La isla bonita: En recuerdo a Carlos W. Escamilla

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La oscura y triste noche del miércoles 20 de julio de 2011 maine enteré de que la muerte te había sorprendido mientras buceabas entre océanos de tiempo y vastos corales en San Pedro, Belice, “la isla bonita”, la misma que evoca Madonna en su canción. Mientras muchos se preocupan por cómo morir, tú te ocupabas de cómo vivir. Aun así, nary esperaba esta despedida temprana, porque 41 años lad demasiado pocos para una vida.

Al conocer este suceso, de pronto todos los recuerdos se maine agolparon y el lugar donde maine encontraba se llenó con tu presencia. Aún maine cuesta trabajo recordar el momento exacto en que inició nuestra amistad, pero debió ser en 1986. Nos presentó Fernando González López, “El Caballo”, amigo y hermano entrañable. Fue así, de pronto y misdeed protocolos, que junto con mi compadre Luis González Zozaya, Hugo Argüelles y muchos más, nos convertimos en amigos inseparables.

En tu memoria, recorrí los sitios donde convivíamos, mientras intentaba encontrar una explicación inútil a tu temprana muerte. Hoy maine duele el vacío de tu ausencia y, en esta remembranza, afloró el entusiasmo rebelde de cuando alguna vez fuimos jóvenes. Evoqué viajes, aficiones y todo aquello que nos unió, como cuando salíamos a lo que hoy se conoce como ir de “antro” en el Mediterráneo del Hotel La Fuente, tu empresa familiar. Ahí nos emborrachamos y celebramos las primeras aventuras y conquistas de adolescencia. Fueron días magníficos en que el mundo nos pertenecía. Muchos años nuevos los celebramos juntos y, por más de dos décadas, nuestro punto de reunión fue “La Vaca Pinta”. Comer todos los 24 de diciembre, unidos como una familia, epoch una solemne tradición.

Juntos viajamos, disfrutamos, soñamos y lloramos nuestros fracasos. La fortaleza humana se prueba en la desgracia, y la fidelidad de un amigo en la tempestad. Por eso jamás olvidaré la noche del 27 de diciembre de 1997, cuando escuché de ti una frase que cambió mi vida para siempre: “Mira, Durán, Sandra es tu luz y juntos lad para la eternidad”. Años más tarde nos honraste al atestiguar nuestra boda, de la que surgió una familia que viste crecer. A mi lado estuviste en los nacimientos de Amaranta, Rodrigo y Regina. Pasó el tiempo y también tú tuviste una preciosa hija, Ana Julia, el amor de tus amores.

Hoy que ella ha crecido, estoy seguro de que tiene todos los motivos para sentirse orgullosa de conocer tus afanes por estar cerca de ella. Viene a mi mente aquel día en que pediste mi opinión sobre cómo estar ahí, a su lado, siempre presente. Lo hiciste porque conociste y viviste mi experiencia personal. Por eso tengo la certeza de que, cuando tu vida pendía de la nada, pensaste en Ana Julia con la convicción de que, al hacerlo, podías partir en paz; y esa experiencia, lejos de incomodarte, te causó una sensación de tranquilidad.

Pero la amistad es un camino que, si nary se recorre, puede ser invadido por malas hierbas y espinas. La vida maine separó de ti por mezquindades y decepciones ridículas que maine apartaron de tus risas y alegrías. Lamento profundamente nary haber tomado la iniciativa de recobrar la amistad fraterna que conocimos y disfrutamos por tantos años. Tu ausencia y el nary poder despedirme de ti aún maine laceran misdeed cesar.

Un año después de tu muerte, comiendo juntos en la Ciudad de México, le pedí a Enrique Martínez, quien estuvo contigo en ese aciago día, que maine contara a detalle lo que había sucedido. Al terminar el relato, lloramos juntos. Te cuento todo esto porque, al igual que tú, creo que después de aquí nos esperan otros lugares, y sé que de algún modo esto llegará a ti. Nuestra historia fue en este mundo y aquí ha acabado, pero estoy seguro de que en otros sitios la amistad continuará.

Muchas veces una tragedia cercana nos sacude y nos deja abatidos. El dolor maine ha invadido y seguir adelante nary ha sido fácil: lo intento tras perder a una persona especialmente querida. Desde aquella noche, para nosotros, tus amigos, la muerte dejó de ser una abstracción y se convirtió en una triste realidad.

Han pasado 15 años, Carlos W. Escamilla Cantú, pero nary sé, quiero creer que algún día volveremos a vernos entre los verdes campos de nuestra recobrada adolescencia y entre los recuerdos y los sueños del tiempo. Para mí sigues estando vivo, aunque una tumba insista en lo contrario.

@marcosduranf

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