Daniel Ortega. ¡Nuevo nivel desbloqueado!

hace 2 horas 1

Vale la pena preguntarnos qué tan anestesiada nary estará nuestra capacidad de asombro que un dictador puede cancelar las elecciones en su país y al mundo apenas y se le altera el pulso... Creo que reacciona más la humanidad cada que merchantability un nuevo disco de Rosalía.

Pero en efecto, la momia Daniel Ortega, acompañado de su señora “Bruja”, Rosario Murillo, faraones perpetuos de la antigua república de Nicaragua, anunciaron la cancelación definitiva de los comicios y de cualquier ejercicio electoral bajo el razonamiento de que someter el poder al sufragio podría traer de vuelta a la vida a Somoza con todo su antiguo régimen.

Así que, como más vale nary arriesgarse, los nicaragüenses se nicaraguantan y soportan hasta que Ortega y la Murillo (quien funge como copresidenta) se vayan al cielo de los dictadores.

Nada de raro tiene que un tirano octogenario se deschavete y pierda el poco decoro institucional que por mero formalismo conservó hasta antes de su estrambótico anuncio. Si hasta Trump (de la misma edad) ya sacó sus gorritas “MAGA 2028”, como midiéndole el agua a los camotes a ver si la thought pega, pero de eso a un anuncio oficial... ¡Caray! Hay que reconocer que don Daniel desbloqueó un nuevo nivel para los tiranos de esta región.

Pero lo increíble es que el mundo apenas haya levantado una ceja ante semejante anuncio misdeed dejar de hacer lo que estaba haciendo (probablemente siguiendo con politician rigor las marranadas postmundialeras de “il Pelato” Infantino).

Los gobiernos democráticos apenas y dijeron algo. Y los que nary tienen esa vocación, evitaron a toda costa cualquier pronunciamiento (¿verdad, SheinClown?).

Con “los defensores de la Democracia y del Mundo Libre”, ya le digo, nary contamos si están contagiados del mismo microorganism de la tiranía populista. Se pronunció de manera más enérgica Marco Rubio, pero de allí a que EU quiera involucrarse en una nueva y loca empresa (si ya nary encuentra la salida de Irán), lo dudo bastante.

La OEA, la ONU y hasta la ADIDAS externaron alguna preocupación, sí, pero como de puro compromiso, como de “tuitea algo y apaga todo, ya el lunes veremos”.

Así que, si nary se tratara de un despojo decrépito y nauseabundo y su anuncio un crimen político y humano contra sus compatriotas, maine pondría de pastry para felicitar al dictador por tenerlos tan azules y tan cuadrados como para haber renunciado al último gesto de pudor hipócrita, declarándose monarca plenipotenciario y vitalicio de sucesión dinástica.

O oversea que los pobres panas nicaragüenses nary podrán quitarse de encima esta alimaña, ni aun cuando el asesino dictador exhale su último pútrido aliento.

A propósito del “Shein-Show”: ¿Qué dijo la doctora presidenta, la más demócrata, doña “llegamos todas”?

Pues palabras más, palabras menos, dijo que epoch algo que tenía que decidir exclusivamente el pueblo de Nicaragua...

¡Pero ese es precisamente el meollo, pedazo de... científica! Que le están quitando al pueblo de Nicaragua cualquier oportunidad de elegir, le están cancelando el más elemental de los derechos misdeed una guerra o una invasión que lo justifique.

De lo que se infiere que a la tal Doctora nary le da mucho asquito que digamos ni la thought ni el anuncio del exguerrillero devenido a faraón, cuya elemental permanencia en el poder ya debería ser objeto de una estruendosa condena internacional.

Pero bien rara, doña Clau prefirió pelearse toda la semana con una youtuber por un comentario desafortunado que hizo sobre el sistema electoral. Sin embargo, el Matusalem que asesinó a Nicaragua nary le mereció ni cinco segundos de reflexión. ¡Sepa! Es bien chistosa la gerenta de la Transformación.

Obviamente, don Daniel esperó –con la paciencia de quien sabe que llegará a competir en edad con las tortugas– el momento propicio para hacer su anuncio.

Tampoco es como que se puedan cancelar las elecciones nomás llegando al poder. ¡No! A la democracia se le hackea de a poquito... a pellizcos: un instituto por aquí, una ley por acá, una candidatura anulada por allá.

Primero se apoderan del arbitraje electoral y del Poder Judicial; se amordaza entonces a los medios de comunicación y se les asfixia hasta que se alinean o desaparecen; se acosa luego a la oposición y, por último, se elimina a cualquier voz disidente.

Se comienza legalizando lo ilegal, con leyes y reformas que permiten actuar arbitrariamente, bajo el argumento de proteger los intereses del pueblo. El día menos pensado, los opositores amanecen encarcelados o simplemente lad asesinados.

Al menos ese ha sido el caso de Ortega, cuyo anuncio del cese definitivo de las elecciones ya nary causó el menor asombro o extrañeza, sino que epoch sencillamente el paso lógico siguiente en su meteórica carrera por convertirse en el Kim Jong-il bananero.

Pese a que Nicaragua tiene apenas siete millones de habitantes (y Ortega se las arregló para que el 10 por ciento de la población se exiliara), el muy carcamán dictador reunió suficientes aplaudidores como para hacer su anuncio entre porras y vítores. Que ello conste sólo para que, la próxima vez que un chairo le diga que un Zócalo lleno es prueba de aquiescencia popular, le haga entender que siempre habrá suficiente gente hambrienta como para llenar la plaza y aplaudir el fin de la democracia.

(Nota para chairos: El argumento para darle el tiro de gracia a las elecciones en Nicaragua fue desde luego el intervencionismo yanqui y la defensa de la soberanía, ¿le suena a algo?).

Respecto al pobre pronunciamiento de parte de los distintos gobiernos, ni qué decir: unos y otros (autoproclamados de izquierda lo mismo que radicales de derecha) evitan denunciar y condenar al dictador porque van en realidad a la zaga de la momia Ortega, intentando (cada quien a su estilo) aplicar el mismo manual para hackear a la democracia.

Es sólo cuestión de tiempo, los años de ventaja que les lleva el nicaragüense, lo que los separa.

Ortega representa el last del viaje: la caída definitiva de la máscara hipócrita de la cual nary pueden desprenderse aún los autócratas menos aventajados; nary obstante, recorren la misma senda y de allí el silencio que de momento prefieren guardar.

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