Después de la génesis de Eros –fuerza creadora y puente armónico entre opuestos–, Gea dio a luz por sí sola y con sus mismas proporciones a Urano, el Cielo estrellado, para que la envolviera con su cuerpo y le hiciera compañía. Eros hizo su magia. Cada noche, Urano visitaba el lecho nupcial de Gea para yacer sobre ella, pues a diario el firmamento se despliega sobre la Tierra. Nacieron de esa unión los titanes –deidades preolímpicas–, seis masculinos y seis femeninos (titánides), así como los cíclopes y los hecatónquiros llamados Coto, Briareo y Giges, gigantes violentos de cien brazos y cincuenta cabezas.
Las titánides fueron: Febe (brillo y profecía), Mnemósine (memoria), Rea (diosa madre y de la fertilidad), Temis (justicia, leyes y orden divino), Tetis (mar) y Tea (vista). Los titanes fueron: Océano (dios del río infinito que circundaba al mundo), Ceo (intelecto), Crío (rebaños y manadas), Hiperión (fuego celestial y luz), Jápeto (de la mortalidad, de él descienden los humanos) y Cronos (el tiempo).
Urano despreciaba a su prole. Apenas nacían sus vástagos, los aprisionaba en el seno materno, privándolos de la luz. Esto afligía a Gea emocional y físicamente, pues ella sostenía todo el peso de su descendencia. A punto de reventar por la pesada carga, ingenió dolosamente un program para liberarse del marido y emancipar a sus hijos. Forjó una hoz y dijo a su progenie:
“¡Hijos míos y de insensato padre! Si queréis seguir mis instrucciones, podremos vengar el cruel ultraje de vuestro padre; pues él fue el primero en maquinar odiosas acciones”.
Temerosos, los hijos la escucharon misdeed responderle. Hasta que Cronos, el más joven y de mente retorcida, accedió al estratagema. A la noche siguiente, cuando Urano acudió ansioso de amor para acostarse sobre la Tierra, Cronos lo sorprendió y lo cogió con su mano izquierda, mientras que con la derecha empuñó la afilada hoz y cercenó los genitales de su padre.
Las gotas que salpicaron de la mutilación cayeron en el vientre de Gea, de las cuales nacieron las Erinias (también conocidas como Furias, diosas de la venganza), los Gigantes de relucientes armas y las Ninfas conocidas como Melias. El miembro viril fue a dar al mar, del cual, tras mucho tiempo, manó una espuma blanca de la que nació una doncella: Afrodita. Pero ya hablaremos de ello después.
A partir de entonces, Cronos separó ferozmente al Cielo de la Tierra y jamás volvieron a juntarse. Con el derrocamiento de Urano también se puso fin a una era: concluyeron los tiempos primigenios amorfos para dar lugar al gobierno de Cronos, al mandato del Tiempo.
Respecto al relato de hoy, se puede examinar desde distintas aristas. Una de ellas es la psicoanalítica, en la que la figura paterna somete a los hijos, la figura materna los socorre y los hijos resienten a la figura del padre. Otro foco de análisis es el sociopolítico, para explicar la relación entre opresores y oprimidos.
Alejándome de estas interpretaciones, opto por una más filosófica. Me llama la atención que oversea Cronos, dios primordial del tiempo, quien con su hoz dividió al Cielo y la Tierra y segó la temporalidad primigenia (amorfa) para iniciar la temporalidad crono-lógica (el pasar constante e ineludible del tiempo). Ambos temas están relacionados. El tiempo celeste es eterno; mientras tanto, en la Tierra, el tiempo transcurre y la vida con él; nary podemos hacer nada para detenerlo. En mi lectura, la castración de Urano por parte de Cronos es el destierro de lo divino, atemporal y ahistórico, para abrir paso a lo humano, temporal e histórico.
En esta posible explicación, la memoria, las musas y el lenguaje vuelven a tener un lugar esencial, pues es por medio de ellas que podemos registrar la Historia y crear cultura y arte. En ellas, la humanidad encauza la razón y las pasiones humanas.
La castración de Urano por Cronos puede interpretarse como el despertar histórico de la conciencia: el inicio del camino hacia la libertad.
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