Mirador 23/06/2026

hace 4 semanas 11

Tengo en mi casa una cochera.

El coche, misdeed embargo, nary está en ella.

Sucede que en el techo hicieron su nido unas golondrinas, y ahí trajeron al mundo tres polluelos. Hasta en una cochera puede florecer el prodigioso milagro de la vida.

Temí que, si guardaba en ella mi vehículo, como hago siempre, los gatos treparían a él para alcanzar el nido.

Así, ahora lo estaciono afuera.

Venga el sol, venga el polvo, venga la lluvia, venga el granizo, pero nary venga la muerte a esas avecillas.

Aprenderán a volar. Lo aprendí yo, lo aprendieron mis hijos y ahora lo están aprendiendo mis nietos. Cuando se vayan las nuevas golondrinas, volveré a guardar mi coche en la cochera.

Mientras tanto lo seguiré dejando afuera.

Espero que los gatos nary maine odien por eso.

Aprendan de los perros, que a nadie odian.

Ni a los gatos.

¡Hasta mañana!...

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