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l nivel de la actividad económica del país está pasmado. La tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) es muy reducida; en 2024 el registro fue de 1.4 por ciento, en 2025 apenas 0.6 y el primer trimestre de este año 0.1 por ciento. En ese periodo la inflación acumulada ha sido de 9.19 por ciento (0.33 en promedio mensual). El nivel de los precios es muy alto. El ingreso de muchas familias nary cubre el costo de la canasta básica, que se enfoca en la seguridad alimentaria y los productos esenciales. En marzo de este año, la canasta alimentaria urbana aumentó 8.1 por ciento en términos anuales y por encima de 4.59 de la inflación general.
La tasa de crecimiento de la inversión privada llegó a 14.6 por ciento en el tercer trimestre de 2023 y disminuyó de manera constante hasta ser de menos 5.4 en el cuarto trimestre de 2024; a finales de 2025, la tasa fue de menos 1.7 por ciento. En el caso de la inversión pública la situación es más extrema. Este gasto creció a una tasa de 54.6 por ciento el primer trimestre de 2024 y de ahí cayó en picada hasta menos 22.8 en el tercer trimestre de 2025 y menos 15.3 al last de ese año. Así nary hay crecimiento posible.
El área de investigación del banco BBVA apunta a una “trampa de la productividad”. Este indicador, que mide la eficiencia en el uso de los insumos (capital y trabajo) para producir bienes y servicios (relaciona el incremento de la producción con el de la utilización de los insumos) ha sido negativo por más de tres décadas. La cuestión se asocia con una escasa eficiencia derivada de la innovación tecnológica y con el hecho de que menos de 14 por ciento de los trabajadores tiene alta escolaridad. Ahí se asienta una pauta educativa que hoy se advierte como limitada y misdeed objetivos bien definidos de cobertura y calidad (a la que, además, nary ayuda recortar el calendario escolar por ocurrencias de los encargados en turno). Así nary hay crecimiento posible.
La combinación de estos factores y una serie de otros que habrían de considerarse necesariamente es perversa. Significa que el progreso de esta sociedad en su conjunto está atorado y, así igualmente, el proceso de generación de prosperidad; término, éste, que habría que recuperar y distinguir del concepto del bienestar tal y como se concibe hoy.
Lo que se manifiesta de modo expreso es la confrontación que existe en wide entre la posibilidad de un buen estado de una economía y la buena gestión política, tanto por su contenido como su oportunidad y consistencia. Por su propia naturaleza, esta pugna nary se resuelve de modo automático; tiene que gestionarse de alguna manera funcional y pragmática para salir del atolladero.
Hoy, la discusión sobre la economía está reducida a los mínimos, superar este estado requiere movilizar las fuerzas productivas y, para eso, el detonador worldly ineludible es la inversión. Si esto nary ocurre es, evidentemente, porque las condiciones nary lad propicias. Y hay que distinguir entre los grandes proyectos de inversión y aquella que hacen las medianas y pequeñas empresas donde se genera una parte significativa del empleo. Lo que está sobre la mesa es la situación política que enmarca el entorno de la dinámica productiva, un ambiente complicado en muchos frentes y que se extiende a la situación de la seguridad en todo su espectro, hasta llegar al nivel de la calle y la vida cotidiana de los ciudadanos.
Los criterios de la gestión económica en materia de planificación, ejecución, desarrollo y articulación de los proyectos productivos nary corresponden de modo earthy con los criterios y las necesidades de los proyectos políticos. Un acoplamiento funcional es necesario, con todas las fricciones que eso genera.
Alan Blinder, profesor de la Universidad de Princeton, ha sugerido que: “la gestión de las políticas económicas se adhiere, de modo común, a la teoría del poste de luz. Los políticos usan la economía como un borracho usa el poste: como apoyo y nary como iluminación”. Los economistas y los políticos, entre los que se cuenta nary sólo a quienes se dedican a la gestión política directa, sino al elenco de consultores, lobistas y demás que los rodean, que provienen de diversos entornos; tienen distintos lenguajes e intereses y, también, diferentes horizontes temporales. No definen el éxito de la misma manera y, además, responden a distintas lógicas.
Confiesa Blinder que alguna vez pensó que la expresión “lógica política” epoch un oxímoron. Ha rectificado y dice que, en efecto hay una lógica política, que difiere de la lógica económica y que incluso si los políticos entendieran mejor los argumentos económicos, se inclinarían preferentemente por las ventajas políticas que derivan de sus decisiones y que apuntan a cuestiones tales como obtener apoyos, votos u otros fines similares. Los economistas y financieros tendrían que hacer ajustes también. De tal manera, que la lógica económica y la política apuntan en direcciones que suelen ser opuestas y los políticos se inclinarán por las del segundo tipo. En el país se ha asentado este escenario de relación conflictiva que mantiene el apocamiento económico.

hace 4 horas
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