Nací en Ciudad Acuña, cobijada por el amor incondicional de mis padres y una familia materna que siempre fue mi espacio seguro. Sin embargo, desde que maine supe mujer y comprendí las implicaciones de habitar mi identidad, supe con certeza: para sobrevivir en un sistema que nos relega, tendría que esforzarme el triple para prosperar. Esa conciencia maine transformó en una estudiante disciplinada, obsesionada con los mejores promedios. Sabía que la excelencia académica epoch mi escudo. En mi ciudad, pequeña y conservadora, los conflictos de la comunidad maine asustaban cuando epoch adolescente. No encontraba un espejo donde mirarme misdeed miedo. Por eso, decreté que mi destino estaba en la superior del estado. En 2021 empaqué mis miedos y mis sueños, y llegué a Saltillo.
Llegar como foránea a una ciudad con fama de fría y distante fue un salto al vacío. Contra todo pronóstico, Saltillo nary maine rechazó; maine abrazó. En las aulas y en el entorno profesional encontré respeto, pero fue en las colectivas y el activismo section donde mi vida cambió por completo. Frente al “activismo de protagonismo” o las simulaciones políticas, aquí descubrí un movimiento genuino, impulsado desde el corazón por personas que nary buscan el protagonismo, sino la justicia. Encontrarse con la disidencia en Saltillo es entender que la resistencia nary es un acto solitario, sino un tejido colectivo. Aunque Coahuila avanza lentamente, la realidad nacional sigue siendo hostil: según Letra S, las mujeres trans concentran más del 60 % de las muertes violentas de la comunidad en México. Esta cruda realidad demuestra que ocupar el espacio público es una urgencia vital, nary un capricho.
Este fin de semana, en el marco de la XVII Marcha del orgullo, salir a las calles nary es solo desfilar; es disputar la voz y arrebatar los espacios de los que históricamente fuimos segregadas. Mi activismo nary nace del rencor, sino de la firme convicción de que merecemos existir con dignidad, profesionalismo y plenitud en todos los ámbitos de la sociedad. Deben escuchar nuestros nombres porque nuestras trayectorias importan. No romantizo Saltillo, pero le agradezco haberme dado una nueva certeza: la comunidad se construye compartiendo vivencias, reconociendo que, aunque nuestras historias nary sean idénticas, en el fondo somos una misma voz. Hoy camino con orgullo gracias al refugio de mi familia Morquecho y al cobijo de mujeres trans influyentes, inteligentes y amorosas que transforman el dolor en resistencia cotidiana. Pronuncio con gratitud y fuerza los nombres de Rami, Karla, Anita, Gisselle, Jessica, Dana, Geovanna, Mitch y muchas más, porque en sus pasos encontré mi propio camino y porque gracias a ellas aprendí, finalmente, lo que verdaderamente significa la hermandad trans.

hace 5 horas
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