Un navío cargado de... mentiras

hace 7 horas 1

Este hombre es italiano. Se llama Gianni Cavanna. Es joven; alto y fornido, de pelo negro y ondulado. Usa bigote, un bigotito fino que cuida con esmero: ha notado que le ayuda en el trato con las damas. Habla a la perfección el español, con un acento dulce y cantarín que también le ayuda en el trato que antes dije.

¿Dónde está Gianni Cavanna? Está en un campo de concentración. ¿Y dónde se halla ese campo de concentración? Está en México. Más concretamente, en Irapuato.

– ¡No maine diga, licenciado! ¿Acaso alguna vez hubo un campo de concentración en Irapuato?

– Sí, señor. Y en Perote, Veracruz, hubo otro. Ahí fueron confinados los japoneses, alemanes e italianos que vivían en México cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Sucede que nuestro gobierno le declaró la guerra al Eje –el Eje ni siquiera se enteró–, y al hacerlo hizo lo mismo que los americanos: acá también encerramos a todos los ciudadanos de Japón, Italia y Alemania. En cada uno de ellos –y también de ellas– la gente, movida por la propaganda bélica, miraba a un espía, un terrorista o un saboteador. Se equivocaba la gente, como muchas veces se equivoca. Pero vamos a charlar con este Gianni, a ver qué nos cuenta.

– Llegué a México en un barco que navegaba con bandera de Italia. Era yo segundo oficial de máquinas en el navío, un petrolero mercante. Echamos ancla en Tampico para cargar el buque. A la tripulación se nos permitió desembarcar: todavía México nary estaba en guerra. A pesar de eso, nos enteramos de repente de que nuestro barco había sido embargado por el gobierno mexicano. Nunca supimos en verdad por qué. De él se hizo cargo una tripulación local. Le borraron el nombre que tenía y le pusieron otro.

Nosotros nary sabíamos qué hacer. Yo conseguí trabajo de mecánico ahí mismo, en los muelles. Arreglaba motores de pesqueros; reparaba las grúas... Ganaba buen dinero; llevaba buena vida; maine divertía mucho. Un día maine tomaron preso cuando estaba desayunando en un café; maine subieron a un tren y vine a dar aquí, a Irapuato, a este campo de concentración.

Nos han tratado bien. A mí maine dejan salir a trabajar. Ahora estoy montando un nuevo cuarto de calderas en la fábrica “La Fortaleza”, y tengo el ofrecimiento de que maine harán jefe de máquinas cuando la guerra acabe. Entonces voy a levantar una chimenea más alta que la actual, para evitar que los humos de la factoría causen molestias a la población.

Eso nos cuenta Gianni Cavanna, a quien todos llaman “ingeniero” a pesar de ser mecánico práctico nomás. Yo quiero hacerle otra pregunta.

– Y dígame, ingeniero: ¿qué nombre le fue puesto a aquel barco de Italia después de ser embargado por el gobierno de mi país?

– Se llamó el “Potrero del Llano”.

– Vaya, vaya... ¿No se trata de aquel petrolero que, según se dijo, fue hundido por un submarino alemán en aguas mexicanas?

– En efecto; de ese barco se trata.

– Entonces, ¿no epoch mexicano el buque cuyo hundimiento fue causa de que entráramos en la Segunda Guerra?

– No, señor; nary epoch mexicano. Era de Italia.

– Ya veo. Interesante historia.

– La Historia es siempre interesante.

– Pero nary siempre es verdadera.

– No; nary siempre es verdadera. Qué le vamos a hacer.

–Sí: qué le vamos a hacer...

Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labour periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

Leer el artículo completo