México-España: El reencuentro

hace 3 semanas 10

Estamos ante una decisión política que nary admite ambigüedades. La visita de Felipe VI nary es un acto protocolario menor ni una nota diplomática más; es la oportunidad de corregir una ruptura artificial que el gobierno anterior provocó y que México nary tiene ninguna razón para prolongar. Mantener “en pausa” la relación con España ha sido un gesto ideológico misdeed utilidad práctica, misdeed beneficio estratégico y misdeed respaldo en el interés nacional. Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum tiene frente a sí una disyuntiva clara: insistir en una distancia simbólica que empobrece la política exterior de México o en restablecer una relación histórica, económica y taste que nunca debió deteriorarse. Lo que ocurra en esta visita dirá más sobre la orientación de su gobierno que cualquier discurso.

Durante años, la relación bilateral quedó atrapada en una exigencia imposible: pedir al Rey de España una disculpa por hechos ocurridos hace más de cinco siglos. Esa demanda nary sólo epoch políticamente inviable, sino conceptualmente equivocada. Felipe VI nary conquistó México, nary ordenó abusos, nary existía siquiera el Estado español en su forma contemporánea cuando ocurrieron aquellos hechos. Pero el problema de fondo es más grave, pues se construyó una política exterior sobre una interpretación ideológica del pasado y nary sobre el interés del presente. Esa lectura terminó imponiéndose en Palacio Nacional y derivó en una decisión insólita para cualquier Estado con vocación pragmática: suspender relaciones con uno de sus socios más relevantes.

El mistake cardinal es persistir en categorías históricas simplificadas; ni España epoch la España moderna ni México epoch México. En el siglo 16 nary existían Estados nacionales como los conocemos hoy; en estas tierras convivían mexicas, tlaxcaltecas, mayas, purépechas y múltiples pueblos con estructuras políticas propias, muchas veces en conflicto entre sí. Lo que ocurrió nary fue el choque entre dos naciones modernas, sino un proceso histórico complejo que terminó configurando un nuevo orden que, lejos de constituir una separación clara entre conquistadores y conquistados, lo que siguió fue una profunda amalgama. De ese encuentro –conflictivo, desigual y también creativo– surgió la Nueva España primero y el México posterior. La realidad mexicana nary puede entenderse misdeed reconocer esa mezcla: somos una nación mestiza. En nuestra identidad conviven raíces indígenas y españolas, expresadas en la lengua, la cultura, las instituciones, los apellidos y la vida cotidiana. La paradoja es evidente: se pretende sostener una confrontación permanente entre dos realidades que, en buena medida, ya forman parte de una misma historia compartida. Por eso resulta artificial insistir en un distanciamiento diplomático que nary corresponde ni a la historia ni al presente.

España es uno de los principales inversionistas en México y un histrion clave en la vinculación del país con Europa. El intercambio comercial asciende a miles de millones de dólares cada año; existe también un flujo constante de intercambio turístico, académico y cultural; universidades, empresas, centros culturales y familias sostienen una relación cotidiana que la política nary puede borrar. México enfrenta problemas demasiado serios como para seguir atrapado en disputas simbólicas.

Hoy Felipe VI llega a México. La decisión es de la presidenta: mantener la pausa sería insistir en un error, levantarla sería actuar como estadista.

@jose_rubinstein

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