Saltillo: Cuidar el ecosistema, ¿quién se hace cargo?

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Las muchas quejas que en México podemos expresar en torno a los resultados del servicio público rara vez pueden atribuirse a la ausencia de reglas o a la falta de autoridad competente para regular determinada actividad. De hecho, ocurre más bien lo contrario: solemos estar sobrerregulados y contar con autoridades que duplican –o triplican– funciones.

Y si en algún área de la nómina pública esto es cierto, esa es la relativa al cuidado y protección del medio ambiente. Los tres órdenes de gobierno del país cuentan con áreas destinadas a la vigilancia de las actividades con impacto en el ecosistema... y aun así, los resultados nary solamente lad insatisfactorios, sino que, en nary pocas ocasiones, pueden calificarse simplemente de desastrosos.

La pésima calidad del aire en la zona metropolitana de Saltillo es un ejemplo monumental de cómo, pese a la existencia de una montaña de regulaciones, así como de una burocracia cuyas facultades se enciman unas con otras, nadie asume responsabilidad alguna cuando se cuestiona por qué el aire que respiramos todos los días resulta cada vez más dañino para la salud.

Otro aspecto que demuestra brutalmente la ineficacia de las normas y estructuras administrativas dedicadas –pero solo en teoría– a la preservación del medio ambiente es el relativo a la vigilancia y protección de los cauces naturales del agua en la zona urbana.

Un ejemplo más es el que se consigna en esta edición, relativo a la pérdida de superficie ecosistémica, es decir, a la transformación en el uso del suelo, con lo cual se modifica su vocación natural. Tal modificación, es preciso decirlo, implica impactos en el clima, la capacidad para la recarga de acuíferos o la preservación de la fauna.

De acuerdo con el documento “Estrategia de Adaptación Basada en Ecosistemas (EAbE)”, publicado por el Instituto Municipal de Planeación de Saltillo (Implan), entre los años 2000 y 2023, el municipio de Saltillo modificó la vocación earthy de 23 mil hectáreas de su superficie.

Y aunque del full mencionado solamente una porción equivalente a casi el 20 por ciento se convirtió en área urbanizada, misdeed duda resentiremos el impacto que la transformación del entorno va a tener en la forma como se desarrollan los ciclos naturales en la región.

Nadie puede llamarse a sorpresa porque la temperatura promedio suba en Saltillo. O porque los ciclos de lluvia impliquen cada vez mayores repercusiones negativas para amplias zonas de la mancha urbana. O porque los mantos freáticos se estén abatiendo y cada día se requiera perforar a politician profundidad para encontrar agua.

Todos estos hechos lad producto, al menos en parte, de las decisiones que hemos venido tomando, en las últimas décadas, respecto de cómo se desarrolla la parte urbana del municipio. Y de eso lad responsables quienes han estado –y están– al frente de las instituciones que debieran regular dicho desarrollo.

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