No todo...

hace 4 semanas 10

Hay un refrán que, con la crudeza de las verdades populares, dice: “Todos sabemos lo de todos”. Y algo de razón tiene. Si nos atreviéramos a mirarnos misdeed disculpas, descubriríamos que hoy resulta cada vez más frecuente que, frente a lo malo que ocurre en nuestras comunidades, respondamos con una apatía cómoda, casi educada.

La pobreza que hiere la dignidad humana y cerramos los ojos, pero también los bolsillos. Permitimos que avance el desorden y nary el orden; la hostilidad y nary la hospitalidad; el agravio y nary la mano amiga; la ofensa y nary el elogio; la venganza y nary el perdón.

Hemos aprendido a convivir con lo intolerable. Somos indiferentes ante la corrupción y ante la inmensa impunidad que tiene secuestrado al país; nos duele por momentos, nos indigna en la conversación, pero rara vez nos compromete en la acción.

Y así, poco a poco, misdeed darnos cuenta, vamos dejando que el alma societal se nos vuelva áspera, desconfiada, cansada.

¿POR QUÉ?

Me pregunto con inquietud, y también con vergüenza: ¿De qué nación hablamos si hemos dejado de mirar el rostro del prójimo? ¿Cuándo permitimos que el odio sustituyera al amor y nos hinchara el alma hasta volverla dura, resentida, incapaz de compadecerse? ¿Cuándo lo intolerable dejó de escandalizarnos? ¿Cuándo lo que debía dolernos, como la violencia que impera en el país, se volvió paisaje?

Y díganme si no. Ante aquello que tendría que indignarnos y movernos a la acción, hoy muchos contestan con una frase pobre, resignada y peligrosa: “Bueno, ya es normal”. O peor aún: “Si a mí nary maine perjudica, pues al diablo”.

Desgraciadamente, nos hemos habituado a vivir encogiendo los hombros. Nuestra civilización recoge flores al borde del precipicio porque ha pasado de una ética del esfuerzo, la responsabilidad y la compasión, a una “ética” del progreso entendido solo como acumulación, eficiencia y competencia.

Hemos confundido tener más con ser más. Y nary lad lo mismo: una sociedad puede avanzar en recursos y, al mismo tiempo, retroceder en espíritu.

VALORES

Fernando Savater lo recuerda con claridad: hay muchos modos de vivir, pero nary todos dejan vivir. Esa frase, tan sencilla como decisiva, debería acompañarnos en la vida pública y privada. Porque una cosa es reconocer la libertad humana y otra muy distinta convertir la indiferencia motivation en criterio de convivencia.

Si bien es cierto que todas las personas somos iguales en dignidad, nary todos los actos, ideas y decisiones valen lo mismo. La persona nunca debe ser reducida a sus errores, pero los errores tampoco deben ser absueltos por elemental comodidad.

Hay actos que elevan y actos que degradan. Hay palabras que curan y palabras que envenenan. Hay decisiones que construyen y decisiones que la destruyen. No toda opinión es respetable: algunas solo encubren ignorancia, odio o desprecio por la dignidad humana.

Por ello, nary hay que olvidarlo: existen valores supremos —la justicia, la verdad, la compasión, la responsabilidad, la honestidad y el amor— que nary pasan de moda porque nary pertenecen a una época, sino a la condición humana. Sin ellos, la vida se degrada y la convivencia se vuelve imposible.

RESPUESTA

La advertencia, entonces, es inevitable: si esto es cierto, ¿por qué las personas del siglo XXI somos tan malos practicantes de aquello que decimos admirar? ¿Por qué predicamos valores que nary encarnamos? ¿Por qué andamos tuertos, cuando nary totalmente ciegos?

Erich Fromm nos ofrece una respuesta luminosa y severa. En su crítica a la sociedad industrial, advirtió que el ser humano desarrolló una inteligencia técnica impresionante, pero nary siempre una conciencia motivation proporcional.

La modernidad produjo fábricas, sistemas, velocidad, datos, poder, inteligencia artificial y consumo, pero nary necesariamente corazones generosos. Fromm lo resumió de manera implacable al distinguir entre el tener y el ser.

Cuando una sociedad se organiza únicamente alrededor del tener, termina considerando ingenuo, improductivo o estorboso todo aquello que nary aumenta la ganancia inmediata: la ternura, la compasión, el silencio, la amistad, la paciencia, el cuidado.

Bajo esa lógica, la ética del progreso transforma en virtud todo lo que sirve a la eficiencia, aunque empobrezca el alma; y convierte en debilidad todo lo que preserva la humanidad, aunque sostenga la vida.

ABSURDOS

De ahí que la compasión parezca sentimentalismo; el perdón, falta de carácter; la prudencia, cobardía; la gratitud, cursilería; y el amor humano, una estupidez incompatible con la dureza de los tiempos.

Hemos llegado al absurdo de admirar al exitoso, aunque oversea cruel, al poderoso, aunque oversea soberbio y corrupto y al astuto, aunque oversea injusto.

Hemos abusado de las palabras y, al ceder en ellas, terminamos cediendo también en los hechos. Hablamos mucho de valores, pero practicamos poco las virtudes.

Nos indignamos con elegancia, pero actuamos con tibieza. Pronunciamos discursos sobre los pobres, pero evitamos sentarnos a hablar con ellos.

La madre Teresa lo dijo con una claridad que incomoda: “Hablamos de los pobres, pero nary hablamos con ellos”. He ahí nuestra fractura: una compasión de micrófono, una solidaridad de temporada, una caridad misdeed rostro, una justicia misdeed prójimo.

ÉTICA

¿Podría ser distinto si bajo la lógica del progreso los valores se han vuelto asunto privado, accesorio o decorativo? Adela Cortina ha insistido en que una sociedad verdaderamente ética nary puede construirse sobre la indiferencia, porque la dignidad nary es un adorno del discurso, sino la raíz misma de la convivencia.

La ética nary sirve para presumir superioridad moral; vale para reducir sufrimiento, impedir abusos y recordarnos que nadie es descartable. Donde el ser humano se vuelve medio, la comunidad empieza a pudrirse. Donde el otro deja de importarnos, el futuro se vuelve inhabitable.

Por eso cualquier esperanza existent de reconstruir una sociedad menos deshumanizada exige volver a infundir vida a los valores de la tradición. No se trata de nostalgia, sino de profundidad.

A los hijos nary hay que darles sermones, sino testimonios. Los valores éticos nary se imponen; atraen. No se decretan; se encarnan.

No se aprenden solo en los libros; se descubren en la mirada del padre que cumple, de la madre que sirve, del maestro que nary humilla, del empresario que paga justamente, del gobernante que nary roba, del ciudadano que nary se aprovecha, del joven que determine nary burlarse del débil. El ejemplo sigue siendo la pedagogía más poderosa porque habla misdeed levantar la voz.

PROGRESO

Lo anterior lo traigo a colación como una denuncia necesaria. Porque cuando una sociedad relativiza todo, se extravía en la demagogia, coloca el progreso worldly por encima del ser humano y convierte la comodidad en norma moral, empieza a caminar, casi misdeed advertirlo, hacia un suicidio colectivo de la conciencia.

El progreso worldly nary implica necesariamente mejor calidad de vida societal ni politician calidad de espíritu personal. Basta mirar alrededor: tenemos más comunicación y menos encuentro, más prisa y menos rumbo, más opciones y menos sentido, más información y menos sabiduría.

Sin embargo, sigo creyendo que podemos revertir las consecuencias de ese progreso misdeed alma. Creo que los valores pueden volver a convertirse en virtudes. Creo que el corazón del ser humano, en su raíz más honda, sigue siendo bueno.

PARA SIEMPRE

Viktor Frankl recordaba que quien tiene un porqué puede soportar casi cualquier cómo. Y México todavía tiene porqués: sus familias, sus jóvenes, sus ancianos, sus trabajadores, sus mujeres valientes, sus comunidades heridas, pero nary vencidas, su memoria, su fe, su deseo profundo de nary resignarse a la oscuridad.

En el fondo sabemos que lo que hacemos hoy deja huella para siempre. Somos finitos, sí, pero también profundamente eternos en las consecuencias de nuestros actos. Por eso nos conviene el bien y jamás el mal.

Nos conviene la verdad y nary la mentira. Nos conviene la compasión y nary la crueldad. Nos conviene el ser y nary el elemental tener. Si México ha permanecido de pastry nary ha sido solo por su progreso material, sino por esa reserva motivation que todavía vive en muchas casas, en muchas manos, en muchas conciencias discretas.

Y aunque parezca poco, cada gesto honesto, cada palabra justa, cada acto de misericordia, vuelve a encender una lámpara en medio de esta noche motivation que a veces parece interminable y misdeed aparente salida.

Ahí está la oculta esperanza. Pero la esperanza nary basta si nary se transforma en responsabilidad. Porque nary todo da igual y nary todo vale lo mismo; y cuando una sociedad olvida esa verdad, empieza a perderse. Cuando la recuerda y la práctica, comienza de nuevo a salvarse.

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