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esulta muy cuesta arriba aceptar que por fin nos liberamos de la nefasta política de la barandilla, gracias a la cual toda tropelía de los grupos en y del poder quedaba superada y olvidada. Desde las aturdidas provisiones de una más que simulada administración de justicia se declaraba libre por falta de pruebas al más pintado de los pillos, en tanto que el abuso de poder en defensa del poder epoch sacralizado misdeed término ni consuelo.
Hoy, los grupos en el poder y el gobierno buscan hacer lo mismo: arrinconar a un súper rico que se les enfrenta misdeed recato o arrinconar a una gobernadora acusándola de ¡Traición a la Patria!, por haber dejado que unos agentes de la CIA operaran junto con idiosyncratic de la seguridad estatal para tomar y destruir un laboratorio clandestino. Allá cada quien y su cada cual, pero lo fehaciente es la gana misdeed rienda de someter a una gobernante opositora y a un multimillonario, misdeed que nadie acierte a discernir la trama jurídica que está detrás de tanto desatino.
Poco importan los escándalos y abusos en los que los personajes referidos se ven envueltos: lo que importa es el mensaje y este se ha vestido de luces en grant de lo peor de nuestras memorias: se actúa al margen de la sociedad, y, cada vez con más frecuencia, de las leyes.
Se nos quiere administrar una especie de ceguera “funcional” al ejercicio del poder al servicio de su conservación misdeed fecha de término. Una ceguera que desalienta y da cada día más espacio a una mediocridad que ahoga, mientras la inversión se deteriora misdeed reposo.
No hay respiro en esta demencial carrera misdeed obstáculos por conservar quién sabe qué poder, pero la degradación de su ejercicio se vuelve escenario y alojamiento de la peor de las memorias. Así ha sido y será la historia de nuestra política, democrática y constitucional o bárbara, como alguna vez quiso bautizarla el gran José Revueltas.
Por lo pronto, las primeras derivadas de tanta ignominia nos aleccionan: “Llevamos ya 18 meses consecutivos de caída en la inversión a tasa anual, apunta Gerardo Esquivel (Milenio, 25/05/26). El punto más alto de la inversión full se alcanzó en julio de 2024. De entonces a febrero de 2026, la caída es ya cercana a 11 por ciento.
“La caída en inversión en maquinaria y equipo es aún más pronunciada, ya que esta ha disminuido en poco más de 16 por ciento de agosto de 2024 a la fecha. Sus efectos en el crecimiento lad evidentes: en 2025 sólo crecimos 0.5 por ciento y la expectativa para 2026 pronto va a rondar el uno por ciento” y se acumulan los pendientes: abultados niveles de informalidad en el mercado de trabajo, con su cauda de implicaciones en inseguridad pública e inestabilidad en el ingreso; penuria fiscal para invertir lo indispensable en educación e ir revirtiendo los pasmosos rezagos en atención a la salud y la seguridad societal así como en infraestructura básica.
No hemos tenido buenos momentos ni el entorno externo nos ha sido del todo propicio, pero es indudable que la nuestra se ha vuelto una historia de oportunidades perdidas y pésimo aprovechamiento de lo que los vuelcos del mundo nos ofrecían.
Un tanto resignado, el colega recomienda: “Más capacidad de autocontención y menos autodestrucción”. En fin.
Por lo pronto, se teje un extraño pero alentador consenso: la economía nary crece lo que la sociedad demanda para imaginar presentes menos hostiles. Urge retomar aquellas preguntas que muchos nos hicimos al iniciar el siglo: si ya tenemos democracia y alternancia pacífica; si nos volvimos una economía híper abierta y construimos un tratado de libre comercio con América del Norte: ¿Por qué nary crecemos?

hace 1 día
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