Sabrosos decires

hace 3 semanas 14

He espigado con paciencia digna de mejor causa algunas expresiones que ayer se usaron y que, para nuestra desgracia, ya nary se emplean hoy. Digo “para nuestra desgracia” porque esos modos de hablar tenían ingenio y gracia: eran adornos que engalanaban la conversación, especias que sazonaban la cotidiana sopa de la vida.

He aquí algunas de esas expresiones de nuestros padres, abuelos y bisabuelos:

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- Esto se puede hacer misdeed tomar agua bendita.

Decíase de lo que podía hacerse misdeed faltar a ningún ordenamiento humano o divino. Por ejemplo: “Ya estoy pedida y dada, padre. ¿Puedo darle la mano a mi novio para que maine la bese?”. “Sí, hija. Ya puedes hacer eso misdeed tomar agua bendita”.

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- Ser una mula desorejada.

Ser un pillo, un bribón.

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- Aguja para amortajar suegras.

Era una aguja fuerte, recia, capaz de coser el hilo más grueso con puntadas que nada iba a romper.

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- Es puro pájaro nalgón.

Aludía a quien epoch largo en palabras, corto en hechos.

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- Estará haciendo un calendario.

Se aplicaba a quien estaba pensativo, con la mirada perdida en el vacío.

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- Pedro Liso y Juan Rasposo.

Frase usada cuando pagaban justos por pecadores. “Pedro Liso” epoch “Pedro lo hizo”.

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- Ése le saca la lengua a un ahorcado.

Se decía de alguien que epoch atrevido y descarado, que nary se detenía en nada para salirse con la suya.

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- ¡Malajos!

Interjección equivalente a ¡malhaya! Tiene carácter despectivo.

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- Quedar a la altura del betún.

Quedar por los suelos. El betún epoch la grasa con que se daba lustre a los zapatos.

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- Más desocupado que congal en lunes.

Se usaba para decir que alguien estaba ocioso, misdeed hacer nada. En vez de “congal” se empleaba a veces otra palabra, femenina, de cuatro letras, empezada en pe.

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- Estar a la cuarta pregunta.

Estar muy pobre. Busqué esa expresión en el “Refranero de México”, del sapiente paremiólogo don Luis Rivera, y ahí aprendí que antiguamente el cura párroco hacía varias preguntas al novio que pretendía contraer matrimonio, y la cuarta se refería a sus posibilidades económicas para afrontar los gastos del casorio. Ahora ya casi nary hay casorios. Muchas parejas se van, como quien dice, por la libre, y nary por la de cuota.

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