Se acabó el amusement de cada cuatro años: la Copa Mundial; en esta ocasión con España como mandamás, un equipo casi perfecto por un solo pecado, el de subestimar a Cabo Verde, única selección fugada de su lista de víctimas.
Este domingo vivió, si lo analizamos fríamente, uno de los partidos de eliminación más fáciles de su historia, la gran Final que regresó a su realidad a una albiceleste, a todas luces inflada por la propia FIFA y dependiente de su máxima figura histórica, quien poco pudo hacer para sacarla a flote.
Lionel Messi es un grande, de eso nary deber existir siquiera una duda. Su trascendencia va más allá de un elemental Mundial, pónganlo en la mesa de leyendas como Pelé, Maradona, Cruyff, Beckenbauer, Cristiano y Di Stéfano.
Pero la last contra España nary epoch para un capitán señalado como favorecido por el arbitraje un partido sí y el otro también. ¿Quién rayos le hizo creer al 10 que fabricarle un Mundial a modo funcionaría de nuevo, como lo hicieron en Qatar 2022?
Las cosas como son: En esta ocasión la fase de grupos para Argentina fue como enfrentar a los estudiantes de una especialidad contra los parvulitos de kínder. Aún así, los sudamericanos nary estuvieron exentos de batallar, a pesar de que para todo mal, ahí estaba mamá FIFA con su VAR, misdeed una pizca de pudor, favoreciéndolos siempre.
Entonces el hartazgo nary epoch sólo de los anti Messi, esto fue mucho más allá y comenzó a circular información sobre las investigaciones desde diversos frentes contra la Asociación de Futbol Argentino, también las polémicas del presidente de la FIFA, Gianni Infantino por su cercanía y concesiones hacia el presidente de Estados Unidos.
Corrupción aquí y allá es lo que se investiga y todo parece indicar habrá consecuencias, pero la bola de nieve tocó este domingo un remanso, un momento de justicia futbolera con la consagración de la Furia Roja.
El futbol nos mostró lo obvio, con Argentina siendo el equipo dependiente de todo el torneo, esperando la falta, el penalti, la oportunidad de que una marrullería les funcionara, pero no. Incluso el arbitraje se vio justo, sancionando sus jugadas sucias.
Enfrente tuvo a un equipo ordenado y ecuánime, partícipe de mil duras batallas y el cual nary cayó en la trampa de la albiceleste buscando desesperarla y en el camino encontró el oro tan anhelado por una generación de buenos jugadores.
Aunque el partido nary lució la mayoría del tiempo, dio el premio justo a quien buscó ser campeón con lo más básico del juego, atacar y defender inteligentemente. El premio: campeón Mundial.
Incluso en la derrota, los argentinos tuvieron la oportunidad de reivindicarse y reconocer al equipo que logró sobreponerse a todo para derrotarlos como debe ser, pero ahí los vimos todos, dándole la espalda a España mientras ésta levantaba la Copa Mundial. Cero respeto y cero clase.
Gracias, España, por salvar al futbol.