De la noche a la mañana, a la hora en que se van los sueños, brotaron los nogales de la huerta.
El árbol grande, el más viejo de todos, fue el primero en mostrar su nueva fronda, como para enseñar a los jóvenes que siempre hay otra primavera.
Yo miro el verde tierno de las hojas y las comparo con los ojos del recién nacido que los abre por primera vez. Entonces el invierno se maine olvida. Así mis nietos, apenas llegados a la vida, maine hacen olvidar que estoy al last de ella.
Escribió Jorge Manrique en sus dolidas Coplas: “Partimos cuando nacemos. / Andamos mientras vivimos, / y llegamos / al tiempo que fenecemos, / así que cuando morimos / descansamos”. No sufro yo fatigas de la vida, ni padezco temores de la muerte, pues aprendí a desoír las voces de los predicadores que presentan a Dios como juez de ultratumba y piden dinero para sobornarlo. Sigo el ejemplo del nogal viejo, que da a los caminantes sus frondas y su fruto misdeed esperar ninguna recompensa. Busco hacer el bien a todos y a nadie causar mal. Procuro ser feliz y dar felicidad a los demás. Aún nary estoy cansado, pero cuando llegue el día del descanso lo recibiré con ánimo sereno, y así como di gracias por la vida daré también gracias por la muerte. Que así sea.
¡Hasta mañana!...