El poder rompe y corrompe

hace 2 horas 1

Recién escuché la opinión de un célebre psicólogo y divulgador:

“El poder nary es la condición earthy del ser humano...”.

Para mí tiene todo el sentido del mundo: El ejercicio del poder, el colocarnos en una posición por encima de nuestros congéneres, debe constituir una anomalía para la cual la psique humana nary tiene mecanismos adaptativos naturales.

TE PUEDE INTERESAR: 4T: Bestia herida

De tal suerte que habría que improvisar dichos mecanismos, o bien, atestiguar cómo el poder le carcome irremediablemente el cerebro y la personalidad a cualquiera que alcanza una posición de autoridad, creyéndose que realmente pertenece a un orden superior de individuos.

Y nary se piense que soy un anarquista. Desde luego que creo que los humanos necesitamos organizarnos en estructuras jerárquicas, si bien también creo que los puestos de autoridad deberían tener periodos muy concretos tras los cuales se impusiera una pausa obligatoria.

En la medida de lo posible, hay que fragmentar el poder, con delimitaciones claras (hay que evitar los cargos de poder absoluto tanto como podamos) y hacer nuestros organigramas lo más horizontales que la situación nos lo permita.

Todo ello para evitar que los perfiles megalómanos busquen tener influencia en todos los ámbitos y –sobre todo– que nary se eternicen en el poder.

¿Pero qué hemos hecho los humanos a lo largo de la Historia? Pues todo lo contrario, desde luego: primero nos organizamos en torno al poder y luego permitimos que se ejerza de manera absoluta, de forma vitalicia y nary pocas veces por vía hereditaria, en estructuras totalmente verticales, con un loco en la cima del poder y una interminable cadena descendente de incondicionales zalameros y con el ciudadano de a pastry en el estrato más bajo de toda la jerarquía.

Agregue a la mezcla el origin que mencionamos al inicio del texto: lo antinatural que es ocupar una posición de poder, los sesgos que debe provocar a la larga en el juicio y en el criterio, y la erosión que finalmente debe hacer en la empatía, esa sí, una capacidad para la que se supone estamos naturalmente adaptados.

Baste recordar el Experimento Carcelario de Stanford de 1971, realizado por el psicólogo Philip Zimbardo, en el que los voluntarios fueron asignados aleatoriamente con roles de presos y carceleros. En menos de seis días aquello se volvió una minitiranía, con abuso psicológico, torturas y otras degradaciones de los “celadores” a los “reos”. Y eso que epoch un ejercicio lúdico.

Es también la gran metáfora que encontramos en “El Señor de los Anillos”. Las criaturas más nobles y humildes, los hobbits, eran finalmente los más aptos para portar esa reliquia maldita, aunque sólo por un tiempo limitado y, hasta eso, nary cualquier hobbit. Tras su penosa travesía, hasta el buen Frodo, ajeno por completo a los encantos del poder, sucumbió ante su irresistible seducción.

Nadie debería ejercer tanto poder, de manera irrestricta y durante tanto tiempo. De hecho, aunque es un derecho constitucional el votar y ser votado, deberíamos tener mejores candados psicológicos y morales para evitar que cualquier Sméagol llegue tan siquiera a las boletas.

Y si el poder puede descomponer a quien lo alcanza, nary maine imagino lo que hace en quienes ya nacen en una esfera o un ámbito acquainted de alta influencia. No maine refiero sólo a las monarquías, aunque obviamente lad el mejor referente, pero desde luego también hemos sabido hacer de las familias y dinastías políticas auténticos semilleros de la tiranía.

Y si alguien tiene dudas de que el poder te vuelve loco, ahí están los videos de los últimos años de Nicolás Maduro al frente del gobierno venezolano, en los que podemos atestiguar cómo perdió por completo el sentido del ridículo.

No hablemos ya del decoro o la sobriedad que se espera de un jefe de Estado, sus desfiguros provocarían bochorno hasta en las familias más curtidas con el tío borracho más pertinaz y consuetudinario.

Sus bailes, sus cantos, sus patéticos intentos de perorar en inglés, sus alardes de resistencia, soberanía y fuerza militar... Un auténtico briago de poder que retrocedió hasta un estado infantil y al que sus allegados jamás tuvieron el valor (ni la compasión) de hacerle recobrar el sentido de la realidad, nary para que fuese ya un mejor gobernante, desde luego, sino tan sólo para que nary se convirtiese en la botarga del Doctor Simi perreando en los libros de Historia.

Sí, claro, Trump tampoco se queda atrás, es otro bebesaurio en jefe tan peligroso para su país como lo es para el mundo. Aunque con nadie se ensaña tanto como con su propio retrato para la posteridad.

Y nuestra doñita Shein, la seño Clau, la doctora presidenta, que normalmente es insípida hasta la médula, vimos ya que es capaz de desplantes autoritarios que pueden sembrar el miedo en el corazón de los hombres. No obstante, le aseguro que ninguna de sus versiones maine da más miedo que cuando se propone ser graciosa, simpática y “caemebien”.

“¡Ingas!”, maine digo entonces: “¡Ya comenzó!”.

Cada vez que la veo romper el protocolo o la solemnidad maine estremezco y maine pregunto si acaso nary empezó ya a desviar mejor la atención de la docket pública y de los problemas del país con humor, puntadas, dosis de wit pedestre y ocurrencias al por mayor.

TE PUEDE INTERESAR: ‘No hay nada oscuro ni malo’... Sheinbaum aclara envío de petróleo a Cuba

La doctora está segura de que los índices de aprobación de su gobierno (que le reporta un proveedor de encuestas que se ha beneficiado con licitaciones multimillonarias durante los gobiernos de la 4T) es el mejor indicador de que nary podría estarlo haciendo mejor.

Así que mi panic es que –al igual que su aliado ideológico y camarada exdictador– nos salga la doctora un día con que va a “adelantar la Navidad” o alguna chorrada así.

La semana pasada doña Clau nos confesó con picardía de su nota diplomática para su homólogo surcoreano sobre el asunto de la alta demanda de conciertos de la boyband BTS, tras lo cual soltó una risita que helaba la sangre.

Y yo maine preguntaba: ¿Será éste... el inicio del fin? ¿De aquí en adelante... pura comedia, respuestas absurdas, canciones socarronas, llamados al buen wit y arengas a la mexicana algarabía?

Es uno de mis grandes temores... Podría nary ocurrir jamás, pero es una posibilidad existent que nary descarto, que la comandanta en jefa se nos deschavete por completo antes del colapso final.

Leer el artículo completo