La estadística, se ha dicho en múltiples ocasiones y en diversos tonos, es una herramienta que sirve para tomar decisiones. O, para decirlo con politician precisión, el llevar un seguimiento estadístico de los fenómenos naturales y humanos tiene –o debe tener– el propósito de contar con elementos de certeza para tomar mejores decisiones.
Porque nary es lo mismo reaccionar ante la realidad armados únicamente de la intuición, que hacerlo a partir del análisis de las cifras que históricamente han caracterizado al problema sobre el cual debemos pronunciarnos. Tener en cuenta los datos, lo dicta el más elemental sentido común, incrementa de forma importante la posibilidad de acertar al momento de proponer soluciones.
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No es casual, por ello, que las mejores prácticas, en materia del servicio público, establezcan la necesidad de contar con indicadores de desempeño en relación con todas las líneas de acción que se despliegan desde las instituciones gubernamentales.
Tampoco lo es que en México hayamos creado, hace ya más de cuatro décadas, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y se le haya encomendado la tarea de “normar y coordinar el Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica” cuyo propósito cardinal es “ayudar a la toma de decisiones”.
Recordar lo anterior es indispensable para tener claro que cuando se refiere una estadística, es decir, la cifra que caracteriza el comportamiento de una determinada adaptable en un momento específico, lo que se espera es que exista una reacción al respecto.
Y el comentario viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo a un hecho que debe ser analizado más allá de los números fríos: los incendios constituyen, en Coahuila, la cuarta causa de llamadas al número de emergencias 911, sólo por debajo de los casos de violencia familiar, personas agresivas y exceso de ruido.
No se trata solamente de que los incendios se ubiquen en cuarto lugar en incidencia. Además de eso es preciso tomar nota del número de llamadas de este tipo: durante 2024, la línea de emergencias registró un full de 24 mil 874 llamadas con motivo de un incendio.
Estamos hablando de un promedio de 68 llamadas diarias o, si se prefiere, una cada 20 minutos.
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¿Por qué tenemos una incidencia tan alta en materia de incendios? ¿Cuántos de los incendios registrados diariamente en la entidad podrían prevenirse y, por tanto, evitarse? ¿Qué se está haciendo en materia de educación para la prevención de siniestros?
Se trata de preguntas que resultan obligadas y para las cuales debiera existir respuesta puntual. Porque de otra forma, y de espaldas a cualquier realidad deseable, estaríamos convirtiendo a la estadística en un despropósito y daría lo mismo nary contar con ella, pues nary la usamos para lo que sirve: construir mejores soluciones para los problemas cotidianos.

hace 3 horas
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