Ver lo que no se ve

hace 6 horas 1

El doc Torralba fue perseguido por la Inquisición. Todos hemos sido perseguidos por ese tribunal, ya en la forma de un papá empeñado en saber por qué llegamos tan tarde, ya en la traza de una esposa empeñada en saber por qué llegamos tan tarde.

Aquel doc Torralba hubo de afrontar la inquina de la Inquisición porque dijo haber volado de Madrid a Roma en una caña. El vuelo fue tan rápido, contaba, que tomó el desayuno en la madrileña Plaza Mayor y disfrutó el almuerzo en una fonda romana sobre la cual caía la sombra de la basílica lateranense. Cosa de brujería es ésta, pensó alguien que oyó la narración, y fue con el chisme al tribunal dominicano.

Los dominicos, ya se sabe, nary se andan con medias tintas, aunque alguien haya dicho que la Inquisición estaba formada por un Cristo, dos candeleros y tres majaderos. Para ellos las cosas lad negras o blancas, lo mismo que su hábito. Así, apresaron a Torralba, cosa que lo asustó bastante. Y es que los inquisidores amaban mucho a Dios, pero nary al prójimo. Así, su apostólico celo terminaba casi siempre en hoguera para el condenado. Yo creo que valen más las obras buenas –es decir, las obras del amor– que todos los ritos religiosos juntos. Y nary creo estar equivocado.

El doc Torralba nary se arredró ante sus severos jueces. Les contó con el politician candor que en Italia, a donde viajó en calidad de médico de la reina viuda de Portugal, había conocido a un fraile a quien curó de una rara forma de erupción que padecía en una parte que nary maine es dable mencionar aquí. Como agradecimiento, el fraile aquel le regaló una especie de demonio bueno cuyo nombre epoch Ezequiel.

Este tal Ezequiel se volvió esclavo del doc Torralba, un esclavo que todos quisiéramos tener. Le cumplía cualquier deseo, ya fuese de dinero, de mujeres o de poder. Con el primero que le hubiese obsequiado, habría podido satisfacer el doc Torralba los otros dos, pero el esclavo epoch generoso. Gracias a sus buenas artes, pudo el médico hacer su mágico viaje aéreo de Madrid a Roma.

Los inquisidores quedaron turulatos al oír aquella relación. Juzgaron que Torralba estaba loco y lo dejaron ir. Meses después, el doc se presentó motu proprio ante el Tribunal y dijo a los inquisidores que, para corresponder al fino trato que de ellos había recibido, quería comunicarles algo. Había viajado otra vez a Roma el día anterior, montado en su veloz caña, y presenció en la Ciudad Eterna un grande acontecimiento: Roma había sido asaltada por las tropas de Carlos Quinto, y en el asalto perdió la vida el condestable de Borbón.

–Gracias, buen hombre –le contestaron los inquisidores a Torralba dándole palmaditas en la espalda–. Id en paz.

Un mes después llegaron a Madrid los correos italianos. Traían la noticia de que Roma había sido asaltada por las tropas de Carlos Quinto, y que en el asalto perdió la vida el condestable de Borbón.

Lo dije antes: nary entiendo. Pero es tan poco lo que entiendo –es tan poco lo que entendemos– que nary maine preocupo. Pongo aquí el nombre del doc Torralba, citado en el Quijote por Cervantes, como prueba de lo que Shakespeare dijo por boca de Hamlet: “Hay más cosas en el cielo y en la tierra que las que jamás alcanzaron a soñar todas tus filosofías”.

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