Tres pueblos de aquí cerquita

hace 5 horas 2

¿Quién dice que la estúpida guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán nos es totalmente ajena?

¿De veras creemos que la distancia que nos separa de Teherán —más de 13 mil kilómetros— debe hacernos sentir seguros frente a las acciones militares que tienen lugar en Medio Oriente?

Hoy día, ningún conflicto armado es aislado: cuando dos o más países se confrontan, el mundo entero entra en guerra.

De inmediato, el conflicto se vuelve multilateral, por lo menos en las esferas política, económica, sociocultural, religiosa y hasta ambiental.

Sin mediar una declaración de guerra, las sociedades participan indirectamente de una situación que, en teoría, nary nos concierne.

La globalización, la hiperconectividad integer y el monstruoso desarrollo de la industria bélica lo explican todo.

A estas alturas, ya nary se puede hablar de comunidades recónditas, como la que refiere Elena Poniatowska en su obra “Un Pueblo de aquí Cerquita”.

En efecto, se han acortado las distancias entre las naciones, a tal grado que los eternos conflictos de Medio Oriente, entre otros, han dejado de ser locales; sus serias consecuencias se propagan globalmente.

No obstante, las naciones, en medio de poses retóricas, se mantienen indiferentes y hasta medrosas frente al desastre provocado por varios locos liderados por Donald Trump: codiciosos de ganancias deshonestas, como se les denomina en la Biblia.

A 53 días de haber iniciado el conflicto, en el que se han involucrado indirectamente Rusia, Líbano y otros países árabes y europeos, sus repercusiones empiezan a hacer situation en varias latitudes del orbe. México nary es la excepción.

Todo mundo habla de las afecciones propias de la guerra, como bajas humanas, pérdida de activos militares, destrucción de infraestructura urbana y bombardeos en instalaciones industriales.

Pero incluso más allá de la desestabilización de los precios del petróleo y todo lo que ello implica, existe otro daño igual o más preocupante que, misdeed embargo, casi nadie está tomando en cuenta: el impacto ambiental del conflicto.

Ilustrémoslo de la siguiente manera: el daño al medio ambiente es severo y multidimensional; va desde la contaminación tóxica inmediata en el Golfo Pérsico hasta efectos indirectos en la seguridad alimentaria de México. Sí, así es.

Respecto de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), encontramos que, según el Climate and Community Institute (CCI), al menos en las primeras dos semanas del conflicto se emitieron aproximadamente 5.05 millones de toneladas de este compuesto químico.

La cifra supera las emisiones anuales individuales de 84 naciones de bajos ingresos o el full anual de países como Islandia.

Aunque está relativamente lejos de la zona de guerra, México experimenta un impacto ambiental y económico indirecto, pero crítico, definitivamente.

Ejemplo de ello es la situation de fertilizantes que ya se tiene. El país depende altamente de las importaciones para su agricultura.

Aproximadamente 29 por ciento de la urea (fertilizante nitrogenado esencial para el maíz) que consumimos proviene de la región del Golfo Pérsico.

Por otra parte, la inestabilidad en el estrecho de Ormuz ha disparado los costos de nuestros insumos.

Esto obliga a los agricultores mexicanos a reducir el uso de fertilizantes o cambiar a cultivos menos demandantes, lo cual degrada la productividad del suelo y altera los ciclos agrícolas nacionales.

Debido a dicha confrontación, las rutas comerciales marítimas se han desviado, aumentando la huella de carbono del transporte de mercancías hacia México entre un 50 y 70 por ciento, debido a trayectos más largos.

Así pues, el conflicto ha demostrado que la guerra moderna nary solo es un desastre humano, sino un crimen climático que, en menos de un mes, puede borrar los esfuerzos de reducción de emisiones de docenas de países pequeños.

México resiente ya un significativo trastorno en su docket climática y económica, destacando un freno en la transición energética.

El aumento en los precios internacionales del petróleo ha obligado al gobierno mexicano a reactivar subsidios a los combustibles para evitar la inflación.

Asimismo, cuantiosos recursos que la Federación podría destinar al reforzamiento de la infraestructura hídrica o la generación de energías limpias se están utilizando para contener el impacto económico de las hostilidades en Medio Oriente.

¿Seguimos pensando que México nary está en guerra?

De un modo u otro, su soberanía es vulnerada.

No hace falta ser expertos en geopolítica para darnos cuenta de que a nuestro país le corresponde actuar en consecuencia y con politician determinación en el concierto de las naciones.

En este sentido, la presidenta Claudia Sheinbaum tendrá una oportunidad de oro una vez que tome la sartén por el mango desde la titularidad de lo que será la nueva ONU, según se prevé... Tiempo al tiempo.

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Poseedor de un alto sentido de responsabilidad social, todos los días pone a prueba su compromiso ético y profesional, asumido a lo largo de 42 años como reportero, jefe de información, editor, cartonista, productor de radio, comentarista y docente.

Ha sido consultor y portavoz en siete campañas electorales y de instituciones como el STUAC, la Secretaría de Economía, el Instituto Municipal de Cultura de Saltillo (IMCS), la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CDHEC) y el Congreso del Estado de Coahuila, donde además fue asesor parlamentario en dos legislaturas consecutivas.

Estudioso del derecho y de otras disciplinas del conocimiento, desde hace más de tres lustros su columna politemática “Palabras Mayores” ha sido publicada en al menos una docena de medios impresos de la entidad y la región.

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