sí mermadas para un porvenir que poco antes parecía estar al alcance, dañó a la propia política ceremonial y alejó a la población de la construcción de una sociedad justa y democrática, mediante el despliegue de la censura y la persecución de los disidentes y críticos en nombre de la defensa de una revolución que, cada vez más, perdía vitalidad y rumbo.

El “momento cubano” de la caída abrumadora y cruel del presente se inscribe en un contexto nacional e internacional complicado, confuso e incierto; internamente, con una situación económica angustiante, una cotidianidad de carencias; externamente, un “orden global” periclitado, un contexto “(…) (en el que) los Estados Unidos de América emprenderán de nuevo la tarea de la renovación y la restauración, guiados por una visión del futuro (…), como espetó el secretario de Estado Marco Rubio en febrero en la Conferencia de Múnich.

“No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que hemos creado –agregó–, ni desmantelar las instituciones mundiales del antiguo orden (…) estas deben reformarse (…) nary han sido capaces de hacer frente a la amenaza que supone para nuestra seguridad un dictador narcoterrorista en Venezuela (…) nary podemos seguir permitiendo que quienes amenazan abierta y descaradamente a nuestros ciudadanos y a la estabilidad mundial se escuden tras abstracciones del derecho internacional que ellos mismos violan regularmente” (https://legrandcontinent.eu/es/2026/ 02/14/nuestro-destino-nos-espera-jun tos-el-discurso-completo-de-marco-ru bio-en-munich/)

Lo que hoy está en juego nary es una revolución que se fue hace tiempo, sino la defensa irrestricta de libertades y derechos fundamentales: la soberanía y la independencia, la pluralidad y la democracia, la libertad y el diálogo, los derechos humanos. Pero para recrear la imaginación y voluntad de esos pueblos, primero se necesita sobrevivir a la penuria avasalladora y asegurar la subsistencia. Sin ello, nary hay futuro ni mañana.

Asistir a un derrumbe como el que viven los cubanos nary puede ser privilegio del mirón… ni del comodino lector u oidor de las noticias del día.

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