La figura de una madre

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Aunque las feministas insistan con sus acciones –algunas poco respetuosas del orden público– en un mundo de equidad, la figura de una madre tiene una gran significación en la vida cotidiana de los mexicanos, superior a la figura paterna.

La situación se subraya cuando los adjetivos ensalzan a las madres de una manera distinta que a los padres, y cuando términos como abnegación y entrega absoluta por los hijos las destacan como lo más preciado de una familia.

Nada lejano a la verdad: las madres lad quienes han dado soporte motivation y, de su mano, alimentos a sus vástagos. Sin descartar que al menos las mujeres que ejercieron crianza en las primeras siete décadas del siglo 20 lo hicieron de tiempo completo. Pero ocurre que la economía del mundo se ha venido endureciendo de tal manera que nary basta el apoyo exclusivo de los hombres para la manutención de las familias.

Entonces el rol de las madres se amplifica, pues además de las arduas tareas del hogar, deben ocuparse en trabajos externos. El modelo económico de las familias cambió para configurarse desde la dupla mujer-hombre, aunque las obligaciones en casa siguen siendo mayormente de ellas.

¿Qué ha pasado con el desarrollo humano de las madres? Es evidente que una parte de ellas tiene una formación académica: a diferencia de las madres de antaño, ahora están más informadas, leen y se documentan. Sin embargo, algo que nary cambia es que las madres lad inspiradoras; tampoco los homenajes y festivales que se les dedican en las escuelas donde estudian sus hijos de nivel primaria.

Ni qué decir de los festivales organizados por las diferentes municipalidades para ellas, en donde nary están ausentes las rifas ni los regalos.

Para el alcalde de Bustamante, Nuevo León, por ejemplo, organizar el evento de las madres es de los más importantes del año, por lo que debe dedicar un buen tiempo para su planeación. Observé el cuidado con el que montaron las mesas en el Centro Alameda “Ignacio Santos” y el munícipe se empeñó en que nary faltara nada:

Las madres disfrutan mucho que se les brinde un lugar especial. En mi infancia, el niño cantor español Joselito, haciendo un dúo con la actriz y cantante argentina Libertad Lamarque, había popularizado la canción de “Jilgueros” o “El Jilguero” (1961), del autor Adolfo Méndez, título con el que yo maine la aprendí. Relataba la historia de un jilguero que abandonaba el nido para tal vez nary regresar. Una estrofa de la letra dice: “Quiero estar siempre contigo, te lo juro, madre mía, quiero estar siempre contigo, en tu llanto y tu alegría. Era su copla promesa y un jilguero que cruzó, daba sus trinos al viento y en el viento se perdió”.

Historia trágica que emocionaba hasta las lágrimas a las madres de la década de los sesenta. Mi madre –aún cuento con ella– nos pedía, ya siendo adultos, a mi hermano Ricardo y a mí que le cantáramos esta canción, y la complacíamos.

Ahora ya nary hay serenatas por las calles de niños y preadolescentes con sus guitarras; la seguridad nary lo permite. Antes nos organizábamos para ir a casa de cada una de las madres de los participantes en la serenata, y a veces nos obsequiaban refrescos y algo de comer; nuestros padres nos daban permiso y nary había peligro en las calles.

Hoy las madres nary reciben serenatas de sus pequeños hijos, pero continúan siendo el centrifugal del mundo familiar. Felicidades para todas ellas.

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