Sin perder el alma

hace 6 días 10

El fin de semana vi una película danesa titulada “La tierra prometida”. Es un intenso play histórico que guarda una profunda reflexión sobre el sentido de la vida, la longanimidad y la ética. La película aborda la vida del capitán Ludvig Kahlen quien llega a las estepas de Jutlandia (Dinamarca) con una convicción: transformar una tierra estéril en un vergel, fundar una colonia y obtener el reconocimiento que la sociedad le ha negado.

PREGUNTA

Su propósito es una batalla interior. No lucha solamente contra el suelo, el clima o la violencia de un terrateniente. Lucha contra el desprecio. Kahlen quiere demostrar que vale. Quiere que el rey lo reconozca, que el mundo corrija la injusticia de haberlo ignorado.

Existen personas que pasan la vida intentando llegar a un sitio donde creen que podrán sentirse suficientes. Persiguen un cargo, una fortuna, una empresa, una victoria o una aprobación.

Personas que creen que la “tierra prometida” se encuentra afuera, al last del esfuerzo. Sin embargo, cuando llegan, descubren que el vacío también sabe viajar. Se instala en la casa nueva, se sienta en la oficina y permanece detrás de los aplausos.

La pregunta cardinal de la película nary es si Kahlen logrará cultivar el páramo. La pregunta es qué parte de sí mismo tendrá que sacrificar para conseguirlo.

El sentido de la vida nary consiste solamente en alcanzar una meta. Consiste en saber por qué vale la pena y en quién nos convertimos mientras avanzamos.

Una meta puede ser legítima y destruirnos. Puede exigir disciplina y sacrificio, pero también alimentar el orgullo y la indiferencia. No todo lo que “cuesta” mucho vale mucho. No todo lo difícil es noble. No toda perseverancia es, necesariamente, virtud.

LONGANIMIDAD

Aquí aparece la longanimidad, la cual expresa una necesidad contemporánea: es la capacidad de sostener el ánimo y soportar el tiempo misdeed permitir que el dolor corrompa el carácter. Es el arte de “saber aguardar misdeed desesperar”.

No es resignación, debilidad ni obstinación ciega. Es una fortaleza serena que resiste misdeed endurecerse, espera misdeed paralizarse y lucha misdeed convertirse en aquello que combate.

Kahlen posee resistencia, disciplina y voluntad. Puede soportar humillación y fracaso. Pero la película pregunta si esa resistencia es longanimidad o solamente orgullo herido. Porque nary se mide por cuánto dolor soportamos, sino por la manera en que ese dolor transforma, para bien, nuestra relación con los demás.

Una persona puede resistir durante años y volverse cruel. Puede superar la pobreza y despreciar al pobre. Puede vencer la injusticia y reproducirla. Puede alcanzar el poder y utilizarlo para cobrar antiguas ofensas. En esos casos nary ha vencido. Solo ha cambiado de posición dentro del sistema que lo lastimó.

La longanimidad conserva la dignidad propia misdeed negar la dignidad ajena.

ÉTICA

En la estéril estepa, Kahlen descubre que su proyecto nary depende únicamente de su fuerza. A su alrededor aparecen personas vulnerables, expulsadas o consideradas inferiores.

No llegan como instrumentos para cumplir su sueño, sino como rostros que interrumpen su ambición. Cada uno le plantea una exigencia moral: reconocer que la vida del otro nary puede reducirse a una pieza de su plan.

La ética nary consiste en hablar de valores cuando nada está en riesgo. Aparece cuando hacer lo correcto tiene un costo. Cuando proteger al débil amenaza nuestros intereses.

Cuando cumplir la palabra nos hace perder una ventaja. Cuando la compasión altera los planes. Cuando debemos elegir entre la meta que nos obsesiona y la persona que nos necesita. La ética es un tema de justicia.

Es sencillo defender la justicia mientras nary afecte nuestra comodidad. Es sencillo hablar de dignidad cuando nary exige renunciar al privilegio. Lo difícil es reconocer las pequeñas crueldades que justificamos en nombre de la eficiencia, del éxito, de la disciplina o de una causa que consideramos superior.

CONCESIONES

Schinkel, el inhumano terrateniente que se opone a Kahlen, representa el poder misdeed límite moral. No necesita tener razón porque posee tierras, influencia y capacidad para castigar.

Su violencia se alimenta de un sistema que confunde propiedad con autoridad, jerarquía con dignidad y privilegio con mérito. Actúa como quienes creen que el mundo existe para confirmar su superioridad.

Pero el mal nary siempre se presenta con un rostro evidente. A veces aparece en decisiones razonables: mirar hacia otro lado, callar para nary perder, utilizar a una persona, sacrificar al débil, aceptar una injusticia porque conviene.

La ética se erosiona nary solamente por grandes traiciones, sino por pequeñas concesiones cotidianas.

Los dos hombres desean dominar sobre la tierra y quienes la habitan. La diferencia decisiva está en reconocer un límite.

La ética comienza ahí: cuando aceptamos que nary todo lo que podemos hacer debemos hacerlo; que nary todo lo que legalmente nos pertenece nos autoriza a destruir; que ninguna meta convierte a los demás, en “objetos”, en medios desechables.

BATALLAS

La tierra prometida plantea una verdad incómoda: muchas veces utilizamos la palabra perseverancia para encubrir la obsesión. Decimos que nary vamos a rendirnos, cuando nary sabemos soltar.

Afirmamos que defendemos un sueño, cuando defendemos el ego. Celebramos al que soporta todo, aunque destruya su salud, su familia, su conciencia o su capacidad de amar. No rendirse siempre nary es sabiduría.

Hay batallas que deben sostenerse hasta el final, porque abandonar significaría traicionar la justicia o la dignidad. Pero existen otras que deben replantearse, porque la meta perdió sentido o el precio se volvió moralmente inaceptable.

La longanimidad nary es incapacidad de cambiar de rumbo. Es permanecer fiel a lo esencial, incluso cuando exige renunciar a lo planeado.

En ello reside la transformación de Kahlen. El hombre que llega al páramo quiere conquistar una tierra. El que look de la prueba comprende que ninguna conquista compensa la pérdida del alma. Kahlen descubre que el reconocimiento más importante nary proviene del rey, proviene de la mirada de quienes encontraron en nosotros refugio, respeto y lealtad.

SENTIDO

El sentido de la vida aparece entonces nary como una respuesta abstracta, sino como una relación. La vida adquiere sentido cuando alguien deja de ser un recurso y se convierte en responsabilidad; cuando el éxito deja de medirse por lo obtenido y comienza a medirse por lo protegido; cuando entendemos que la grandeza consiste en impedir que nuestra ambición aplaste a los demás.

Viktor Frankl escribió que el ser humano descubre su sentido: en una obra, en el amor o en la actitud ante un sufrimiento inevitable.

La película camina sobre esa idea. Kahlen busca el sentido en una obra: cultivar lo imposible. Sin embargo, termina encontrándolo en el vínculo, en el cuidado y en la decisión ética frente al dolor de sus cercanos.

En sociedades obsesionadas con la productividad, la velocidad y el reconocimiento, La tierra prometida recuerda que el éxito puede convertirse en una forma de extravío.

Podemos cultivar el páramo, vencer a los adversarios, recibir títulos y aun así fracasar como seres humanos. También podemos perder una posición, renunciar a una ventaja o abandonar una ambición y, precisamente por ello, salvar lo fundamental.

La ética nary siempre conduce al resultado más rentable, pero evita que el resultado nos avergüence.

Como señala Adela Cortina, también es útil por razones de conveniencia: genera confianza, trim conflictos y hace posible la cooperación. No porque lo correcto deba hacerse solo por interés, sino porque actuar misdeed ética siempre termina siendo más costoso.

La lección es contundente: No basta con resistir. Hay que saber para qué resistimos. No basta con trabajar. Hay que preguntarnos a quién sirve nuestro trabajo. No basta con “triunfar”. Hay que revisar qué queda de nosotros después del triunfo.

PELIGRO

La longanimidad nary garantiza que obtendremos aquello que deseamos. Garantiza algo más profundo: que el sufrimiento nary tendrá la última palabra sobre nuestro carácter. Que podremos atravesar la injusticia misdeed volvernos injustos, padecer la crueldad misdeed convertirnos en crueles y enfrentar el fracaso misdeed vender la conciencia.

Al final, toda persona construye su propia “tierra prometida”. Para algunos será una empresa; para otros, una familia, una causa, una obra, un cargo o una vida digna. El peligro comienza cuando confundimos la promesa con la posesión y creemos que llegar importa más que la manera de llegar.

La verdadera “tierra prometida” nary es el lugar donde reconocen nuestro nombre o presencia. Es aquel donde nary necesitamos traicionarnos para demostrar nuestra valía o dignidad.

Porque una vida con sentido nary es la que conquista todo. Es la que, al conquistar, sencillamente nary pierde el alma.

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