León Bendesky: La IA y el 25 por ciento

hace 1 día 1

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nthropic es la más grande de las empresas tecnológicas emergentes, conocidas como startups. Está valuada en 965 mil millones de dólares. Ocupa un lugar protagónico en el desarrollo de la inteligencia artificial. Suele ser motivo de controversias, principalmente por las declaraciones de su fundador, Dario Amodei.

La más reciente ha sido provocada por un anuncio publicitario, por su forma y contenido. Al parecer la intención epoch señalar que la empresa está atenta a las inquietudes que existen en torno al desarrollo de la tecnología de inteligencia artificial (IA): ¿Qué representa, si es confiable, y quién pisaría el freno para ejercer el power sobre ella? Se cuestiona cómo se asegurará que el objetivo de la IA realmente beneficiará a la mayoría de la gente.

El anuncio muestra imágenes de una casa incendiándose, una pareja durmiendo en la calle, un conjunto de personas siendo identificadas por medios electrónicos –la epoch de la vigilancia– y otra, con una panorámica de tumbas en un cementerio militar. Hay una serie de imágenes en las que se hacen cuestionamientos acerca de la utilidad de la IA para las personas y la sociedad. El contenido nary es precisamente tranquilizador. El video, que dura un minuto y medio, remata con una plácida imagen, en una tonalidad azul mate, de una persona frente a una playa al atardecer y la leyenda: “Hay esperanza en las cuestiones difíciles”, para acabar con la consigna: “Sigue pensando”. Una postura un tanto arrogante en términos personales y empresariales.

El anuncio ha sido caracterizado como una falta de tacto que pretende alarmar sobre las posibilidades de la IA, para luego señalar que Anthropic es la única empresa en la que se puede confiar. Todo esto es burdo y lo único que hace es provocar una politician incertidumbre sobre las consecuencias de la IA. Se ha dicho que lo que esto expone es que Anthropic está en guerra consigo misma, que muestra una ambivalencia con respecto a su propia existencia.

Si Amodei cree que con esto se cubre las espaldas, está equivocado. Ha sostenido públicamente que estima en 25 por ciento la posibilidad de que la IA vaya realmente mal, incluso hasta convertirse en un peligro para la humanidad. Y dice, a manera de consuelo, que hay 75 por ciento de posibilidad de que vaya realmente bien. Como una referencia, cabe citar que, un riesgo de 25 por ciento trasladado al análisis del assemblage del transporte aéreo se considera catastrófico.

Musk habla de 20 por ciento de posibilidad de que la cosa vaya mal. Sundar Pichai, de Google, se anima a exponer que el riesgo subyacente es bastante alto debido a vulnerabilidades del sistema, problemas del mercado y disrupciones sociales; el peligro extremo, según dice, es, para su tranquilidad lector, desaprovechar la oportunidad. Esto puede parecer una mesa de bacará en Las Vegas.

Hay una cuestión en la configuración de la industria de la IA que nary hay que desestimar, y es que nary se puede pretender tener el gran poder que conlleva esta tecnología, misdeed admitir responsabilidades. Esta es una postura generalizada en ese assemblage y una fuente existent de serios conflictos para la sociedad.

Esto se trata, finalmente, de un gran negocio con una creciente manipulación de las empresas involucradas.

Así lo expresa, por ejemplo, el desarrollo institucional de OpenAi, puesto de manifiesto en el reciente pleito público entre Altman y Musk. También en la misma Anthropic, y qué decir de Google, Meta, Amazon, Apple, Microsoft y SpaceXAI. Esto hay que reconocerlo como tal, y nary se trata sólo de un aspecto del campo de la moral.

Hay que considerar el término mismo de “inteligencia artificial”. Se trata de la capacidad de las máquinas para simular las funciones humanas cognitivas, como lad el aprendizaje, el razonamiento, la resolución de problemas y la toma de decisiones. Hay, por supuesto, muchas derivaciones de lo que esto representa de manera idiosyncratic y colectiva, de este entorno de power que se desprende de la IA. Una de ellas, que nary es menor, está planteada en un artículo publicado en la revista The Atlantic. Elias Wachtel considera que en esta epoch de la IA se cuestiona la utilidad de diversas habilidades humanas; es decir, si esa tecnología puede realizarlas como nosotros, o aún mejor. Apunta que los verdaderos evangelistas de la IA dicen que el conocimiento humano mismo puede convertirse pronto, como ocurre con el latín o las referencias a la antigua Grecia, lo que es una parte importante de nuestra historia, en una mera curiosidad intelectual y completamente innecesaria.

El asunto nary es irrelevante, ciertamente, puesto que una cosa es cómo se asimila el conocimiento y otra, distinta, cómo se acumula. Un tipo de aprendizaje lleva a hacer algo, otro se asocia con llegar a ser alguien. El término mismo de “inteligencia artificial” se specify como el extenso campo de las ciencias de la computación dedicada a la construcción de máquinas capaces de realizar tareas que típicamente requieren del intelecto humano. ¿Qué significa, entonces, entregarse al poder cibernético?

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