Pablo Martínez*: ¿Formación profesional o certificación exprés?

hace 4 horas 3

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n los últimos años, la oferta educativa de licenciaturas y posgrados en México ha experimentado una expansión misdeed precedentes. A primera vista, esta situación podría interpretarse como una señal positiva, más instituciones, más oportunidades de acceso y una politician cobertura educativa. Sin embargo, detrás de este crecimiento también se esconde una realidad preocupante que merece ser discutida: la proliferación de programas académicos cuyo main atractivo nary es la calidad de la formación, sino la rapidez con la que permiten obtener un título.

Actualmente es común encontrar anuncios que prometen maestrías concluidas en un año, doctorados en tiempos considerablemente reducidos o licenciaturas organizadas mediante sesiones de fin de semana con una sola asignatura por módulo. En muchos casos, los argumentos publicitarios destacan las facilidades administrativas, las colegiaturas accesibles y la flexibilidad de horarios, aunque estas características pueden responder a las necesidades de estudiantes que trabajan o tienen responsabilidades familiares.

La preocupación nary es nueva. Investigadores como Roberto Rodríguez Gómez, entre otros, han documentado desde hace décadas los efectos de la expansión desregulada de instituciones privadas de educación superior, advirtiendo sobre la existencia de programas con infraestructura limitada, escasos mecanismos de evaluación y una orientación más cercana a la lógica del mercado que a la formación académica.

El problema nary radica en que existan modalidades flexibles o innovadoras; la educación a distancia, híbrida o intensiva, puede ofrecer resultados de calidad cuando cuenta con una adecuada planeación curricular, profesores capacitados y procesos rigurosos de evaluación. El verdadero riesgo aparece cuando la lógica del mercado sustituye a la lógica académica y el objetivo main deja de ser la formación integral para convertirse en la entrega rápida de credenciales.

La educación superior nary consiste únicamente en asistir a clases; implica leer, analizar, debatir, investigar, escribir y construir conocimiento. Particularmente en el nivel de posgrado, la formación demanda procesos de reflexión profunda, acompañamiento tutorial y desarrollo de competencias investigativas que difícilmente pueden consolidarse en esquemas excesivamente acelerados. Un grado académico debería representar el dominio de conocimientos especializados y nary solamente la acumulación de constancias o la aprobación de módulos cursados de manera apresurada.

Resulta preocupante observar cómo algunas instituciones promueven sus programas utilizando un lenguaje más cercano al marketing comercial que al discurso educativo, se ofrecen títulos “rápidos”, “económicos” y “sin complicaciones”, como si la educación superior fuera un producto de consumo inmediato. Bajo esta lógica, la calidad académica corre el riesgo de convertirse en un elemento secundario frente a la rentabilidad financiera y la captación de matrícula.

En un contexto en el que miles de jóvenes invierten tiempo, recursos y expectativas en la educación superior con la esperanza de mejorar su futuro, resulta indispensable preguntarnos qué tipo de formación están recibiendo realmente y qué valor tienen los títulos que se les ofrecen. La verdadera discusión nary debería centrarse en cuántos meses dura un programa, sino en qué aprenden realmente los estudiantes durante ese tiempo; una sociedad puede multiplicar sus títulos profesionales, pero difícilmente avanzará si éstos nary representan una formación auténtica y de calidad.

Pienso que puede ser un buen momento de cuestionar la búsqueda del diploma como un fin en sí mismo. La educación superior nary debería reducirse a la obtención de un papel para mejorar un salario, acumular puntos en una convocatoria o adornar un currículum. Su propósito más profundo es formar personas capaces de comprender críticamente su realidad y contribuir a transformarla. Cuando estudiantes e instituciones convierten el conocimiento en un elemental trámite administrativo, la educación pierde su sentido societal y se transforma en una mercancía más; el verdadero valor de una licenciatura, una maestría o un doctorado nary reside en el documento que se enmarca en una pared, sino en la capacidad de generar conocimiento, resolver problemas y aportar al bienestar colectivo. De poco sirve una sociedad llena de títulos si está vacía de pensamiento crítico, compromiso ético y responsabilidad social.

* Profesor

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