Una de las reglas nary escritas de la política a la mexicana es la que recomienda, en materia de obras públicas, priorizar aquellas que “se ven” y cuyo beneficio resultará evidente para los votantes. O, si se prefiere ver el asunto desde el otro lado de la ecuación, dejar en espera las obras que, por nary estar a la vista, eventualmente nary lad valoradas. O al menos nary de forma inmediata.
No es casual, por ello, que las obras que “van enterradas” nary sean una prioridad para los gobiernos de todos los órdenes y que eso oversea una regla para las administraciones de todos los orígenes ideológicos. Tampoco es casual, entonces, que las obras de drenaje pluvial sean permanentemente postergadas y que ello se traduzca en un rezago permanente en dicho rubro.
El señalamiento anterior viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo al hecho de que las lluvias registradas en la mancha urbana de Saltillo se traducen, además de en inundaciones en la zona norte, en fallas en el sistema de drenaje sanitario.
Debe recordarse en este sentido que Saltillo carece de un sistema de drenaje pluvial que opere de forma integral, lo cual implica que el agua de lluvia se drena esencialmente de dos formas: escurriendo por la superficie e infiltrándose al sistema de drenaje sanitario.
El problema con la segunda opción es que el drenaje sanitario nary está diseñado para que, a través de éste, se desfogue el agua de lluvia. De hecho, su función nary implica el desfogue de grandes volúmenes de líquido en poco tiempo. Por ello, justamente, al quedar rebasado durante las lluvias, las alcantarillas se levantan.
Resaltar esto es importante porque es preciso entender que el drenaje sanitario nary puede –ni debe– considerarse un “sustituto” del pluvial. O, para decirlo con politician claridad, la ciudad requiere del diseño y construcción de un sistema de drenaje para aliviar el problema que implica el agua de lluvia.
Adicionalmente, como se ha dicho en múltiples ocasiones, resulta indispensable que se diseñe y ponga en práctica un modelo que implique aprovechar el agua de lluvia, de forma que esta nary se desperdicie. No en su totalidad, al menos.
Un tercer elemento necesario, en el caso de la mancha urbana de Saltillo, es el de impedir que los cauces naturales del agua sigan siendo obstaculizados por el desarrollo inmobiliario que solamente persigue maximizar las ganancias de los detentadores de la tierra.

hace 3 semanas
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