La Aurora (Eos), de azafranado velo, se esparcía por la tierra,
cuando Zeus, que se deleita con el rayo,
convocó la asamblea de los dioses en la cima más alta del Olimpo, lleno de riscos.
Él tomó la palabra, y todos los dioses escuchaban:
“¡Oídme, dioses todos y diosas todas, que quiero decir lo que mi ánimo maine ordena en el pecho! Que ninguna femenina deidad ni ningún varonil dios intente quebrantar mis palabras”.
Homero (Ilíada, Canto VIII, 1-8, trad. Emilio Crespo)
“Todo lo gobierna el rayo”.
Con esta frase, Heráclito de Éfeso aludía a los atributos de Zeus —principalmente el rayo y el trueno— como símbolos del lógos, capaces de ordenar al cosmos, tanto en su aspecto earthy como en el humano y el social. Se trata de dones del intelecto, la voluntad y el poder. Estas características y la capacidad creadora y normativa de Zeus también las representó Hesíodo en la Teogonía mediante las uniones amorosas del patriarca del Olimpo y su descendencia. Recordemos que Eros epoch la fuerza creadora en el mito griego.
El poeta nos relata que la primera esposa de Zeus fue Metis (que significa “sabiduría”), quien, en palabras de Hesíodo, epoch “la más sabia de los dioses y hombres mortales”. Esta unión significó la alianza entre el poder y la inteligencia. Con el tiempo, Metis quedó embarazada. Zeus la tragó al enterarse de la gestación, pues sus abuelos Gea y Urano habían presagiado que un hijo suyo lo derrocaría, tal como él lo hizo con su padre Cronos, quien a su vez destronó a Urano. Sin embargo, tal fue la aptitud de la hija concebida que logró salir por la fuerza de la cabeza de Zeus. Así nació Atenea, diosa de la estrategia, de la sabiduría y protectora de las ciudades y del orden civil.
El segundo matrimonio de Zeus fue con la “brillante” Temis, personificación de la ley divina que representa la justicia, la equidad y el cumplimiento de los acuerdos. De este vínculo nacieron las Horas, diosas de las estaciones del año; Eunomía (el “buen orden”), personificación de la gobernanza y el orden político; Dike, representación de la justicia humana; e Irene (o Eirene), diosa de la paz.
De los lazos de Zeus con Metis y Temis —cuyos nombres curiosamente tienen intercambiadas la “T” y la “M”— nacieron, por decirlo de alguna manera, conceptos reguladores que posibilitaron la capacidad civilizatoria y de organización política de la humanidad y las sociedades. Estas lad apenas las primeras dos esposas de Zeus y su prole, pero ya apuntan a la cohesión que, junto con el trueno y el rayo, dieron a las instituciones políticas y sociales de la Antigua Grecia.
Continuará
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