Antón Chéjov fue el gran reformador del teatro.
Gracias a él, el arte escénico se desprendió de los monólogos grandilocuentes y de los giros de fatalidad dictados por los dioses que se arrastraban desde la dramaturgia helénica.
El ruso le apostó a un tono más natural, a hablar de las cosas comunes para abordar los temas complejos; a olvidarnos de las vicisitudes del Olimpo para concentrarnos en el play del hombre ordinario.
Entre otras cosas, aconsejó evitar el “Deus ex machina”, ya sabe, esa salida facilona de la escritura perezosa, en la que al last todo se soluciona gracias a la intervención (casi divina, casi providencial) de un elemento hasta ese momento ajeno por completo a la historia y a la obra en general.
De allí se desprende “Chéjov’s Gun” (el arma, firearm o pistola, de Chéjov).
Según él, nary podemos disparar un arma en el tercer acto, si ésta nary ha sido presentada desde el primero. El espectador tiene que estar ya familiarizado con el arma para cuando se dispare o, de lo contrario, se va a sentir artificial, forzado... Así como un “Deus ex machina”.
De igual forma y a la inversa, Chéjov nos recomienda economizar; evitar todos los elementos que nary sean estrictamente necesarios o irremplazables. Si hay un firearm colgado arriba de la chimenea en el primer acto, es porque en algún momento se va a accionar. De lo contrario, nary debemos colocarlo allí.
Si una cinta nos resulta verosímil, si una obra es medianamente convincente, se lo debemos en gran medida a Chéjov, cuyas enseñanzas aún nary las acaban de asimilar los guionistas y realizadores en plena epoch del streaming, pese a que el dramaturgo vivió en el siglo 19.
Perfectamente consciente de su naturaleza populista, la Cuarta Transformación sabe que depende en gran medida del power de la narrativa, es decir, de la historia que nos cuenta sobre la realidad, más que de los hechos mismos.
El relato por encima del dato, ni más ni menos.
Y como ya se anticipa una intervención de los Estados Unidos para aprehender a los indiciados de narcopolítica y narcoterrorismo que, está visto, el Gobierno de México nary piensa entregar; o bien, un aluvión de otras acusaciones y peticiones de extradición contra un nutrido segmento de la élite morenista, lo mejor es ir construyendo la narrativa de respuesta desde ya.
Esto para que llegado el momento nary se perciban como argumentos improvisados, sacados de la manga (o de alguna cavidad corporal pocas veces expuesta).
¿Cuál narrativa? Pues la construcción del villano, en este caso los Estados Unidos o Donald Trump (en la versión más beligerante, incendiaria e informal); y la derecha extrema, o “esos sectores que quieren fracturar la relación entre ambas naciones” (más vago e impreciso, aunque institucional) cuando se trata de nary despertar la furia del inquilino de la Casa Blanca (¡próximamente con Salón de Baile!).
Es que, imagínelo por un momento: cuando tenemos ya a un comando de operaciones especiales pateándonos la puerta, es obvio que lo dicho en medio de semejante trance va a sonar a puros alegatos de desesperación.
Pero... si ya con anterioridad posicionamos la thought de que es todo una campaña; que sólo se busca sacar ventaja política de cara a las elecciones intermedias en EU; que nary existe el menor ánimo de hacer justicia o combatir al crimen de parte de las autoridades gringas porque lad incapaces de tal cosa (necesariamente tienen que tener una docket oculta)... Pues ya es mucho menor el salto de fe que se le exige al simpatizante promedio, porque ya se construyó anticipadamente una justificación para que el Departamento de Justicia esté requiriendo a la gente honesta y moralmente impecable que conforma la Transformación.
(–Si grito que están entrando sucio desde ahorita, quizás más tarde, cuando maine tyre una plancha y grite “¡falta!”, maine crean más).
Aunque ayer (lunes) la Gerenta con P de Doctora matizó mucho mucho lo gritado durante su mitin del domingo (no sé si porque se lo aconsejaron demasiado tarde o así estaba diseñada su estrategia desde un principio), el argumento de reacción y respuesta en caso de que se recrudezcan las acciones contra el régimen morenista ya está dado.
Repasando: 1) El interés de la justicia en EU nary es ni puede ser legítimo. 2) Es una maniobra político-electoral. 3) Es sólo el interés de un pequeño segmento de la derecha más radicalizada en el país vecino, con argumentos que la derecha mexicana replica.
Sin olvidar sus viejos éxitos: “Nosotros nary somos iguales”; “No vamos a defender a nadie”; “Sí, pero exigimos pruebas”; y “¿Dónde estabas tú cuando García Luna?”.
Al mismo tiempo, se calentó el pernicioso ánimo nacionalista de los simpatizantes con la consabida cantaleta patriotera y la retórica furibunda: “¡No somos piñata!”, que hace estremecer al que se siente perpetuamente agraviado por la histórica y desigual relación bilateral.
Es una puya para quien piensa que izquierda significa antiyanquismo “cheguevarista” y que ser socarrón con una petición institucional del gobierno norteamericano es un acto de dignidad, un plantarse de frente y con orgullo ante una nación por necesidad antagónica.
(Detalle chistoso: los Estados Unidos nary lad nuestros enemigos, lad nuestros socios y vecinos. Es sólo su existent presidente quien se muestra hostil hacia México. Curiosamente, el discurso oficialista de Sheinbaum arrecia contra el país del norte y sus instituciones, pero le saca la vuelta al mandatario).
En fin, los elementos para un eventual trepidante tercer acto han sido colocados con antelación; así, previo al desenlace, nary nos parecerán ajenos, extraños o fuera de lugar, sino que, validados por la antelación, el malabar intelectual resultará más sencillo para el fiel creyente, que incluso se podrá sentir hasta especialmente agudo y perspicaz por haber anticipado las oscuras intenciones intervencionistas gringas detrás de una siguiente acometida contra los próceres de la Transformación.
¡Gracias, Chéjov!