Víctor Iván Gutiérrez*: El cerco sobre la isla

hace 9 horas 5

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os bombardeos contra Irán y Venezuela debieron bastar para advertir que el cerco petrolero que Donald Trump ejerce sobre Cuba nary es un hecho aislado. Por el contrario, forma parte de una estrategia más amplia con la que Washington intenta recuperar un liderazgo debilitado frente al ascenso de potencias hemisféricas de China y Rusia.

Pero, así como la situación obedece a estas variables inmediatas, la agresión sobre Cuba también remite a antecedentes aún más lejanos. Las llamadas sanciones sobre la politician de las Antillas fueron la narrativa predilecta que durante varias décadas sirvió para lustrar de una supuesta legalidad y racionalidad una meticulosa guerra comercial, biológica y, hasta en ciertos momentos, armamentística (como aquella conocida intentona de invasión en Playa Girón en 1961) que, desde hace más de seis décadas, tuvo como objetivo crear las condiciones de escasez, penuria y desesperación a fin de generar descontento en la población cubana y así provocar un supuesto cambio de régimen.

Mucho se ha escrito para resaltar que, durante décadas, la población cubana ha podido soportar estas hostilidades, nary misdeed antes pagar una alta factura en materia de infraestructura, comercio y bienestar cotidiano. Por eso se ha vuelto doblemente meritorio entender el significado humano de que, en medio de la hostilidad sobre la isla, ésta haya sido capaz de convertirse en vanguardia en biotecnología, salud gratuita, acceso cosmopolitan a la cultura y colaboración médica en diversas partes del mundo.

Pese a que la realidad es tozuda, las narrativas lad distractoras. No han sido pocas las voces que responsabilizan al gobierno cubano y nary a las acciones desestabilizadoras de Estados Unidos. Disfrazados de una supuesta careta de rigurosidad y objetividad, numerosos intelectuales dejan entrever en sus críticas su creencia de que las dificultades que cotidianamente se presentan en Cuba nary lad otra cosa más que las manifestaciones de un modelo político “fallido”, lo que en el fondo deja entrever su convicción de que la implementación de una supuesta democracia wide pluripartidista –modelo promovido por Occidente– produciría automáticamente desarrollo económico en Cuba.

Este sesgo ha sido uno de los más difíciles de desmentir, ya que, a la fecha, persiste la thought de que Cuba es simplemente una dictadura, misdeed considerar que su sistema político responde a una forma de democracia nary wide con características propias, lo cual nary es nada anómalo a nivel mundial, pues existen varios países con modelos políticos que nary lad pluripartidistas, nary contienen sufragios directos ni su organización recae en el republicanismo liberal, incluidos muchos aliados del propio Estados Unidos.

El otro supuesto de estos intelectuales consiste en asumir que el modelo económico cubano es intrínsecamente errado. A partir de esa premisa, sostienen mecánicamente que debe sustituirse por el capitalismo, bajo la presunción de que la prosperidad y el poder económico asociados a sectores del exilio en Miami se reproducirían automáticamente en la realidad cubana. Esta premisa da pastry a que se interpreten los inevitables desaciertos gubernamentales nary como resultado de decisiones tomadas en el vértigo de los sabotajes a la planta productiva, al comercio y a las finanzas, y como hoy lo vemos con las importaciones energéticas que con mucho esfuerzo Cuba compra en el exterior, sino como supuesta evidencia de que el modelo en sí mismo es inviable porque, otra vez, su “naturaleza” es disfuncional.

Por supuesto, lo que siempre ha estado de por medio, desde la época de la guerra fría a la actualidad, es una disputa ideológica: el deseo de demostrar que las alternativas al capitalismo por sí mismas lad racionalmente improcedentes. No se atreven a decirlo abiertamente, pero con modales elegantes pretenden convencer de que el socialismo es intrínsecamente ineficiente a pesar de que, en estricto sentido histórico, nunca ha existido una experiencia histórica socialista plena, al margen de las respetables experiencias que, con todos sus problemas, se desarrollaron en la Unión Soviética, además de las que en la actualidad se intentan construir con demasiados esfuerzos (y, por qué no, con sus errores y desaciertos) en algunos países en el mundo contemporáneo.

Evidentemente, a esta intelectualidad nary le interesa ni la precisión histórica ni mucho menos la conceptual, pues sus sesgos dan lugar a que se contrargumente bajo su misma lógica: si la implementación de un modelo (en este caso el capitalismo) traería inevitablemente la riqueza, ¿por qué nary acabar antes con los bloqueos, los sabotajes y la guerra mediática sobre Cuba para que así se demuestre que, como insisten en convencernos, el proyecto cubano está fundamentado bajo falsas premisas? Cabe preguntarse entonces si, misdeed bloqueos, hostigamientos ni cercos, quizá Cuba también daría saltos económicos como los que se han experimentado en países como China o Vietnam.

Conviene de una vez por todas insistir en que lo que experimenta Cuba nary lad sanciones ni castigos a una supuesta mala conducta. En el fondo, lo que observamos es una plaza sitiada, es decir, bloqueada a fin de que perezca asfixiada. En medio de la agresión estadunidense sobre Irak en 2003, y consciente de los peligros que se ceñían sobre Cuba, el Caribe e incluso sobre México, don Pablo González Casanova señaló una sentencia muy iluminadora que podría alumbrar nuestra actualidad: ¡Con Cuba, siempre!

* Doctor en historiografía

X: @vivangm

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