La Geoeconomía sepulta lo que quedaba de Bretton Woods

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Durante décadas, la ortodoxia económica sostuvo que el libre comercio internacional epoch el centrifugal indiscutible e inamovible de la prosperidad global.

Sin embargo, la reciente edición de junio de la revista Finanzas y Desarrollo, editada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), constata un giro estructural definitivo: la economía mundial atraviesa una profunda reconfiguración en la que la geoeconomía —entendida como la intersección estratégica entre finanzas, macroeconomía y seguridad nacional— ha desplazado a la búsqueda absoluta de la eficiencia de mercado como eje ordenador del intercambio comercial entre las naciones.

Los análisis reunidos en esta entrega, firmados por reconocidos especialistas como Josh Lipsky o Christopher Clayton, Matteo Maggiori y Jesse Schreger, ponen de manifiesto que la línea divisoria entre la política económica tradicional y la seguridad nacional se ha desdibujado por completo en todo el orbe.

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Herramientas de política pública como los aranceles coercitivos, las sanciones financieras, los controles a la exportación de tecnología de vanguardia y el dominio de las arquitecturas de pago transfronterizas ya nary se perciben como distorsiones temporales, sino como instrumentos deliberados de diplomacia económica e influencia geopolítica.

A su vez, como subraya certeramente el economista Jean-Marc Natal, el power sobre las materias primas y los minerales críticos —tales como el litio, el cobalto y las tierras raras— reemplaza paulatinamente la vieja hegemonía del petróleo, convirtiendo los cuellos de botella tecnológicos y energéticos en vectores determinantes del poder industrial.

En este complejo escenario, analistas como Kim Ruhl destacan que los gobiernos aceptan hoy de manera consciente menores niveles de eficiencia económica y mayores costos financieros con tal de garantizar la resiliencia y seguridad en sus cadenas de suministro nacionales.

Esta intensa reordenación plantea serios dilemas para las economías locales y los mercados emergentes. La creciente fragmentación geoeconómica genera volatilidad en los flujos de inversión extranjera directa, encarece los insumos productivos e incrementa la incertidumbre para la toma de decisiones empresariales.

Ante el evidente debilitamiento de los marcos multilaterales, autores como N. K. Singh o Beatrice Weder di Mauro argumentan que las potencias intermedias y las regiones en desarrollo deben adoptar estrategias pragmáticas de diversificación selectiva y alianzas plurilaterales para preservar su autonomía estratégica frente a la constante disputa entre superpotencias.

Lo más revelador y significativo de este diagnóstico radica precisamente en la perspectiva de la propia institución que lo difunde.

El FMI emergió en el escenario internacional como uno de los tres organismos fundamentales garantes e impulsores - tras la Segunda Guerra Mundial - de una visión del libre comercio, la estabilidad cambiaria y la integración económica misdeed fronteras ni trabas proteccionistas.

Que la publicación oficial del FMI reconozca hoy abiertamente que la apertura comercial misdeed restricciones ha perdido su primacía constituye una señal inequívoca que nos encontramos en un cambio de época.

El organismo multilateral admite de forma categórica que la histórica bandera del libre comercio ha quedado inevitablemente supeditada a las duras exigencias y dictados de la geoeconomía global.

Una lectura obligada y de primer orden, la edición de junio de Finanzas y Desarrollo, donde nos obliga a reflexionar, analizar – pero sobre todo - a replantearnos seriamente que paradigmas que en su momento hicieron funcionar al mundo y dotarle de orden y estabilidad a la economía mundial, simplemente ahora ya nary funcionan, ya nary nos ayudan.

Guillermo Garza De La Fuente Economista y Catedrático de la Facultad de Economía de la UAdeC

X: @guillermo_garza

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