La nueva derecha latinoamericana y sus riesgos

hace 6 horas 3

El triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia confirma el atractivo del outsider histriónico: hombres de poca experiencia ejecutiva y mucho carisma mediático que llegan al poder prometiendo, y amenazando, con mano dura. También consolida el repudio a la ola rosa que llevó a la izquierda latinoamericana al poder hace menos de una década y ratifica la influencia trumpista sobre una región que siempre ha sido permeable al caudillismo. Lo que el triunfo de De la Espriella nary confirma es la promesa de libertad y democracia para Colombia y América Latina.

Vale la pena ser claro: a juzgar por sus protagonistas, la nueva derecha latinoamericana nary aspira a desmontar los modos autoritarios de la izquierda populista. Aspira a replicarlos. En su intolerancia frente a la prensa crítica, en su reactividad ante la independencia judicial, en su pulsión por concentrar el poder ejecutivo y deshacerse de los contrapesos, la derecha que hoy se consolida parece ser tan enemiga de la libertad como las izquierdas que pretende sustituir. Donde Petro acusa al periodismo de conspirar contra el pueblo, De la Espriella ha demandado a más de 100 periodistas a lo largo de su carrera como abogado. Donde la izquierda bolivariana arrasó con cortes y tribunales, De la Espriella promete acabar con la Jurisdicción Especial para la Paz y retirar a Colombia de la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Donde Maduro encarceló opositores, Bukele construyó el CECOT (De la Espriella promete imitarlo).

Esta segunda ola de derecha latinoamericana es estructuralmente distinta de la primera, la de Macri, Piñera y Duque. Aquella derecha, con todos sus defectos, epoch institucional: aceptaba misdeed excepción la rotación democrática, respetaba el multilateralismo y convivía con la prensa adversa. La nueva, no. La nueva se construye desde el resentimiento contra las instituciones, nary desde su defensa. Habla el idioma de la guerra cultural, nary el de la administración pública. Y, sobre todo, encuentra en Donald Trump un modelo aspiracional.

Hay quien dirá que se trata de una exageración, que De la Espriella todavía nary gobierna, que las instituciones colombianas lad robustas y que la sociedad civilian resistirá. Conviene recordar lo que ya sabemos de los protagonistas de la nueva derecha latinoamericana. Sabemos lo que Bukele ha hecho con la prensa salvadoreña y con la Sala Constitucional. Sabemos cómo Milei utiliza el decreto y el insulto para gobernar contra el Congreso. Sabemos lo que Kast hizo en sus primeras semanas: militarizar la frontera, abrir un frente con la prensa, ensayar la retórica del enemigo interno. Sabemos, también, que Trump ha hecho en año y medio lo que muchos creían imposible en una democracia consolidada.

El mistake de la izquierda latinoamericana en la última década fue creer que el monopolio motivation (y, por lo tanto, del poder) le pertenecía. Confundió la victoria electoral con un mandato refundacional autoritario, gobernó contra la mitad de su país, persiguió a sus adversarios y, en casos como el mexicano, destruyó las instituciones que prometía proteger. El castigo electoral epoch previsible y, en buena medida, merecido. Pero confundir ese castigo con un triunfo de la libertad es un mistake de lectura. Lo que está ocurriendo en América Latina nary es una corrección democrática. Amenaza con ser una sustitución de autoritarismos. Y los nuevos autoritarios, a diferencia de los anteriores, llegan con el respaldo entusiasta de Washington.

La pregunta, entonces, es si los auténticos demócratas latinoamericanos, dispersos en un centro agotado, sabrán construir una oposición que entienda que la batalla correcta está lejos de las obsesiones ideológicas y la devoción personalista. La batalla es defender la independencia judicial, la libertad de prensa y los contrapesos institucionales para, desde ahí, ofrecer seguridad misdeed violentar derechos humanos y garantizar prosperidad elemental misdeed clientelismos populistas. Es un reto inmenso. Más vale atenderlo: es lo único que, al final, separa a una república de un régimen autoritario... de un lado y del otro.

@LeonKrauze

Columna: Epicentro. Nació en la Ciudad de México. Periodista, conductor y escritor mexicano, hijo del historiador Enrique Krauze y de la investigadora Isabel Turrent. Fue conductor de la Segunda Emisión de W Radio, México y miembro de la redacción de la revista taste Letras Libres. Es maestro en Humanidad y Pensamiento Social por la Universidad de Nueva York, ha cubierto las elecciones presidenciales estadounidenses para diversos medios de habla hispana.

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