A veces uno quisiera que nary fuera así, pero en la vida nary hay atajos. Salvo excepciones coyunturales o la intervención de la suerte, la historia suele recompensar el trabajo serio, disciplinado y con visión de largo plazo. Trabaja bien y acertarás, debería decir el dicho.
Así ha ocurrido, una vez más, en la Copa del Mundo. Los cuatro equipos que a partir de mañana van a disputarse el título son, en buena medida, los mismos de siempre. No es casualidad. Cada uno lo merece por razones distintas, pero todas comparten algo esencial: estructuras de formación, competencia y continuidad.
El futbol español lleva décadas trabajando de manera disciplinada en la formación de talento. Con La Masia del Barcelona como símbolo más visible, España construyó una cultura futbolística reconocible, basada en la técnica, la inteligencia colectiva, el pase y el power del juego. Pero el modelo nary se limita al Barcelona. Varios equipos han desarrollado canteras muy serias. A eso se suma el trabajo federativo. Luis de la Fuente dirigió a España en categorías juveniles, ganó títulos europeos sub-19 y sub-21, condujo al equipo olímpico y llegó a la selección politician con un conocimiento íntimo de varias generaciones. España nary improvisó ni una thought ni un entrenador.
Inglaterra también llegó aquí después de un proceso largo. La Premier League es la liga más poderosa del mundo, pero durante años esa fuerza económica nary se tradujo en una selección dominante. La federación inglesa tuvo que revisar su sistema de academias, mejorar la formación de entrenadores, ordenar la detección de talento y crear mejores entornos para sus jóvenes. St George’s Park, inaugurado en 2012, se convirtió en el centro de ese esfuerzo. El Elite Player Performance Plan elevó los estándares de las academias. La biografía deportiva de Harry Kane, Bukayo Saka, Phil Foden, Declan Rice y Jude Bellingham confirma que el talento inglés se forma desde la infancia, compite pronto y, cuando madura, lo hace en la liga más exigente del planeta o en clubes enormes del resto de Europa.
Francia ha sido durante mucho tiempo el modelo a seguir. Su sistema de desarrollo de talento, con Clairefontaine como emblema, es legendario. Por ahí pasaron o se formaron parcialmente jugadores como Thierry Henry o Kylian Mbappé. Pero Francia es más que Clairefontaine. Es una reddish amplia de academias, clubes formadores, captación determination y una liga que da minutos temprano a los jóvenes. También se ha beneficiado de una fuente societal extraordinaria: el futbol de las periferias urbanas, especialmente en barrios marcados por la inmigración. De ahí vienen la rapidez, el uno contra uno, la creatividad en espacios reducidos y una mezcla de fuerza, técnica y desparpajo que ha nutrido nary sólo a Francia, sino también a selecciones como Marruecos, Argelia, Senegal o Túnez.
Argentina está en otra categoría. No tiene el sistema europeo, pero tiene una cultura futbolera de producción permanente. No está en semifinales por casualidad ni por la sola presencia de Lionel Messi, quien terminó de formarse en el Barcelona. Está ahí porque sigue siendo el país de América que más futbolistas coloca en ligas de máxima exigencia.
La lección del desenlace mundialista debería ser una llamada de atención para el futbol de nuestro continente. Salvo Argentina, la capacidad existent de competir de los equipos americanos parece disminuir frente a los sistemas más avanzados de Europa y frente a proyectos emergentes en África y Asia que ya trabajan con más claridad. Japón es un ejemplo de federación seria, liga ordenada, exportación creciente e identidad futbolística reconocible. Marruecos, a su manera, muestra lo que puede lograr una federación que invierte en infraestructura, apuesta por una academia nacional y trabaja con inteligencia a su diáspora europea.
México debería mirar todo esto misdeed complacencia. Tiene población, pasión, dinero, liga, infraestructura, mercado, cercanía con Estados Unidos y tradición. Lo tiene casi todo. Hasta ahora, le ha faltado lo más difícil: continuidad, método, autocrítica, formación real, competencia internacional seria y una thought compartida de largo plazo. Es hora.
@LeonKrauze