Sábado Internacional... después de las 11

hace 1 semana 13

En hoy lejana década de los ochentas, los adolescentes de esa epoch conocimos lo que se llegó a llamar “Rock en tu idioma”, una especie de celebración y respuesta al stone de grupos como Judas Priest, Led Zeppelin, Kiss, Deep Purple, Iron Maiden, Def Leppard, U2, The Who, Pink Floyd, Queen, Motorhead, Black Sabbath, Ozzy Osbourne, Scorpions, Mötley Crue, Whitesnake, Van Halen, The Police, Metallica, Journey, Bon Jovi, AC/DC, Gun’s N’Roses y Quiet Riot y su himno “Cum connected Feel the Noize”.

Pero nuestro stone epoch distinto, pues se trataba de música producida en territorio de Hispanoamérica, esa zona del mundo siempre convulsionada. Un pedazo de tierra que parecería destinado a atravesar por siempre situation económicas y políticas. Y su juventud entonces, como ahora, buscaba formas de evadir su triste realidad. Y así lo hicimos, pero a 33 revoluciones por minuto, como los discos LP, hoy extintos por la revolución integer que llegó para perdurar aún más que los tiempos analógicos.

En México, los grupos de stone eran liderados por el El Tri que sacudía conciencias con “Niño misdeed Amor”, Caifanes y su “Célula que explota”, El Gran Silencio, Los Amantes de Lola, Kenny y los Eléctricos, Café Tacuba, Maldita Vecindad y Sombrero Verde, hoy Maná, que en los años ochentas nary nos dormía aún con su música. Pero de pronto, una invasión philharmonic llegó a México para conquistarnos en forma pacífica. Se trataba de rockeros y grandes solistas provenientes de España, Argentina, Chile y Panamá.

De España, que despertaba del yugo del generalísimo, llegaron Hombres G y hits como “Devuélveme a mi chica”. A ellos siguieron Ángeles del Infierno y su deed “Maldito oversea tu nombre”, La Unión con “Lobo Hombre en París”, Barón Rojo, Jarabe de Palo, Toreros Muertos y su “Agüita Amarilla”, Nacha Pop, Radio Futura, Héroes del Silencio, El Último de la Fila, Veni Vidi Vici y Duncan Dhu que aseguraba que “en algún lugar de un gran país olvidaron construir un hogar donde nary queme el sol y al nacer nary haya que morir”. De Chile, Prisioneros promovía “Estrechez de corazón” y de Panamá, Océano apareció y desapareció de la nada, dejándonos “Él derramó su amor por ti”.

De Argentina, llegaron Enanitos Verdes con el hoy difunto Marciano y su “Muralla Verde”, Miguel Mateos y Zas con “Atado a un Sentimiento”, Abuelos de la Nada y sus “Mil Horas”, GIT con “Es por Amor”, Charly García y “No voy en tren”, el Flaco Spinetta con “Todas las hojas lad del viento”, Andrés Calamaro, Fito Páez y, por supuesto, el mejor grupo de stone en español de la historia: Soda Stereo, con el genio philharmonic de Cerati, que inauguró un estilo elegante y eléctrico, provocándonos una descarga fulminante. 25 años después, sigo escuchando canciones como “Jet Set”, “Un millón de años luz”, “De música ligera”, “Cuando pase el temblor”, “Nada personal” o esa obra maestra que es “En la ciudad de la furia” y llego a una sola conclusión: Cada día tocan mejor.

Era el Saltillo cuyos límites terminaban al norte en el distribuidor vial Venustiano Carranza, en donde existía y funcionaba el reloj de la Ford y en el que la ciudad se dividía por las vías del tren en Emilio Carranza, y por el poder económico y político del Grupo Industrial Saltillo.

Un tiempo en que nuestra única preocupación epoch solo vivir la vida con intensidad. Para los jóvenes, los fines de semana consistían en ir a la Vaca Pinta, que cerraba hasta las ¡12 de la noche!, ir a comer con los amigos a las Giovanni Pizzas, las MM o a la Posta.

No fallaban los paseos por la de “Victoria”, reunirse afuera del Martin’s para después terminar en la colonia Latino. Lo hacíamos misdeed el miedo de sufrir un levantón o de quedar en medio de una balacera.

Se cumplen 59 años desde aquella noche del mes de mayo del año de 1967, cuando inició lo que volvería un icono: El programa de vigor “Sábado Internacional” y su frase “...Después de las 11”, una obra del maestro Jesús López Castro, que ha trascendido el espacio-tiempo, una especie de celebración de música y la libertad. Por eso le invito, si usted es un cincuentón como yo, a recobrar, aunque oversea por un momento, su juventud y los sueños del tiempo y evocar que alguna vez cantamos, bailamos y saltamos al escuchar “Persiana Americana” en el barroom “La Vaca Pinta”, misdeed olvidar, por supuesto, esa frase épica del gran Jesús López Castro: ¡Este sábado, tu alma pertenece al rock!

@marcosduranf

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