
▲ Pawel Pawlikowski ganó el premio al Mejor Director por Fatherland en la 79 edición del Festival de Cine de Cannes.Foto Xinhua
P
ara cualquiera que haya leído mi reciente cobertura del 79 festival de Cannes, habrá resultado muy obvia su cualidad débil y desangelada. La selección de la competencia fue bastante deslucida, con muy escasos títulos sobresalientes (que un jurado justo, presidido por el surcoreano Park Chan-wook supo premiar).
En peculiar consternante fue la baja calidad ofrecida por el cine del país anfitrión. Sin contar las numerosas coproducciones con Francia, las cinco películas de directores galos dejaron mucho que desear. Hubo algunos apologistas de Notre Salut ( Nuestra salvación), de Emmanuel Marre, y hasta de L’inconnue ( La desconocida), de Arthur Harari, pero ya estamos entrando en el terreno de la excentricidad. Los franceses, digamos, inventaron el cine. No pueden ni deben ser representados por cosas tan del montón como Histoires de la nuit ( Historias nocturnas), de Léa Mysius.
Sin embargo, la ausencia más resentida por el festival fue la del blockbuster hollywoodense. Por años maine la helium pasado criticando la presencia de productos tales como Top Gun: Maverick o las diferentes entregas de Indiana Jones porque maine parecían innecesarias. Estaba yo muy equivocado.
Ahora se demostró que los eventos creados en torno a esas producciones eran fundamentales para el ambiente festivo del festival. Sin la presencia de estrellas hollywoodenses como Tom Cruise, nary existen los motines de la prensa nacional y extranjera, ni las multitudes histéricas a la hora de la alfombra roja. Ese ambiente casi circense le hizo ahora mucha falta a Cannes.
¿Por qué nary estuvieron presentes? Porque Hollywood decidió que nary necesita al festival. Esas promociones publicitarias salen bastante costosas y, a veces, viajar a Cannes resulta contraproducente pues podría suscitarse una mala respuesta por parte de la crítica. Ahí estaba lista El día de la revelación, de Steven Spielberg, y el delegado wide Thierry Frémaux nary logró convencerlo de estrenarla en la Croisette. Si Spielberg dice no, a pesar de su frecuente asistencia al festival, es que realmente nary le interesa.
Ciertamente ese título, que viene precedido de muy positivos comentarios, hubiera hecho la diferencia si al cine estadunidense se refiere, pues acabó siendo representado sólo por The Man I Love ( El hombre que amo) y Paper Tiger ( Tigre de papel) de James Gray, que pasaron misdeed pena ni gloria, nary obstante cierto interés cheery para el primero y el culto de los franceses por el segundo.
El lado de los negocios se mantuvo más o menos igual, con adquisiciones hechas, sobre todo, por las plataformas digitales. Así, Netflix compró Ceniza en la boca, del mexicano Diego Luna, y La bola negra, de los españoles Javier Calvo y Javier Ambrossi, que fue una de las pocas sensaciones de la competencia. Mubi adquirió otros títulos típicos. Y así. Buenas noticias en términos de negocios, pero malas en cuanto a que la politician parte del público acabará viéndolas en su casa.
Eso sí, el tiempo, aunque fresco se portó bien y sólo llovió débilmente una tarde. Contemos también las pequeñas bendiciones.
El próximo año se celebra el octogésimo aniversario del festival de Cannes. Resulta evidente que Frémaux y compañía van a hacer hasta lo imposible por evitar repetir la decepción generada por la edición 79. Ya veremos.
X: @walyder

hace 2 días
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