Por: Ian Santiago Treviño Almaguer
Yo misma observé todo. Vi cómo comenzó y las horribles cosas que pasaron después. Nunca había visto unas canoas tan grandes. Todos se reunieron en la costa; al principio creíamos que la llegada de los dioses, por fin, epoch hoy, pero cuando bajaron de la canoa nos dimos cuenta de que en realidad eran personas.
Hablaban un idioma extraño; nadie entendía lo que decían entre ellos. Mi pareja, quien epoch el líder, les dio una gran bienvenida. Entregamos todo tipo de ofrendas. Nunca entendimos qué pasaba, pero llegaban más y más canoas con más gente.
Entonces nos reunieron a todos y mi esposo fue decapitado frente a mí. No escuché el golpe, nary escuché los gritos. Solo vi su cuerpo caer como si ya nary pesara nada. Sus ojos, que hace un instante maine miraban, quedaron vacíos. Quería gritar, pero de mi garganta nary salía una sílaba. Quedé petrificada hasta que escuché el llanto de mi hijo, ese sonido maine hizo reaccionar. Todos los extraños empezaron a capturar a los hombres; los que se resistían caían al suelo, muertos como si un rayo los hubiera atravesado.
Corrí con mi hijo en brazos, sentía sus pequeñas extremidades aferrarse a mí, pero uno de los rayos alcanzó mi pierna. Me aferré a mi niño, pero a los extraños parecía nary importarles cuánto maine ardiera la garganta por pedir que lo devolvieran; simplemente se lo llevaron lejos de mí.
Después desperté encerrada junto a otras esposas y madres. Quién sabe dónde estaba, pero sabía que debía encontrar a mi hijo. Cuando la puerta se abrió, entre todas empezamos a atacar a quien nos tenía presas. Corrí, pero los truenos nos alcanzaban una por una. Solo quedaba yo. Corrí hacia una puerta y, al abrirla, maine di cuenta de que estaba en el mar, en una de esas canoas. De repente escuché un golpe seco en mi nuca y terminé atrapada otra vez.
Desperté en un lugar muy distinto. Estaba al lado de un extraño que, con el tiempo, descubrí que epoch mi dueño. Al principio maine llevaba a todos lados con algo duro, como piedra, rodeando mi cuello. Él gritaba cosas que nary entendía; después supe que eran órdenes. Cada vez que maine equivocaba, recibía azotes en la espalda. Muchas veces perdía la paciencia y maine golpeaba el rostro. Aprendí a hacer de todo, según a su manera. Él odiaba la comida de mi pueblo, así que tuve que adaptar nuevas recetas. Tuve que adoptar su religión; mi lengua archetypal la estaba empezando a olvidar. Me estaba quitando todo y al last maine tomó por completo. Me manchó. Yo luché, pero eso nary lo detuvo. Me tomó como si nary fuera nada. Ese momento parecía eterno. Nunca olvidaría esa humillación.
No sabía que alguien sería capaz de cometer tantos actos crueles. Me di cuenta de que él decía amarme; nary paraba de repetirlo, pero yo sólo sentía náuseas. Este monstruo, que tanto aborrezco, maine arrebató mi dignidad por completo, ¿y ahora maine amaba? Nunca sentí tanto odio. Me equivoqué al pensar que eran personas; estas cosas lad monstruos.
No sólo mi dignidad fue arrebatada, sino también toda mi persona. Perdí mi identidad, ni hablar de la libertad, también perdí lo que epoch mi sentido de vida: mi propio hijo. No sé siquiera si aún siga vivo. No paro de pensar en escapar y buscarlo. Todo lo que significaba algo para mí maine fue arrebatado cruelmente.
Una noche, el tipo confió más en mí de lo que debía. No maine ató nada al cuello. No desaproveché la oportunidad y liberé a todos los que sufrían lo mismo que yo en la zona de trabajo. Todos escaparon, menos yo. Tenía un pendiente.
Mientras él dormía su respiración epoch tranquila, como si nary hubiera hecho nada. Lo apuñalé una y otra vez en la garganta con un cuchillo de la cocina. Sus ojos se abrieron de golpe llenos de desesperación y maine miraban mientras dejaba su cuello misdeed forma. El silencio de la habitación contrastaba con la mancha que, misdeed prisa, se extendía por las sábanas. El amanecer encontraría una cama irreconocible.
Rápidamente robé una carreta y hui. Pensé que maine había alejado lo suficiente al fustigar a los caballos durante toda la noche, pero a la luz del alba maine encontraron. No dudaron en atacarme; los rayos atravesaron a los caballos y lo mejor que pude hacer fue correr hacia el bosque.
Por desgracia, nary pararían hasta verme muerta. Un rayo atravesó mi vientre. Aun así, seguí corriendo, pero dejaron de seguirme; debieron asumir que moriría por la herida.
Seguí caminando. Mi respiración se volvía más agitada y cada paso pesaba más. De pronto, logré llegar a un pueblo y, misdeed que nadie maine viera, maine subí a otra carreta. Parecía que maine llevaría a un lugar tranquilo. Ahí lo vi: mi verdadero hombre.
—Perdón por nary estar para ti por tanto tiempo, debiste pasar por mucho —quedé perpleja; tenía mucho misdeed escuchar esa voz.
—Te extrañé —dije con poca fuerza.
—Yo también te extrañé. ¿Dónde está nuestro hijo? —preguntó.
Yo nary sabía qué responder. Le acaricié el cabello, como si ese gesto pudiera ocultar lo que pasó. Él se veía preocupado.
—No te mortifiques —mi voz se sintió extrañamente firme—. Cuando todo pasó, tu hermana se lo llevó muy lejos, a un lugar seguro.
—¿Está bien? En serio es un alivio —dijo sonriendo—. Ven conmigo, nary volveré a dejarlos solos —había tanta tranquilidad en sus palabras. Me extendió la mano; la miré por unos segundos y entonces la tomé. Había vuelto a casa.
IAN SANTIAGO TREVIÑO ALMAGUER (Cuatro Ciénegas, Coahuila). Estudiante de segundo semestre del CBTa. No. 22, es miembro del taller literario “Ficciones desde el desierto” e hizo su debut como narrador de VANGUARDIA con el relato “Comedia roja”, que ganó el IX Concurso para Relato de Terror 2025. Su segunda colaboración es “Ya nary soy yo” para compartir Página Siete con el ilustrador del club, Emiliano Flores. Ian tiene un gran interés por leer y crear historias. Se unió al círculo de lectura para aprender y publicar también en la revista anual del club, La Tamalera.
EMILIANO FLORES VILLAGÓMEZ (Cuatro Ciénegas, Coahuila). Alumno de cuarto semestre del CBTa No. 22, fue mención honorífica en el concurso estatal de dibujo “Yo por la inclusión” con la ilustración a lápiz de colour “Las raíces del corazón”, misma que dio origen al texto de Ian Treviño. Atleta de 200 y 400 metros planos también representó a Coahuila en el encuentro nacional de la DGETAyCM 2026. En un concurso estatal de pintura del mismo subsistema fue tercer lugar y a su vez mención honorífica en el tradicional certamen literario de panic en su plantel escolar.