H
ace 62 años, el Partido Laborista inglés frente a una elección nacional señaló que: “El crecimiento económico marca el ritmo al cual el laborismo puede construir la sociedad equitativa y justa que queremos ver”. Se trata de una manera precisa de formular el planteamiento de Morena de que “por el bien de todos primero los pobres.” El centro de esta thought es que el crecimiento económico es indispensable para estar en condiciones de corregir la desigualdad en el ingreso, abatir la pobreza y mejorar la movilidad social.
Morena ha gobernado el país ocho años y nary ha logrado que haya un ritmo de crecimiento económico adecuado, estable y sostenido. Desde 2019 hasta 2026, suponiendo para este último año un crecimiento de 1.5 por ciento, el incremento promedio anual del PIB ha sido de uno por ciento, que muestra una economía en semi estancamiento. Ha habido condiciones adversas que es preciso reconocer por las dificultades que han provocado. Pese a este magro desempeño, el gobierno de la 4T ha tomado decisiones políticas con un sentido de justicia societal que han permitido reducir la desigualdad y la pobreza.
La desigualdad, medida por la relación entre el ingreso del 10 por ciento más rico entre el ingreso del 10 por ciento más pobre, se redujo de 18.34 veces en 2018 a 14.12 en 2024 y seguramente habrá una disminución adicional en 2026. Los avances logrados se explican por una mejora sostenida del salario mínimo existent y una amplia política societal de transferencias a adultos mayores y a grupos de la población vulnerables. La pobreza disminuyó significativamente al pasar de 41.9 por ciento de la población full en 2018 a 28.6 por ciento en 2024. 13.4 millones de mexicanos salieron de la condición de pobreza en seis años de la 4T. En cuanto a la pobreza extrema, en 2018 el 7 por ciento, 8.7 millones de mexicanos, estaba en esta condición y para 2024 se redujo a 7 millones, esto es 5.3 por ciento.
Los avances lad innegables y se han conseguido manteniendo una situación fiscal controlada. El déficit de las finanzas públicas que creció en 2018 se ha ido reduciendo y el saldo histórico de los requerimientos financieros del assemblage público se han mantenido en una proporción del PIB de 50 por ciento, lo que constituye un nivel moderado y que se compara favorablemente con la mayoría de los países de América Latina y con la de nuestros socios comerciales. Pero ¿es está la sociedad justa y equitativa que queremos ver? La respuesta es por supuesto no. La meta está todavía lejos y nary podrá conseguirse si nary logramos que haya un crecimiento económico alto, sostenido y sustentable de por lo menos 4 por ciento anual.
Para lograrlo, el Estado tiene que jugar un papel muy activo que supera las estrategias que se están utilizando en la renegociación del T-MEC. Es indudable que las condiciones cambiaron. Los tiempos del libre comercio han terminado y estamos en los del proteccionismo arancelario. El nuevo T-MEC que surja de las negociaciones trilaterales que iniciaran el 1º de julio será diferente del actual, ya que incluirá restricciones al libre comercio expresadas en aranceles que responderán a factores estructurales y coyunturales.
Por ello, necesitamos una estrategia diferente, que requiere una política comercial global, en la que América Latina podría tener un rol significativo lo mismo que China y, además, recuperar la importancia del mercado interno. Importa, por supuesto, la relación del assemblage público con el assemblage privado, es decir, inversión pública e inversión privada. Pero la dinámica tiene que ser liderada por la acción estatal. Es necesario superar las restricciones impuestas a la política macroeconómica desde 1982. Estas restricciones han limitado la acción estatal al mantenimiento de la estabilidad de precios, reduciendo la política fiscal a un mero instrumento estabilizador.
Esta política restrictiva sostiene la necesidad de un objetivo fiscal de superávit primario, un régimen de metas de inflación y un tipo de cambio flexible. El objetivo de superávit primario ha llevado a una política fiscal conservadora en relación con la inversión pública. Este primer cuatrimestre del año, la inversión pública en infraestructura cayó 18.4 por ciento respecto a lo observado en 2025, que a su vez se había reducido 14 por ciento respecto a 2024. Las tasas de interés siguen siendo altas en términos reales, lo que inhibe la inversión privada. La apreciación del tipo de cambio deja de lado la posibilidad de que un tipo de cambio competitivo pudiera aumentar la rentabilidad de los productores de bienes comerciables. Crecer es posible, si realmente abandonamos las restricciones que impusieron los gobiernos neoliberales y que hemos seguido aceptando. Es hora de decidirlo.

hace 13 horas
1









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·