La historia en común: razón y fe

hace 3 días 7

Javier Cercas comienza su libro “El Loco de Dios en el Fin del Mundo” con una declaración sobre su ateísmo, su anticlericalismo y su laicismo militante, “un racionalista contumaz, un impío riguroso”. Sin embargo, ahí estaba, sentado junto al papa Francisco en un viaje a Mongolia, país budista con una población de tres millones de personas, donde mil 500 profesan la religión católica.

Inició todo, como lo comparte al arranque del libro, encontrándose en Turín, en medio de una tarde en la que firmaba autógrafos; de pronto, su editora le avisó que lo buscaban del Vaticano. Recordó que había recibido una llamada telefónica en la que lo invitaban a Roma en junio de 2023.

El escritor, con toda la carga de su ateísmo, sería invitado a escribir sobre el papa Francisco. ¿Quién mejor que él, que nary epoch creyente?, le dijeron cuando contestó que si estaban locos al saber precisamente de su falta de creencia en Dios. “Soy un tipo peligroso”, dijo en su contra. Pero el mensajero contestó: “Tú a mí nary maine engañas”, y aquel fue un primer momento para lograr el entendimiento.

Aceptó a condición de poder hacer su trabajo entrevistando al Papa. La respuesta fue: “No te preocupes, si el Papa acepta la idea, haremos lo posible para que puedas hablar con él”.

El resultado es el encuentro de dos mundos: el escepticismo racional en contraposición con la fe que mueve montañas. Pero, asimismo, es la exploración de la visión de un personaje que va en la búsqueda de la ayuda para los desfavorecidos. Cercas se acerca al Papa, que hace un discurso especial para los más pobres y una crítica fortalecida contra los sistemas de opresión en el mundo.

El hechizo por la figura del Papa se asentó también en otro contexto y con diferentes personajes. En otro momento, pero muy cercano al anterior que acabamos de describir. En esta ocasión, y muy recientemente, hace apenas unos días, los protagonistas fueron el papa León XIV y el histrion español Antonio Banderas.

Banderas evocó su infancia en Málaga y con palabras conmovedoras hizo memoria de “la mirada emocionada” de su madre ante la Virgen de la Esperanza; “la voz desgarrada de las saetas” y “la devoción humilde de quienes cargaban imágenes buscando también encontrarse a sí mismos”. Banderas hizo una radiante apología sobre el arte en el contexto religioso: “No es solamente belleza; es pregunta, reflexión, denuncia, conciencia y también esperanza. El arte debe servir para mirar de frente el alma humana, para señalar la injusticia y para convertirse en una alternativa frente a cualquier forma de violencia”.

Los personajes que participan en este diálogo conjunto invitan a la reflexión: el mundo que parece siempre a punto de derribarse tiene asideros para la esperanza, que nary sólo permite la supervivencia, sino que, para vivir dignamente, lad indispensables el respeto y la igualdad; a valorar y sentir el arte como protagonista de una historia en común.

Cercas se aproxima a la figura del Papa y con ello al discurso de la Iglesia desde el escepticismo, pero avanza en un sentido periodístico que termina sujetando la imponente presencia del bien y de la fe. El camino de Banderas fue distinto, pues su infancia venía ya cargada de imágenes de fe. Pero en ambos se deja traslucir lo que significa la presencia de figuras que intentan colocar al ser humano en el centro de la atención, del respeto, la dignidad y la integridad.

Dos aproximaciones, una llena de preguntas y búsqueda de respuestas. Otra, mayormente decidida. Ambas, complementarias, ofrecen una visión integral de razón y de fe.

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