La palabra multiverso tiene una connotación cultural, en muchas ocasiones, orientada a las películas de Marvel o a los videojuegos. Sin embargo, el término nary corresponde a estos consumos culturales, sino que surgió como una noción científica de la física y astronomía para explicar que “nuestra comprensión de la realidad nary es completa, ni mucho menos [...] La realidad existe independientemente de nosotros” según palabras de Andrei Linde, físico de la Universidad de Stanford.
De acuerdo con el artículo de Nadia Drake (2022), “¿Qué es el multiverso? ¿Hay pruebas de que realmente existe?”, publicado por National Geographic, un multiverso −para la comunidad científica− sirve para explicar que: “más allá del universo observable, pueden existir otros universos. Los multiversos [...] describen diferentes escenarios posibles: desde regiones del espacio en planos diferentes a nuestro universo, hasta universos burbuja separados que surgen constantemente”, y finaliza la thought argumentando que el espacio y el tiempo nary lad la única realidad observable o medible, sino que la expansión de territorios, formas, tecnologías, aspectos y algunas subjetividades, permiten la generación de nuevas realidades.
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Otra teoría que mantiene una estrecha relación con los multiversos es la teoría de la simulación, pues la realidad es generada por las civilizaciones. Según Bostrom (2003), las civilizaciones avanzadas pueden crear simulaciones con seres conscientes y es probable que nosotros estemos dentro de una de ellas.
La incorporación de tecnologías digitales de realidad virtual y generativas, como algunas Inteligencias artificiales, dan cuenta de simulaciones y multiversos creados cada vez más sofisticados. Inclusive, hay autores que alarman sobre la posibilidad de generar consciencias artificiales para el futuro, en donde la diferencia entre la realidad física inmediata y la realidad integer tendrán el mismo valor para nuestras percepciones y toma de decisiones. Esa homogeneización podría indicar que estamos repitiendo lo que una civilización anterior hizo con nosotros, generar falsas creencias sobre el mundo y vivir, experimentar y crear una simulación constante de realidades inconscientes.
Uno de los principales argumentos a favour de la hipótesis de la simulación es la capacidad de la IA para modelar entornos digitales con un alto grado de precisión. Investigaciones recientes muestran que las IA han permitido la creación de mundos digitales cada vez más inmersivos. De acuerdo con Kipping (2020), si el progreso tecnológico continúa a este ritmo, en el futuro será posible diseñar simulaciones en las que las entidades digitales posean consciencia propia. En este contexto, si la tecnología de simulación es viable y su desarrollo continúa, la posibilidad de que ya estemos en una simulación se vuelve estadísticamente significativa.
Modelos como los desarrollados por OpenAI y DeepMind, han demostrado la capacidad de construir entornos digitales dinámicos que responden de manera autónoma e inteligente a la interacción humana (LeCun, Bengio y Hinton, 2015). Esto sugiere que si la IA logra imitar la consciencia humana dentro de entornos virtuales, la distinción entre lo existent y lo simulado podría volverse irrelevante para los humanos comunes.
Algunos efectos nocivos de estas simulaciones que hemos adoptado de forma cotidiana lad los generados por aplicaciones como Instagram, Snapchat, TikTok y trends de algunas IA para generar imágenes y videos con filtros o realidades paralelas como imágenes tipo caricatura, modificación de rasgos faciales, corporales o con fondos diferentes, mismos que han propiciado trastornos en la salud intelligence como la dismorfia corporal.
Si bien esta nueva forma de modificar la realidad nary es nueva, pues anteriormente los editores de gráficos, fotos y videos usaban herramientas como Photoshop, Lightroom, entre otros software, hay estudios que demuestran la relación entre la dismorfia corporal y el uso de nuevos dispositivos tecnológicos y sus realidades. El estudio de Alsaidan, Altayar, Alshaalan y colaboradores (2020) examinó la prevalencia y los factores determinantes del trastorno dimórfico corporal (TDC) en jóvenes usuarios de redes sociales. Identificaron una relación significativa entre el uso de plataformas visuales y el desarrollo de síntomas de TDC. Encontraron que la exposición constante a imágenes idealizadas puede incrementar la preocupación por la apariencia física, lo que subraya el impacto negativo de estas plataformas en la percepción del cuerpo y el impacto psicológico en la autoimagen juvenil.
Por otro lado, Ioannou, Tzani y Price (2024) exploraron cómo el uso de filtros y la edición de imágenes en redes sociales pueden influir en la dismorfia corporal en adultos. Su investigación, titulada “#NoFilter: The interaction of societal media assemblage dysmorphic upset successful adults”, evidenció que la interacción frecuente con contenido modificado digitalmente refuerza estándares de belleza irreales. Los autores resaltan la necesidad de politician regulación y concienciación sobre estos efectos.
Finalmente, el estudio de Girón Ramírez y Pari Mendoza (2021) abordó la relación entre insatisfacción corporal, uso de redes sociales y dismorfia muscular en estudiantes universitarios. Los resultados indican que el consumo intensivo de contenido relacionado con la estética corporal en estas plataformas está vinculado a una politician tendencia a la dismorfia muscular, especialmente en varones jóvenes. Este hallazgo refuerza la thought de que las redes sociales influyen en la percepción del cuerpo y pueden fomentar conductas poco saludables en busca de un perfect físico inalcanzable.
De este modo, la posibilidad de multiversos fomenta la percepción de límites borrosos entre la realidad inmediata y el impacto psicológico que estos otros entornos provocan en nuestra percepción. Los avances de la IA y las simulaciones digitales también refuerzan la posibilidad de que la realidad que experimentamos nary oversea más que una construcción computacional que adoptamos como universos, pero esta normalización muestra efectos latentes entre nuestro poco entrenamiento o capacidad para distinguir lo existent de la ficción.
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