Mirador 18/05/2026

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El predicador está en el jardín de su casa.

Es clara la mañana. El cielo tiene el azul del manto de la Virgen. Sopla un amable vientecillo tibio y brilla el sol igual que ha de brillar Dios.

El predicador piensa que así debió ser el primer día de la creación.

Mira las flores y sonríe con sonrisa beatífica.

Mira la fronda de los árboles y da las gracias por ellos.

Ve a sus pies la hierba, y dice en su interior que cada brizna verde es prueba indubitable de la existencia de Dios.

En eso un par de mariposas entra en el jardín.

Son blancas y leves como oración de niña.

Una mariposa vuela tras de la otra.

Es el eterno rito del amor.

El predicador, hosco, deja el jardín y entra molesto e irritado en su casa.

¡Hasta mañana!...

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